jueves 01 de agosto de 2019 - 3:10 PM

La historia del ‘señor de los perros’ que recorre las calles de Piedecuesta

Esta es la historia de un hombre que no tiene casa, pero sí un hogar. Para él, su familia son sus animales, no importa si el sitio donde deba dormir esté hecho de tablas y plásticos.

Su nombre es Luis Martín Pinto, tiene 54 años y se dedica a andar por las calles de Piedecuesta para encontrar la forma de que las mascotas que ha rescatado tengan una mejor condición de vida.

Busca trabajo en lo que le salga. Así como aprendió a ‘silvar’ para localizar a sus perros, algo sencillo para muchos, pero que para él siempre fue un calvario, también aprendió a ‘medirsele’ a lo que fuera para tener recursos y velar por sí mismo y sus animales.

“Yo trabajo en lo que sea, en jardinería, vendo abono, tapo goteras. Todo lo que puedo hacer lo hago por ellos. Hace unos días hice algo de jardinería y me pagaron con un bulto de alimento y me sentí tan bien”, dice mientras se le quiebra la voz.

Sus animales, la familia que escogió

Martín, por situaciones de la vida, hace mucho se separó de su esposa. Sus tres hijos ya son grandes y tienen sus propias familias. Cuando empezó a deambular por las calles, se dio cuenta que al menos él podía hablar, pedir y trabajar, pero los animales no. Estos seres indefensos, se encontraban en su misma posición, eran rechazados y no tenían un hogar.

Al imaginar sus destinos y lo que les podía pasar, decidió ser ese ‘alguien’ que los ayudara. Aunque no tenía muchas cosas materiales, contaba con lo más importante: amor, interés y fuerza para luchar por ellos y protegerlos.

Es así como nace su particular familia que ha crecido y cambiado con el tiempo, pues como es sabido, la naturaleza decidió darles a los perros una vida muy corta. Aunque son muchos los que dicen que esto sucede porque, a diferencia de nosotros, ellos no necesitan aprender a amar, debido a que ya vienen con esta virtud, para Martín ha significado despedirse una y otra vez

Su compañera más longeva, la que más tiempo lleva a su lado, es ‘La negra’, nombre que le queda perfecto a este cruce de labrador de contextura gruesa, patas gordas y cortas, con una mirada que solo inspira ternura. Hace 8 años fue rescatada y hoy es la ‘cacica’, la líder de la manada que no se despega ni un segundo de su amo y amigo.

Los otros miembros que conforman el grupo son Mateo, Nitram, Canela, Tigre, Luna, Suil y alrededor de 30 gatos que habitan cerca a su ‘cambuche’ en improvisadas camas. Todos ellos han sido esterilizados gracias a su esfuerzo y la ayuda de otras personas como Aminta Espinosa, quien lo conoce desde hace más de 30 años y lo considera su amigo del alma.

Aminta es otra amante de los animales y junto a Martín se ha dedicado a cuidar a tantos como han podido para dignificarlos y darles el valor que se merecen.

Siempre que puede va hasta ‘la casa’ de este hombre y le lleva comida a él y a sus mascotas. También se encarga de conseguir contactos y dinero cuando es necesaria y urgente la intervención de un médico veterinario.

$!Aminta Espinosa es la amiga ‘del alma’ de Martín. Siempre que puede va hasta su ‘casa’ a llevarle comida a él y a sus animales. Foto: Danilo Prada/VANGUARDIA
Aminta Espinosa es la amiga ‘del alma’ de Martín. Siempre que puede va hasta su ‘casa’ a llevarle comida a él y a sus animales. Foto: Danilo Prada/VANGUARDIA

“La persona que no ame a un animal, no puede amar a nadie”, comenta ella.

El proceso para esterilizar a sus ‘amigos' no ha sido fácil, sobre todo con los gatos, que son más ariscos y esquivos. Sin embargo, con dedicación y mucho esfuerzo pudieron lograr que en un año, todos estuvieran castrados.

No se necesita tener mucho para darlo todo

Aminta admira la labor que realiza Martín. Ella le brinda su ayuda porque sabe que a pesar de no tener nada, lo da todo por sus ‘peludos’.

“Yo lo apoyo porque él los quiere mucho. No sé por qué la gente lo molesta y viene a tumbarle todo ¿por qué no le colaboran si es alguien que tiene un corazón bonito, que ama a los animales y no le hace daño a nadie?”, dice.

Y es que, según cuenta Martín, hace aproximadamente 2 meses, unos celadores que vigilan el barrio en donde está su ‘cambuche’ le dañaron todo lo que tenía, lo sacaron del sitio donde estaba instalado y le prendieron fuego a su ‘casita’.

Al recordar ese momento, Martín se llena de tristeza. Su paz y la de sus mascotas se vio alterada esa noche. Fue tratado como un criminal, le pegaron, y se vio obligado a cruzar el río dejando atrás algunos de sus animales mientras los escuchaba llorar.

“Yo me lastimé porque le estaban pegando a mis perros. Me decían que me fuera y yo no entendía. Me preguntaba ¿por qué si no he hecho nada? La policía llegó pero no hicieron gran cosa. Yo tampoco les puse demanda porque me mandaron de un lugar a otro. Mejor dejar así, Dios es es el que sabe”, cuenta.

Sin embargo, su persistencia y amor por sus mascotas es mucho más grande. Como el ave fénix se levantó y de las cenizas reconstruyó su hogar.

“Más de uno me dijo que por qué volvía, pero yo no me rindo. Además, yo limpio, recojo la basura que hay en el monte, en el río y no lastimo a nadie”, añade.

$!Martín junto a Canela, una perrita que fue envenenada y que él rescató y adoptó. Ella hace parte de su ‘manada’ junto a otro 6 perros y aproximadamente 30 gatos. Foto: Danilo Prada/VANGUARDIA
Martín junto a Canela, una perrita que fue envenenada y que él rescató y adoptó. Ella hace parte de su ‘manada’ junto a otro 6 perros y aproximadamente 30 gatos. Foto: Danilo Prada/VANGUARDIA

Por otro lado, asegura que no ha recibido ningún tipo de ayuda por parte de la Administración Municipal ni de fundaciones u organizaciones protectoras de animales. Lo que ha hecho ha sido por su cuenta y de quienes conocen su labor.

En cuanto a su hogar, el terreno es un sitio boscoso húmedo y lleno de sombra. Lo único que se escucha es el ruido de pájaros, insectos y el río que pasa por su lado. El lugar está lleno de desechos y escombros que son arrojados por las personas que viven cerca, pero que Martín ha ido recogiendo y depositando en costales de fibra.

Con el correr del tiempo y debido a estas condiciones, su salud se ha ido debilitando. Cuenta que últimamente se enferma más seguido y su más grande temor es el destino que puedan tener sus animales si algo le llegara a pasar.

“He estado muy malo. Hace unos días los estaba bañando y yo solo los miraba y pensaba en que me iba a morir. Yo cerraba los ojos y cuando los abría, ellos estaban mirándome. Lo único que les dije fue que si yo me moría, ellos qué iban a hacer”, cuenta con tristeza.

Es por esta razón que una de sus hijas, quien vive en Santa Marta, le dijo que se fuera a vivir con ella. Que dejara todo y empezara de nuevo a su lado.

Pero el cariño de este hombre por sus mascotas es tan inmenso, que negó su oferta. Martín dice que no puede irse y dejar a su ‘familia’ a la deriva.

“Yo le dije que no me podía ir porque qué pasaba con los animales. No puedo dejarlos botados. Hemos averiguado para ver una fundación que los reciba a todos, pero es muy difícil. Yo creo que ellos se mueren y yo prefiero morirme con ellos”, expresa.

Es así como este hombre, al que la vida no ha tratado de la mejor forma, pero que lo ha premiado con la más sincera y leal compañía, recorre todos los días las calles de Piedecuesta en busca de ayuda y comida para él y quienes más quiere.

Si es para que sus mascotas estén completamente bien, no escatima en nada, incluso pone en riesgo su vida y su salud. Aquí no hay ninguna recompensa económica, sus ‘peludos’ le agradecen con la mejor y más grande de las retribuciones, el amor.

De esta manera, Martín, a pesar de no poseer nada, le da una lección al mundo acerca de que no se necesita tenerlo todo para dar mucho, y como dice su gran amiga Aminta “si todos tuvieran el corazón que él tiene, este planeta sería un lugar mejor”.

*Por razones de seguridad Vanguardia no hace público el número de Martín, pero si desea ayudarlo puede contactarse al 3188157916

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