Al menos los $ 15 mil millones que se invirtieron en las ciclorrutas de Bucaramanga, de manera literal, se perdieron.

Al menos en el papel, Bucaramanga y su área metropolitana apostaron hace seis años por una movilidad más limpia, más segura y más humana. La Estrategia de la Bicicleta, firmada en 2018 mediante un acuerdo metropolitano, prometía transformar la manera en que los ciudadanos se movilizan. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de ese compromiso: en Bucaramanga no se ha construido ni un solo kilómetro de ciclorruta nueva en los últimos cuatro años.
Y peor aún: las pocas rutas exclusivas que existen —las cuales, solo en Bucaramanga, han requerido una inversión de $15 mil millones— están abandonadas y deterioradas. Las ciclorrutas, que deberían ser espacios seguros para los biciusuarios, son ahora territorio de todo, menos de ciclistas. Vendedores ambulantes, vehículos mal estacionados, motociclistas que las usan como atajos y montones de basura han convertido estas vías en zonas de riesgo y olvido.

Cabe recordar que hace dos años fue removido, durante la noche del lunes 17 de abril, el tramo de cicloinfraestructura de la calle 55, entre las carreras 17 y 21, por habitantes de la zona.

En el centro de Bucaramanga, específicamente el segmento de ciclorruta de 1,97 kilómetros que va por la calle 33, entre las carreras 11 y 27 —hoy convertido en uno de los corredores con mayor congestión vial, especialmente en el sector aledaño a la Plaza de Mercado—, los comerciantes formales instan al Municipio a modificar dicho trayecto. Incluso, tal como ocurrió con el proceso que terminó en la demolición del tramo de la calle 55, el comercio formal interpuso una demanda bajo el argumento de que en esta intervención no se respetaron los derechos colectivos de los dueños de negocios en la zona.
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Mientras la actual administración local habla de “promover la movilidad sostenible”, en paralelo estudia llevar a los estrados judiciales la eliminación parcial de varias de estas rutas. La justificación: no desaparecerlas, sino “reubicarlas” hacia zonas alternas. Pero esto, para muchos colectivos ciudadanos, no es más que un eufemismo para desmontar lo poco que se ha logrado.
La situación no mejora en los municipios vecinos de la capital santandereana. Floridablanca, Girón y Piedecuesta, aunque han hecho algunos esfuerzos, no suman juntos más del 22 % de la infraestructura de ciclorrutas del área metropolitana. La apuesta por la bicicleta, una alternativa clave en tiempos de crisis ambiental y congestión vial, parece haberse quedado sin pedal.















