Un ingeniero revela los verdaderos motivos detrás del cambio en el diseño del metro y advierte sobre sus efectos en la ciudad.

El metro elevado de Bogotá, cuya construcción ya supera el 50 % de avance, sigue generando controversia en la capital. De acuerdo con el ingeniero Armando Ardila, experto en estructuración de proyectos de infraestructura, la elección de un diseño elevado en lugar de uno subterráneo no respondió a criterios técnicos, sino políticos.
En entrevista con Cambio, Ardila explicó que el proyecto subterráneo impulsado durante la administración de Gustavo Petro había alcanzado la fase de ingeniería básica avanzada, lo que lo dejaba listo para su contratación. Sin embargo, la llegada de una nueva administración cambió el rumbo del plan, optando por un diseño elevado que, según el experto, no responde a las necesidades urbanísticas de Bogotá, una ciudad con alta densidad poblacional. Lea: ¿Quiénes son los dueños de Audifarma y por qué está en crisis?
Ardila enfatizó que, a nivel global, las ciudades con características similares suelen optar por sistemas de metro subterráneos debido a la competencia por el espacio en la superficie. “El metro subterráneo no fue un capricho de Petro, como algunos sostienen. En reuniones con expertos, él recibió información técnica y estuvo de acuerdo. En cambio, la decisión de hacerlo elevado sí fue política”, afirmó.
Obviamente el subterráneo era mucho mejor, PERO ya no hay nada que hacer, solo queda esperar que el metro si ayude a aliviar un poco la terrible movilidad de Bogotá, de nada sirve quejarse ya 🤷🏻 https://t.co/9WfBNaiMxx
— Alejo Bedoya (@AlehoBedoya) March 11, 2025
Impactos urbanos y desafíos del metro elevado
Uno de los principales cuestionamientos al diseño elevado es su impacto en el entorno urbano. El ingeniero advirtió que esta infraestructura podría generar deterioro en áreas circundantes, como la avenida Caracas, y recomendó mitigar estos efectos con infraestructura verde, como parques lineales, que permitan aprovechar mejor los espacios públicos.
Otra crítica al diseño elevado es su coexistencia con el sistema de buses de tránsito rápido (BRT). Según Ardila, la integración de ambos sistemas en la misma vía genera competencia en lugar de complementariedad, lo que podría llevar a la subutilización de uno de ellos.

En cuanto a costos, el experto reconoció que la infraestructura elevada es más económica en su construcción inicial. No obstante, destacó que el metro subterráneo representaba una inversión a largo plazo con beneficios significativos, ya que libera la superficie para otros usos urbanos.
Finalmente, Ardila cuestionó la falta de coherencia en la planificación del sistema de transporte de Bogotá. Mientras que las futuras líneas del metro serán subterráneas, el tramo más crítico de la ciudad quedó con un diseño elevado. Para el ingeniero, esta decisión evidencia inconsistencias en la estructuración del proyecto y en la visión de movilidad de la capital.
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