El análisis preliminar de la escena del crimen en El Retorno desvirtúa la hipótesis inicial de un “choque armado”. ¿Qué está pasando en el Guaviare? ¿Se está convirtiendo esta zona en otro ‘Catatumbo’?
Lo que ocurre en las profundidades del Guaviare ya no es solo una disputa territorial; es la degradación absoluta de la guerra entre facciones disidentes. Informes de inteligencia militar y reportes forenses indican que la muerte de 26 integrantes de la estructura leal a alias ‘Iván Mordisco’ no fue producto de un combate de encuentro, sino de una ejecución sistemática perpetrada, presuntamente, por hombres al mando de alias ‘Calarcá’.
El levantamiento de los cuerpos en la vereda La Paz, zona rural de El Retorno, arroja detalles técnicos que descartan una confrontación convencional. Expertos en balística y criminalística han señalado tres factores claves que apuntan a una masacre en estado de indefensión: los cuerpos fueron hallados con su material de intendencia y armamento largo (fusiles de asalto) al lado, pero sin señales de haber sido accionados. No se encontró la “lluvia de vainillas” típica de un combate de esta magnitud. Le sugerimos: Combates entre Ejército y disidencias dejan familias confinadas en zonas rurales de Meta y Guaviare
La línea de investigación más sólida de la Fiscalía sugiere que la facción de ‘Calarcá’ (Bloque Jorge Suárez Briceño) habría infiltrado la unidad o utilizado un intermediario para suministrar alimentos o bebidas adulteradas con potentes sedantes (benzodiacepinas o escopolamina).

De confirmarse el uso de veneno o agentes químicos para neutralizar al adversario antes de rematarlo, estaríamos ante una infracción grave al Derecho Internacional Humanitario (DIH), que prohíbe expresamente los medios y métodos de guerra pérfidos. No se pierda: Dos desaparecidos en combates entre el Ejército y las disidencias de ‘Calarcá’ en Vista Hermosa, Meta
Este golpe de mano no es un hecho aislado, sino el punto de quiebre en el conflicto dentro del antiguo Estado Mayor Central (EMC).
Campesino de la vereda El Laurel en Vista Hermosa, Meta, narraban desde sus casas, que quedaron en medio de los combates entre la disidencia de alias 'Calarcá' y tropas de la Fuerza de Tarea Omega (@ftc_omega) del Ejército (@COL_EJERCITO). Aseguraban que las ráfagas de fusil… pic.twitter.com/tFjxDxKnTb
— Mauricio Vanegas (@Marovaan) January 24, 2026
La zona de El Retorno es un corredor estratégico para la movilidad de las estructuras armadas hacia el Vaupés y el Meta. Allí, el Bloque Amazonas (fiel a Mordisco) intentaba recuperar terreno perdido frente a la facción de ‘Calarcá’, quien actualmente sostiene un cese al fuego con el Gobierno Nacional.
El hecho de que una estructura sentada en la mesa de negociación (la de Calarcá) sea la presunta responsable de una masacre que incluye menores de edad combatientes (se han confirmado cuatro hasta el momento), pone en jaque la verificación del cese al fuego y la credibilidad del proceso de paz.

La situación de orden público en la región obliga a un replanteamiento estratégico. La Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra) ha iniciado operaciones de control territorial para evitar que la facción de ‘Mordisco’ lance una contraofensiva de “tierra arrasada” en venganza.
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La Inteligencia Militar alerta sobre el riesgo inminente de desplazamiento forzado y confinamiento. Las comunidades locales están en el medio de dos estructuras que han demostrado no tener líneas rojas: una que recluta menores y otra que ejecuta a sus enemigos dormidos.

Los cuerpos permanecen en Medicina Legal en Villavicencio, donde se realizan cotejos dactiloscópicos y cartas dentales, dado que muchos de los abatidos carecían de documentación y portaban alias de guerra.
La Defensoría del Pueblo ha emitido alertas sobre el riesgo de confinamientos masivos. Las comunidades de El Retorno y Calamar temen que, ante la sospecha de infiltraciones (dado que la masacre se perpetró desde adentro, presuntamente con alimentos adulterados), los grupos armados impongan restricciones severas a la movilidad y al ingreso de víveres.

Guaviare está a un paso de convertirse en un “nuevo Catatumbo”
Para expertos en seguridad nacional, la masacre confirma que la fractura del Estado Mayor Central (EMC) ha dejado de ser una disputa política para convertirse en una guerra de exterminio sin reglas. “Lo que estamos viendo es la ‘catatumbización’ del sur del país”, explica Carlos Valdés, analista de seguridad regional. “La masacre de los 26 no busca solo eliminar al enemigo físico, busca enviar un mensaje de terror para asegurar el control social. El problema es que la facción de ‘Mordisco’ no se quedará quieta; vendrá una contraofensiva que dejará a los campesinos en medio del fuego cruzado, tal como ocurre en Norte de Santander”.
La preocupación aumenta al considerar que la facción presuntamente responsable (la de ‘Calarcá’) está sentada en una mesa de paz con el Gobierno. Esto genera un escenario híbrido letal: grupos que negocian en Bogotá mientras aplican tácticas de tierra arrasada en la selva.

1. Ya no existe una hegemonía clara. La división entre la facción de ‘Iván Mordisco’ (Bloque Amazonas) y la de ‘Calarcá’ (Bloque Jorge Suárez Briceño) ha atomizado el control territorial.
2. El uso de sedantes para facilitar una ejecución masiva, hipótesis principal de la Fiscalía, demuestra que se han roto los “códigos de honor” incluso entre ilegales. “Cuando se pierde el respeto por el adversario armado y se recurre a la perfidia química, la violencia contra la población civil suele ser el siguiente paso”, advierte una fuente de Inteligencia Militar consultada.
3. Al igual que en la frontera con Venezuela, en Guaviare se disputa un corredor transnacional. El Retorno es la “bisagra” que conecta las zonas de cultivo de coca del Meta con las rutas fluviales del Vaupés hacia Brasil.
















