Hace 32 años se vivió un apagón por 11 meses en Colombia por el fenómeno de El Niño. La conocida ‘Hora Gaviria’ vuelve a revivirse en Colombia, toda vez que alertan de posible racionamiento de energía.

Un reloj es una máquina preparada para ser precisa en todo momento; sin embargo, él no siempre ha funcionado así en Colombia. Hace poco más de tres décadas, por causas que no fueron tan fáciles de determinar en su momento, nuestro ‘cronómetro’ se nos adelantó.
Ocurrió en 1992, una época en la que de manera literal ‘se nos fueron las luces’. Por alguna razón, que nunca quedó muy clara, los embalses se vieron por debajo de los niveles de la seguridad energética. Así las cosas, el 2 de marzo de ese año el gobierno del entonces presidente, César Gaviria, tomó medidas que servirían mientras reaparecían las lluvias, de tal forma que la economía no se resintiera tanto.

¡Llegó el apagón!
¡Quién lo creyera! Eso sucedió en un país como Colombia, que ostenta las riquezas hídricas más grandes del mundo. Y como cantó Yuri, “con el apagón, qué cosas suceden”.
¡Luego nos adelantaron la hora! Todo comenzó a las 00:00 del 2 de mayo de 1992. En un abrir y cerrar de ojos, tanto los bumangueses como todos los colombianos comenzamos a vivir días y noches como los de nuestros tatarabuelos; es decir, nos tocaba madrugar y nos acostábamos muy temprano. Ratificamos eso de que ‘al que madruga, Dios le ayuda’.
Había que ver las botellas de Hipinto sirviendo de ‘candelabros caseros’ para ajustar sobre ellas las velas. Buscábamos troncos o leñas que nos servían para encender los fogones.
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También resurgieron las estufas de gasolina, regresaron las pipetas de gas y nos tocaba rogar para que la luz no se nos fuera a la hora del partido de fútbol o de la telenovela.
Obviamente nuestras rutinas tuvieron un insospechado giro, pues ‘sí o sí’ debíamos aprovechar el tiempo en el que el sol alumbraba para hacer todo lo que pudiéramos.
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Las que antes eran las 5:00 a.m. se convirtieron en las 6:00 a.m. Y obvio, si antes entrábamos a las 8:00 a.m. a la oficina, nos tocaba comenzar la jornada una hora más temprano.
Hoy podríamos decir, teniendo en cuenta la diferencia horaria que nos separa de Venezuela, que jamás nos parecimos tanto a ese país.
Al colegio salíamos en la madrugada y retornábamos una hora antes. En ese orden de ideas, el principal ‘viacrucis’ lo vivieron los niños de las escuelas, quienes definitivamente llegaban dormidos a los salones. La tarea más difícil era para las mamás, quienes sufrían tratando de despertarlos y los vestían mientras sus ‘cachorros’ seguían en brazos de Morfeo. Incluso, por temor a ser asaltados en los entornos escolares que resultaron muy oscuros, muchos papás se acostumbraron a llevar ellos mismos a sus hijos a la escuela. ¡Bueno, actualmente eso de la inseguridad en esas áreas académicas no ha cambiado mucho que digamos!

Durante cerca de nueve meses intentamos cambiar nuestras costumbres, ajenos a la irresponsabilidad de los mercaderes de la energía o a los caprichos del clima.
Miguel Ángel Beltrán, quien por esa época era el gerente de Unitransa, informó en ese entonces que las empresas de transporte urbano vivieron una especie de ‘bonanza’ porque, de manera literal, sus trayectos y frecuencias pasaron de 12 horas diarias a un servicio 24/7: los conductores comenzaron a manejar los horarios de madrugada, mañana, tarde, vespertina y nocturna.
Otra de las curiosidades de aquella época fue la confusión que se presentó con el reloj de la torre de la parroquia San Laureano, que fuera obsequiado por la Sociedad de Mejoras Públicas y que se construyó en los Talleres Robledo. En ese entonces, alguien lo saboteó y terminó de confundir a los fieles que pasaban por la parroquia y que se dejaban llevar por la hora que marcaba ese mítico cronómetro. ¡Nadie llegaba a tiempo ni a la ‘misa de gallo’!
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Nos reconciliamos con la familia
Los negocios encendían las plantas eléctricas antes de que saliera la luz del sol y algunos las ponían en la calle; es más, sus ensordecedores ruidos competían con la voz del vendedor del almacén.
Además, en la Navidad de 1992, las velas, los bombillos y hasta el mismo César Gaviria, fueron los ‘años viejos’ que se quemaron en el último suspiro de aquel oscuro diciembre.
Hoy día, tras los incidentes con dos de las más grandes generadoras de energía del país, el fantasma del racionamiento parece inminente y las medidas podrían ser muy similares a las tomadas por el Gobierno del mítico apagón.
Los sociólogos empezaron a hablar de las ‘bondades’ del apagón. Alrededor de la mesa y a la luz de las velas, la familia volvió a reunirse a la hora de la comida y, en cierta forma, pudimos consolidar lazos de amor más importantes que la economía misma.
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Claro que en las casas, las empleadas domésticas nos armaron sindicato. ¡Y no era para menos! La razón: como la lavadora se convirtió en un ‘electrodoméstico de adorno’, a todas ellas les tocó regresar a la alberca, en los solares, para lavar con agua y jabón y con sus propias manos la ropa de todos.
Las mamás compraban en el mercado lo absolutamente necesario, entre otras cosas, porque las neveras de manera literal se ‘enfriaron’ o se ‘dañaron’ con los apagones.
Mientras tanto los vendedores de plantas eléctricas de energía alterna hicieron su agosto, mientras duró “la Hora Gaviria”, como se le denominó a aquella medida.
Los negocios encendían las plantas eléctricas antes de que saliera la luz del sol y algunos las ponían en la calle; es más, sus ensordecedores ruidos competían con la voz del vendedor del almacén: “Promoción dos por uno, siga mamita, mídasela sin compromiso”.
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Recuerdo cuántas páginas de quejas ciudadanas, por la contaminación auditiva, redactamos en Vanguardia.
Siempre recuerdo el ‘tic tac’ del reloj de mi casa por esas calendas, por la magia que tenía con la oscuridad y por su complicidad con el silencio; sin embargo, confieso que, en ese entonces, me parecía que sus campanadas retumbaban demasiado fuerte para mis oídos.
A los que “flotan en el mundo imaginario de la radio”, como dijera José Luis Perales en una canción, les hicieron un programa con nombre de oscuridad muy luminoso: ‘La Luciérnaga’, el cual sobrevive todavía demostrando que incluso las tinieblas generan luz.
Quién no recuerda que con las pilas de recarga en mano, la radio se convirtió en un imprescindible acompañante de la noche.
Para todos los colombianos, incluidos los bumangueses, esta fue una época que difícilmente podremos olvidar por los arduos cambios experimentados en todos los aspectos. ¡La verdad, no le tuvimos miedo a la oscuridad y brillamos a nuestro modo!
En aquel gobierno, el de la apertura, también comenzó a regir la nueva Constitución con sus aciertos y errores, la del 91, que este año cumple 32 años.
Resulta paradójico: Luego del apagón, vino la luz de la nueva Carta Magna: ¿Fue simultánea la oscuridad física y la claridad democrática?... ¡Cada quien saque su propia conclusión!
Además, en la Navidad de 1992, las velas, los bombillos y hasta el mismo César Gaviria, fueron los ‘años viejos’ que se quemaron en el último suspiro de aquel oscuro diciembre.
Hoy día, tras los incidentes con dos de las más grandes generadoras de energía del país, el fantasma del racionamiento parece inminente y las medidas podrían ser muy similares a las tomadas por el Gobierno del mítico apagón.
Quienes ya vivimos esa singular época podremos seguir recordando la denominada ‘fase de las tinieblas’ entre anécdotas. Y aunque las circunstancias de esa nostálgica hora eran diferentes a las actuales, es un buen momento para evocar que todos tenemos responsabilidades a la hora de ahorrar energía.
Hoy es un buen tiempo para contarle a la nueva generación de bumangueses que hemos vivido muchas épocas oscuras; algunos hoy en edad productiva quizás recuerden que los despertaban antes de las 4:00 a.m., los metían en la regadera, los vestían con la velocidad de la inexistente luz de esa horrible ‘Hora Gaviria’ y ¡...zas!, al colegio, porque los embalses se quedaron sin agua y el clima no colaboró.
Contémosles a todos que estábamos recién egresados de la universidad y que nos tocó enfrentar algo que no nos habían enseñado en nuestras aulas.
Contémosles que aprendimos que incluso el tiempo es una convención y que lo importante es la tenacidad con que enfrentemos el trabajo y la construcción de la patria en el día a día, a pesar de la oscuridad y de las dificultades.
Contémosles que luego de nueve meses de racionamiento y oscuridad, hace ya más de tres décadas, aprendimos a apagar la luz en una comunión general que nos ayudó a entender lo que significa vivir en familia.
Los intereses generales priman sobre los particulares, o al menos así reza en nuestra Constitución del 91.
Y si bien a comienzos del gobierno de Gaviria él se catapultó con la famosa frase ‘Bienvenidos al futuro’, es probable que hoy, en pleno año 2023, también nos toque decir: ‘Bienvenidos al pasado’. ¡Amanecerá y madrugaremos!
¿Viene riesgo de apagón?
Los bajos niveles de agua en los embalses de Cundinamarca, por ejemplo, han llevado a Bogotá y a 11 municipios más a un racionamiento mientras se especula que en Colombia se pueda tomar una medida similar, pero con la energía.
En la tarde del pasado lunes, 15 de abril, el presidente de la Comisión de Regulación de Energía y Gas, Creg, Omar Prías, afirmó mediante una rueda de prensa que en el país no se descarta un posible racionamiento de energía.
“El racionamiento es una opción. Puede darse, pero no es la condición que resulte”, afirmó Omar Prías ante los medios de comunican.
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Pese a su anuncio, el ministro de Minas y Energía, Andrés Camacho, sostuvo que el Gobierno Nacional por el momento no tiene en consideración esta medida, aunque no se descarta toda vez que el fenómeno de El Niño podría extenderse hasta finales de julio, como confirmó el Ideam.
“Durante la última semana, junto al fenómeno de El Niño, tuvimos una disminución en las temperaturas súbitas. Eso nos llevó a la disminución de los embalses. Ya estuvimos analizando el panorama y analizamos la suspensión de la energía a Ecuador. No estamos exportando. Tenemos la capacidad térmica en su máximo”, afirmó el funcionario de la Casa de Nariño.
En medio de una entrevista con Noticias Caracol, el ministro de Minas afirmó que por el momento no se contempla un racionamiento de energía. “No tenemos considerado un escenario de racionamiento de energía”.
En Colombia, los embalses que son utilizados para generar energía tienen niveles menores al 29 %. Es decir, menos de la mitad para poder funcionar en tiempos en los que el fenómeno de El Niño amenaza con extenderse hasta finales del mes de julio, como lo ha asegurado el Ideam.
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“Gobierno Petro está esperando que los embalses lleguen al nivel crítico del 27% para declarar el estado de emergencia y expedir decretos legislativos, entre ellos la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Mientras tanto, la ¡deforestación aumentó 41% en 2024!”, cuestionó en sus redes sociales el exsenador Juan Manuel Galán.
Justamente el presidente Gustavo Petro sostuvo una reunión de urgencia con el sector mineroenergético, con el objetivo de buscar medidas que permitan solucionar la crisis de agua, que en ciudades como Bogotá está en racionamiento, y la de la energía, que es uno de los escenarios posibles.
En dicho encuentro estuvieron ministros como el de Minas y Energía; los viceministros; la directora del Dapre; el presidente Petro; la Creg; la Superintendencia de Servicios Públicos entre otros funcionarios del Gobierno Nacional.
“Y hace menos de 15 días el Ministro de Minas y Energía descartó el riesgo de un racionamiento energético. La improvisación y dogmatismo de los activistas con cartera ministerial lo terminamos pagando los ciudadanos. ¡Qué desastre!”, afirmó en sus redes sociales el representante a la Cámara por el Centro Democrático, Andrés Forero.















