En Neomundo, una instalación de espuma invita al público a sumergirse en una experiencia artística que, detrás de su apariencia lúdica, busca llamar la atención sobre la contaminación de ríos y fuentes hídricas en territorios como Soacha y Bucaramanga.

Publicado por: Redacción Área Metropolitana
Una gran masa de espuma puede parecer, a primera vista, una invitación al juego. El público puede acercarse, tocarla, atravesarla e incluso sumergirse parcialmente en ella. Sin embargo, detrás de esa experiencia hay una realidad mucho menos amable: la contaminación de ríos, quebradas, humedales y nacimientos de agua que termina llegando hasta las viviendas de algunas comunidades.
Esa contradicción está en el centro de ‘Villa Esperanza’, una propuesta artística que nació en el marco de ARTEFACTUM, Laboratorio de Cocreación Artística: Manifestaciones Efímeras en Espacio Público, como parte de los procesos de creación promovidos por el Instituto Distrital de las Artes, IDARTES.
De acuerdo con Valentina Colorado, una de las artistas que participa en el proyecto durante el laboratorio los artistas comenzaron a preguntarse por problemáticas ambientales que, aunque afectan a amplios sectores de la población, suelen hacerse más visibles en territorios periféricos.
“Comenzamos a hablar un poco de esas problemáticas que nos atraviesan a todos, como el extractivismo, la contaminación y, sobre todo, lo que sucede en zonas que mantenemos aisladas o alejadas”, explica la artista, quien además, señaló que estás investigaciones nacen del colectivo ARTEFACTUM, Laboratorio de Manifestaciones Efímeras en Espacio Público.
El nombre de la obra proviene de Villa Esperanza, un sector de Soacha en el que la contaminación del agua se ha convertido en parte del paisaje cotidiano. Según relata Colorado, diferentes sustancias presentes en las aguas residuales y otros contaminantes generan acumulaciones de espuma que, por efecto del viento y la lluvia, pueden desplazarse hasta las zonas habitadas.
“La espuma se moviliza y termina directamente en el barrio. Llega frente a las casas de las personas; la gente tiene que atravesarla, limpiarla y convivir con ella”, señala.

De un problema ambiental a una experiencia artística
A partir de estas imágenes, alrededor de 20 artistas comenzaron a pensar cómo trasladar esa problemática al lenguaje artístico.
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El resultado fue una instalación que reproduce grandes cantidades de espuma mediante una máquina y que sus creadores definen como una “instalación blanda” o “escultura blanda”.
La intención es que el espectador no permanezca únicamente observando la obra desde afuera, sino que pueda ingresar en ella.
“Queríamos que fuera inmersiva, que la gente pudiera adentrarse, jugar y tener un poco de la dimensión de cómo funciona esta espuma en la vida real”, explica Colorado.
La instalación se complementa con videos e imágenes de los territorios afectados por la contaminación. De esta manera, el carácter aparentemente lúdico de la espuma entra en contraste con los registros de las comunidades que deben convivir con ella.
“Es un llamado a la conciencia sobre todo lo que puede hacer la contaminación en las aguas, traído de una forma artística e inmersiva para que todo el mundo pueda ser parte de la reflexión”, agrega la artista.

Una problemática que también toca a Bucaramanga
Aunque la obra parte de una situación localizada en Soacha, sus creadores insisten en que el problema no pertenece exclusivamente a este territorio.
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Durante su paso por Bucaramanga, Colorado encontró elementos que permiten conectar la propuesta con las discusiones ambientales de Santander. Uno de ellos es el Río de Oro, receptor de vertimientos domésticos e industriales y objeto, desde hace años, de alertas relacionadas con la calidad de sus aguas.
La artista cuenta que, al investigar sobre el río para contextualizar la presentación de la obra en la ciudad, el colectivo encontró información sobre sus altos niveles de contaminación. Incluso, durante su llegada a Bucaramanga observaron espuma en una corriente de agua cercana a la Terminal de Transportes, una imagen que inmediatamente relacionaron con el origen de ‘Villa Esperanza’.
Para Colorado, esa coincidencia demuestra que la obra no pretende hablar únicamente de un barrio.
“No es solo una problemática de Soacha. Es algo que atraviesa muchos lugares y es un llamado a la conciencia sobre el cuidado del agua. En algunos sitios se ve de una manera mucho más fuerte, como en Villa Esperanza, donde la espuma llega hasta las casas, pero la contaminación está presente en muchos territorios, incluido Bucaramanga”, sostiene.
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La propuesta busca, precisamente, hacer visible aquello que muchas veces permanece lejos de la mirada cotidiana. Convertir una sustancia asociada inicialmente con el juego en una experiencia incómoda cuando el público descubre de dónde proviene la imagen que está reproduciendo la instalación.
Para sus creadores, el arte se convierte así en una herramienta para acercar al público a una realidad ambiental y generar preguntas sobre la relación de las ciudades con sus fuentes hídricas.
“Lo que intentamos hacer es visibilizar esta problemática para que, más adelante, esa conciencia pueda generar un cambio”, concluye Colorado.
‘Villa Esperanza’ surge en el marco de ARTEFACTUM, Laboratorio de Cocreación Artística: Manifestaciones Efímeras en Espacio Público, proceso de creación colectiva vinculado a IDARTES y desarrollado con la participación de artistas que reflexionan sobre territorio, medioambiente y espacio público.















