Estudiantes, egresados, padres de familia y aliados hicieron realidad la primera etapa de una iniciativa que busca devolverle vida a uno de los espacios más emblemáticos de la educación en Bucaramanga: el Tecnológico. Hoy, 12 aulas renovadas son el testimonio de una comunidad que decidió reencontrarse con sus raíces.

Aunque pasen los años, aunque los estudiantes se conviertan en profesionales y los patios dejen de ser el escenario cotidiano de sus días, en el Tecnológico algo permanece intacto en la memoria: el sonido de los pasos por los corredores, las voces que llenaban los salones y aquella sensación de estar en un lugar donde comenzaban a tomar forma los sueños.
¡En efecto! En el histórico Edificio Central del Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata, conocido cariñosamente como el Tecnológico, esa memoria encontró una nueva manera de hacerse visible. Las paredes de doce aulas volvieron a recibir pintura, color y esperanza gracias a la brigada ‘Repintando Sueños’, una jornada que reunió el pasado sábado 10 de octubre a estudiantes, egresados, padres de familia, docentes, directivos y amigos aliados alrededor de un propósito común: devolverle parte de su esplendor al lugar donde tantas historias comenzaron.

La brigada ya pasó. Las brochas descansan, las jornadas de trabajo quedaron atrás y quienes participaron regresaron a sus actividades habituales. Pero hoy, al contemplar las aulas renovadas, permanece la huella de aquel esfuerzo colectivo.

Cada pared pintada recuerda que el cariño por una institución puede sobrevivir al paso del tiempo y convocar, incluso décadas después, a quienes alguna vez encontraron entre sus muros el camino hacia su futuro.
Un sueño que comenzó hace tres años

La historia de ‘Repintando Sueños’ empezó hace tres años. Y es que al contemplar la majestuosidad del Edificio Central, surgió entre los egresados la idea de recuperar el esplendor de esta construcción histórica y devolverle al colegio algo de todo lo que les había ofrecido.
Para los integrantes de la Asociación de Egresados ASETDAZA, cuya creación impulsaron en 1987, el edificio no es solamente un conjunto de ladrillos, columnas y corredores. Es el hogar que los recibió durante sus años de formación, el lugar donde aprendieron la disciplina, descubrieron sus capacidades y adquirieron herramientas para construir su vida profesional.

Para Sergio Oswaldo Cajías, fundador y director ejecutivo de Asetdaza, “la recuperación de las doce aulas represente mucho más que una intervención física. Es una manera de agradecer, de reencontrarse y de tender un puente entre las generaciones que hicieron historia en el Tecnológico y aquellas que hoy recorren sus pasillos”.
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Según recordó, “el patio y los salones del Edificio Central guardan recuerdos que trascienden la experiencia individual de sus estudiantes. En 1943, este espacio albergó los primeros anhelos de la educación técnica de la región. Cinco años después, en 1948, fue también escenario de las primeras clases de la Universidad Industrial de Santander”.
“Por eso, recuperar sus aulas significa intervenir un espacio que hace parte de la memoria educativa de Bucaramanga y de varias generaciones que encontraron en la formación académica una oportunidad para transformar sus vidas”, agregó Cajías.

El conjunto arquitectónico, diseñado por Ernst Blumenthal, es también objeto de esfuerzos encaminados a lograr su declaración oficial como Bien de Interés Cultural, una iniciativa liderada por el egresado Juan Carlos Moreno.
Así, mientras las paredes recuperan su color, avanza también una tarea más profunda: proteger el patrimonio, reconocer el valor de la arquitectura y evitar que el paso de los años borre las huellas de una historia compartida.
Brochas en manos jóvenes, memoria en el corazón

Uno de los recuerdos más significativos de la brigada fue la participación de los estudiantes y sus familias. Padres e hijos compartieron la jornada, se sumaron a las labores de pintura y comprendieron que cuidar el colegio también es una forma de construir comunidad.
En esa escena sencilla -una brocha, una pared y varias manos dispuestas a colaborar- se resume buena parte del sentido de ‘Repintando Sueños’. Los estudiantes no fueron espectadores de la transformación de sus aulas: hicieron parte de ella.
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Su participación dejó una enseñanza que difícilmente cabe en un tablero. El sentido de pertenencia también se aprende con el ejemplo, cuando se comprende que los espacios comunes merecen cuidado y que las buenas causas crecen cuando cada persona aporta algo de sí misma.

La iniciativa contó, además, con el respaldo de docentes, directivos, compañeros egresados y amigos aliados que se sumaron a la organización y al desarrollo de la jornada.
- La Fundación Pintuco, con la coordinación de Milena Restrepo, donó la pintura necesaria para la actividad. Jhon Franklin Jaimes y Orlando Gómez, integrantes de la Junta Directiva de ASETDAZA, apoyaron la organización operativa durante los quince días previos. También se vincularon el Centro Ferretero CDT, la Sociedad Colombiana de Arquitectos, SIKA Center La Embajada, el Colectivo de Estudiantes de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás, la Universidad Industrial de Santander, la Alcaldía de Bucaramanga y Vanguardia.
A este esfuerzo se sumaron egresados que contribuyeron a financiar el almuerzo ofrecido a los participantes, un gesto que prolongó la jornada más allá del trabajo y permitió compartir, alrededor de la mesa, la satisfacción de haber cumplido una meta común.
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Cada aporte, desde la donación de materiales hasta el trabajo de quienes tomaron una brocha, hizo parte de una misma convicción: el Tecnológico merece seguir siendo un lugar digno, inspirador y acogedor para quienes hoy se forman en sus aulas.
El comienzo de una nueva etapa

Las doce aulas recuperadas representan la primera fase de un proyecto que mira hacia adelante. La intención de ASETDAZA es continuar con una segunda etapa en 2027, en la que se contempla intervenir las fachadas internas y externas del edificio, así como impulsar la actualización del cableado eléctrico con el apoyo de egresados empresarios del sector eléctrico.
El propósito es que la recuperación no se limite a una jornada de pintura, sino que se convierta en un proceso sostenido de conservación y mejoramiento de la infraestructura histórica.
Por ahora, las aulas renovadas hablan por sí solas. Sus paredes son el resultado de una iniciativa que logró reunir distintas generaciones alrededor de un mismo sentimiento y que recuerda que el vínculo con una institución educativa no termina el día de la graduación.
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A veces, regresar significa volver a caminar por los corredores de la infancia. Otras veces, significa encontrar una manera de retribuir lo aprendido y dejar algo bueno para quienes vienen detrás. En el Tecnológico, ambas cosas sucedieron al mismo tiempo.

Hoy, cuando los estudiantes ocupan nuevamente sus aulas renovadas, el color de las paredes acompaña una historia que viene de lejos y que todavía tiene mucho por contar. Porque ‘Repintando Sueños’ no solo devolvió el brillo a doce salones. También recordó que, cuando una comunidad se reúne alrededor de su memoria, el pasado deja de ser únicamente nostalgia y se convierte en una responsabilidad con el mañana. Y en ese futuro están los estudiantes: la razón de ser del colegio y quienes, entre estas paredes renovadas, comenzarán a escribir sus propias historias.

















