El presunto feminicida de Michel Dayana González fue capturado y ya aceptó su responsabilidad en el crimen. Su caso, plagado de truculencia e inhumanidad, es solo el reflejo de un país peligroso para las y los menores de edad.

Publicado por: N.V.
Michel Dayana González tenía 15 años. Durante la noche de velitas fue asesinada y desmembrada, al parecer por un hombre que hacía las veces de celador de un taller cercano a su casa en Cali, donde vivía junto a su familia. El hombre huyó y fue arrestado por la Policía a quinientos kilómetros de distancia del sitio del crimen.
El caso de Michel Dayana podría haber quedado en las mismas sombras en las que permanecen los doce homicidios que diariamente se cometen en el país contra niños, niñas y adolescentes. Pero su familia optó por visibilizar su desdicha, y encontró eco en la prensa y en las redes sociales.
Los ruegos tuvieron efecto. El 11 de diciembre, las autoridades capturaron a Harold Andrey Echeverry Orozco, vigilante del taller Car Center. La Policía señaló a Echeverry como responsable del crimen, cuyas características son las de un feminicidio, el delito que le fue imputado en la tarde de este martes, poco más de veinte horas después de la captura, junto al de hurto agravado. El exmilitar aceptó los cargos.
La penalista Sarah Juanita Campos le dijo a Colprensa que, según circulares de la Fiscalía, el ente acusador tiene la obligación de tratar cualquier muerte de una mujer inicialmente como feminicidio. Así ocurrió, y Echeverry se enfrenta a un proceso que, aunque será más resumido, no podrá traerle beneficios como rebajas de pena.

Lo que sigue es que un juez revise los hechos narrados por la Fiscalía, a ver si pueden corresponder a la descripción de los delitos imputados, y decida cuál es el monto de la pena que finalmente se va a imponer en contra del hombre, que ya se declaró responsable de haber matado a Michel Dayana.
Lo que se conoce sobre el caso hasta ahora, afirmó la abogada Campos, da cuenta de lo que para el Código Penal es “ejercer sobre el cuerpo y la vida de la mujer actos de instrumentalización de género o sexual, o acciones de opresión y dominio sobre sus decisiones vitales y su sexualidad”.
“Entonces, al haber encontrado a esta menor en circunstancias de desmembramiento, creo que se podría hablar de un presunto feminicidio, algo que también es la obligación de la Fiscalía”, agregó Campos al referirse a la información conocida hasta el momento: el cuerpo de la menor fue hallado cruelmente segmentado en el sitio de trabajo de Harold Echeverry.
El taller del presunto feminicida se encuentra en el barrio San Judas, de Cali. Según un video, al parecer, de cámaras de seguridad, la niña fue interceptada frente al establecimiento. Les había dicho a sus padres que no tardaba, que volvería a casa luego del mandado que la enviaron a hacer con un billete de dos mil pesos, pero nunca regresó.
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Los empleados del taller también son investigados. Sobre todo porque, de acuerdo con declaraciones del papá, uno de ellos le dijo que el lugar no tenía cámaras, sin importar los nervios que él y su esposa sentían al no tener señales de la niña. Según la Fiscalía, Echeverry mantuvo incomunicada a Michel Dayana
Las dudas de la participación de un tercero en el crimen circulan en los medios de prensa, que han dado cuenta de la sospecha por la presunta aparición de restos de sangre de otra persona en la escena del crimen. Es decir, las indagaciones continúan aunque el máximo responsable ya esté tras las rejas.
Entretanto, el presunto asesino permanece en las instalaciones de la Fiscalía de Villavicencio, de acuerdo con el director de la Policía, el general William Salamanca, quien indicó esta mañana que solo espera la orden para trasladarlo a Cali.
Inicialmente, esa era la idea de la Fiscalía, algo que penalistas, como Campos, señalaron que era innecesario, pues las diligencias preliminares pueden adelantarse de forma virtual. El órgano investigador, a su turno, decidió comenzar el proceso, lo que llevó a un grupo de audiencias reservadas en las que la captura de Echeverry se estableció como legal y él se convirtió, formalmente, en imputado.
Echeverry Orozco fue capturado en la capital del Meta, a más de quinientos kilómetros de la capital del Valle del Cauca, tras un operativo definido por Salamanca como “prioridad institucional”. Se había dado a la huida la misma noche en la que Dahiana Michel fue asesinada, a bordo de una motocicleta robada en la que la Policía lo detuvo pasadas las cuatro de la tarde del lunes.
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Según Genaro González, padre de la niña asesinada, el hombre “morboseaba todos los días” a su hija. “En el momento en que venía del cementerio, de dejar a mi hija, recibí la noticia (de la captura). No devuelve a mi hija este hecho, pero ella está feliz por que hayan capturado a la persona que cometió tan atroz crimen”, aseguró González este martes en las instalaciones de la Dirección de la Policía.
Si la Fiscalía logra recaudar testimonios que corroboren ese acecho manifestado por González, podría tratarse de un elemento clave para que la justicia condene a Echeverry Orozco por el feminicidio de Michel Dayana, y no por un homicidio agravado, por ejemplo. El delito de feminicidio se configura cuando en la muerte de la mujer concurren aspectos relacionados con la violencia de género.
Según lo expresado por el secretario de Seguridad de Cali, Jimmy Dranguet, en medios de comunicación, podría haber dos matices que podrían fabricar el relato que la Fiscalía debe presentar en el inminente proceso penal. El primero, el hombre ya había estado privado de la libertad por el delito de acceso carnal abusivo y había pagado parte de su pena.
“Según la información previa que nos da el responsable del taller, le dio la oportunidad para que se socializara y para que buscara un nuevo camino. Pero definitivamente hay irregularidades allí. Por eso, varios trabajadores del taller y su propietario están vinculados al proceso”, comentó Dranguet. Es decir, Echeverry podría ser un reincidente en un crimen de violencia sexual.
El segundo elemento es, de acuerdo con lo dicho por Dranguet, que antes de escapar al hombre le identificaron “un golpe en el ojo y rasguños en su rostro, principalmente en su labio y en el cuello”. Esto sería una muestra de señales de resistencia, probablemente motivadas por la necesidad de la víctima de salir de sus manos, lo que podría demostrar la dominancia del agresor.
La jurista Sarah Campos plantea que Harold Echeverry podría enfrentarse a una pena de seiscientos meses de prisión, que son unos cincuenta años. La razón principal no solo es el delito de feminicidio, sino su carácter de agravado, el concurso con otro delito, el haberse cometido contra una menor de edad y los antecedentes penales del hombre, que podrían tenerse en cuenta en cualquier decisión de la justicia.

Lo cierto es que, además de ser un caso de feminicidio con suma sevicia que aún requiere que se refieran más hechos que refuercen una teoría certera del caso, no se puede escapar a que expone otro tipo de violencia tenebrosa: contra la niñez. Según un informe de la agencia de derechos de derechos humanos Pandi, Colombia es “un país peligroso para la niñez”.
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La directora de Pandi, Ximena Norato, le explicó a Colprensa que la muerte de Dahiana Michel es un feminicidio, pero también retrata la crueldad que cada año deja un total de 634 niños y niñas víctimas de homicidio o feminicidio.
“Esta semana estamos enterrando a Michel Dayana, pero esta misma semana doce familias más, en promedio, están enterrando a sus niños”, manifestó la experta. “El homicidio, como delito gravísimo, es muy frecuente”, insistió.
Norato agregó que este año el Instituto de Medicina Legal ha examinado más de veinticinco mil casos de violencia sexual. De ese total, el 82 % corresponde a niños, niñas y adolescentes, y en la mitad de los episodios el presunto agresor es un pariente.

“Cada semana, 12 niños y niñas, como Michel, son víctimas de homicidio. Con más o menos sevicia, siendo más o menos mediáticos, pero fueron niños que perdieron la vida en un asesinato. ¿De qué nos habla esto? De una sociedad absolutamente violenta”, apuntó Norato.
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Las cifras de violencia contra la niñez, anotó, son un llamado de atención para las familias, la sociedad y el Estado para “reforzar las cadenas de protección de la niñez”, como lo establece la Constitución, la Convención sobre los Derechos del Niño, el Código de Infancia y Adolescencia y otros instrumentos jurídicos. “Los derechos de los niños prevalecen”, sentenció.
Mientras el panorama no cambie, “casi que tenemos que encerrar a los niños para que no nos los maten, para que no sean víctimas de abuso sexual, porque estamos en un país en el que no pueden disfrutar de la calle o disfrutar de una fiesta y los papás estamos preocupados”, afirmó Norato.
En Cali, la familia de Michel Dayana, ‘Risitas’, como la apodaba su padre, espera por respuestas y justicia, un anhelo que comparte todo el país que, según Genaro, desde el primer momento ha brindado apoyo a su causa. “Las niñas no se tocan, no se violan, no se matan”, se lee en letreros y en pancartas.
Con información de Colprensa















