Con los ‘guayos colgados’ y solo como profesional, porque a veces se gana unos pesos actuando en equipos de veteranos, Miguel Ángel Balaguera Santos es tal vez es uno de los últimos volantes 10 que parió el fútbol santandereano. Entrevista de Mario Alberto Peñalosa, especial para Vanguardia.

Publicado por: Redacción Deportes
Por: Mario Alberto Peñalosa, periodista deportivo.
Los hechos y el tiempo siempre dictan sentencia en la vida de los seres humanos. Miguel Ángel Balaguera Santos firmó contrato con 7 equipos profesionales de fútbol en Colombia, estuvo más de 10 años en ese nivel, jugó o enfrentó a Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, Fredy Rincón, John Edison Castaño, Guillermo ‘Teacher’ Berrio, Rafael Dudamel, Arturo Reyes, Leonardo Fabio Moreno, Jorge Ramoa, Alexis García, Jesús ‘Kiko’ Barrios, entre otros, y hoy su historia ya retirado, se escribe desde el mismo lugar donde su familia y amigos lo vieron nacer, el barrio El Poblado, en Girón (Santander).
Con los ‘guayos colgados’ pero solo como profesional porque a veces se gana unos pesos actuando en equipos de veteranos, Miguel Balaguera, tal vez es uno de los últimos volantes 10 que parió el fútbol santandereano, vive en la misma casa de barrio, a unos cuantos metros de su cancha preferida y que entre mil recochas descalzo lo vio convertirse en más que un prospecto del rentado del fútbol en Colombia.

No tiembla cuando llega el momento de hacer balances tras 55 años de vida. Con una voz ronca, menos cabello y más manchas en la piel, reconoce que no tiene lo que debería en la cuenta del banco y nos regala mucho más que una parte de su pasado, pues cuando el dinero y algunos amigos desaparecen llegan las reflexiones de un ex jugador que en sus buenos tiempos, pudo ser el sucesor de ‘El Pibe’ en la Selección Colombia, tal cual lo aseveró el mismísmo Carlos Valderrama en varias entrevistas de la época.
Las tres veces que nos vimos siempre habló de lo bueno del fútbol, pero también de lo leve que es la cúspide y la fama, a pesar de las mil batallas que hay que dar para llegar al fútbol de élite y mantenerse. Por eso no duda en señalar que fue un ‘jugadorazo perezoso’, y que su sueño por cumplir será ver a su hijo graduarse como contador público, además de ayudar a algún talentoso de barrio que quiera convertirse en un profesional del fútbol a carta cabal, sin atajos.
Le pude interesar: Atlético Bucaramanga confirmó el valor de la boletería para su partido ante Deportes Tolima, en la Liga BetPlay

Esto responde Miguel Balaguera sobre su trayectoria como futbolista en Santander y Colombia
¿Cuál fue su primer equipo? “El primer club que recuerde fue en el barrio en donde me críe y aún vivo, el barrio el Poblado de Girón y el equipo se llamaba Mueblería Quijotesco, era de un señor que le gustaba el deporte y le puso igual que su negocio”.
¿De esa etapa de barrio que otro equipo recuerda? “A nivel aficionado pasé a jugar a un club que se llamaba Santa Cruz, que era dirigido por Lácides Otero, ex jugador profesional del Bucaramanga. Sin duda, una familia que quiero y aprecio”.
Publicidad
¿Qué marca fueron sus primeros guayos? “Tuve unos marca Gabo, que si mal no estoy. Recuerdo también unos guayos Príncipe, que creo eran de Ibagué, pero los guayos era cuando se podían pagar, porque cuando no había dinero tocaba descalzo, pues mis padres jamás me permitieron jugar con los zapatos del colegio”.
¿Cuál fue su primer club como profesional? “El primer club fue el Atlético Bucaramanga, pero a decir verdad fueron como varias etapas porque en ese entonces había un torneo llamado de reservas o segunda división. Llegué en 1988, aunque en el año 87 estuve en categorías menores, y en el 88 me consolidé en el equipo de reservas del Atlético Bucaramanga”.
¿Y cuándo debutó? “Como es la vida. Debuté como profesional en otro equipo que no fue Bucaramanga. Mejor dicho, estuve en el equipo de segunda división dos años y nunca debuté con el club leopardo, entonces me tocó irme al Atlético Huila en 1991, luego de un breve paso de entrenos por el Deportes Tolima. Llegué al Atlético Huila que competía en la Copa Concasa y de la mano del siempre bien recordado, profesor Alberto Rujana, debuté en 1991 en plenos cuadrangulares finales del torneo de ascenso. Allí lo hice como volante 10, como volante creativo”.

¿Qué vino después del Atlético Huila? “En ese entonces el tema de los pases era vigente (derechos deportivos) y seguía perteneciendo al Atlético Bucaramanga, así jugara en el Huila. En 1992 me tocó devolverme al Atlético Bucaramanga, pero el problema es que allí seguía el mismo técnico, Humberto ‘El Tucho’ Ortiz y a él no le gustaban los 10. No le gustaban los volantes creativos. Una anéctoda con él era que a Jorge Ramoa no lo ponía de volante, lo ponía de delantero”.
¿Es que los equipos del Tucho eran de salida rápida en ese entonces? “A puro pelotazo. Es más, para ser honesto, el profesor Tucho Ortiz prefería ponerme de lateral derecho porque tenía buena pegada, buena técnica. Nunca me puso de volante. Y no me sentía a gusto en esa posición”.
¿Mejor dicho, regresó al Atlético Bucaramanga, pero en la era Tucho y usted no lució en el club leopardo? “Así es. Ese año, apareció Alianza Petrolera en 1992, creo que fue el año de su fundación y con el profesor Norberto Peluffo llego al equipo de Barrancabermeja. El profesor Norberto me dijo: “en Bucaramanga no va a jugar, vamos para el Alianza”. Y así fue, yo quería jugar. Y allí jugué todo el torneo, aunque teníamos un equipo muy modesto, que no tenía cómo ganar el torneo de Ascenso. Entonces a mitad de año aparece Alberto Rujana y me llama para jugar de nuevo con el Atlético Huila. Ellos tenían un equipazo con muchos jugadores veteranos, al punto que el más joven era yo. Allí me encontré con Guillermo ‘El Teacher’ Berrio, Wilson Cano, Wiston Girón, Carlos Meza, Chepe Torres que ya se estaban retirando. Aquí habían aspiraciones de ascender, y me ofrecieron el doble de lo que me ganaba en el Alianza y me fui para allá. Peluffo me dijo que sí, que esa era una oportunidad de mostrarme y así fue. Jugué todos los partidos del segundo semestre, quedamos campeones y ascendimos a la A”.
¿Y jugó todo el año siguiente con el Atlético Huila? “No señor. Me tocó de nuevo regresar para el Atlético Bucaramanga porque yo pertenecía al club. Lo bueno fue que en ese entonces ya no estaba ‘El Tucho’ Ortiz y en cambio llegó Peluffo. Por eso siempre he dicho que Norberto Peluffo fue y es mi papá deportivo. En el Atlético me quedé 1993 y 1994″.
Publicidad
¿Usted alguna vez habló con ‘El Tucho’ del tema? “Jajajaja (risas) me lo encontré en 1995 en el Deportes Tolima de nuevo. Pero en este equipo pasaba algo muy particular, muy bravo y es que allí estaba don Gabriel Camargo, que en paz descanse. Y hoy esto lo puedo decir sin inconveniente, don Gabriel era el que mandaba. Y luego de pasar 2 de mis mejores años en el Atlético Bucaramanga, en donde además fui capitán del equipo, llego al Deportes Tolima y me encuentro que no había técnico, pero sí estaba la mayoría de la plantilla porque allá quien contrataba era don Gabriel, y por último contrataban al técnico. Entonces, a la semana de haber llegado a Ibagué, la noticia fue que el nuevo técnico era el Tucho y qué sorpresa. Pero luego me enteré que el mismo don Gabriel, el dueño del equipo, le dijo al Profe Tucho: “Yo traje a Balaguera del Bucaramanga para ponerlo a jugar”. Y ahí se acabaron mis problemas. (Risa nerviosa)”.
¿Y en el Tolima de Tucho, de qué jugaba? “Jugaba de 10, al lado del Pony Maturana”.
¿Y luego viene Atlético Nacional? “A mitad de 1995 aparece el Nacional que me contrata y hace un cambio o canje. Miguel Balaguera se va para Medellín y Hernán ‘El Carepa’ Gaviria, que en paz descanse, llega al Tolima. Allá jugué solo 8 partidos. Estaba el profesor Juan José Pelaez, pero estaba de asistente Norberto Peluffo. ¡Por eso le digo que es mi papá! Llegué a un equipo muy bueno, fue subcampeón de Copa Libertadores ese año enfretando a Gremio. Ya para el año 1996 regreso al Deportes Tolima nuevamente. Y ahí aparece el interés del profesor Basílico González del Santa Fe y vuelve y nos cambian. Había otro jugador del Deporte Tolima, el paisa Matías Mejía y así llegamos los 2 a Bogotá”.
¿Cómo le fue en el ‘expreso rojo’? “Muy bien. Teníamos otro equipazo. Leonardo Fabio Moreno, Adolfo ‘El Tren’ Valencia, Rubén Darío Hernández, Rafael Dudamel, ahora técnico del Bucaramanga. Jugué toda la temporada y al final no me compraron y para el segundo semestre de 1996 me toca regresar al Atlético Bucaramanga. Ahí se vino uno de los hechos más delicados en mi carrera porque en 1997 me lesioné los ligamentos cruzados. Este año pude reaparecer jugando pero ya para un equipo nuevo que se llamaba Real Floridablanca, allí al final de la temporada jugué unos minutos, pero lastimosamente no me recuperé bien y volví lesionarme en la misma rodilla”.
Publicidad
¿Lesión que marca el ocaso de su carrera? “Me operan por segunda vez de la misma lesión que padeció Radamel Falcao antes del Mundial. Me incrustan 7 tornillos que hoy aún los tengo y me voy a jugar al Atlético Huila en donde siempre me había ido bien. Allí juego 2 temporadas más, hasta finales del 98 y me fui al siguiente año a un equipo de la B que se llamaba Girardot Fútbol Club, en donde terminé mi vida profesional porque, como se dice, a las ‘troncas y mochas’ aguanté lo más que pude, pues los dolores en la rodilla eran insoportables. Así que en 1999 cerré mi carrera”.
Le puede interesar: Video | Atlético Bucaramanga y Santa Fe se enfrentan por un lugar en los octavos de final de la Copa BetPlay

¿De estos 10 años de experiencia, cuál es el técnico que más valora? “A todos los técnicos uno les aprende. A los buenos a imitarlos y a los malos a no repetir sus errores, porque a mi siempre me ha gustado dirigir. Indiscutiblemente a Peluffo le aprendí mucho, él es de la escuela de Maturana, Bolillo, del agrandar, achicar, de cómo defenderse y cómo atacar a un equipo. Y en la B, siempre le daré las gracias al profesor Alberto Rujana que me puso a debutar, así como al profesor Víctor Pignanelli que confió en mi de muy joven con el Bucaramanga”.
¿Y de los muy buenos jugadores que tuvo a su lado, a quién recuerda con aprecio? “A Jorge Ramoa en Bucaramanga por su calidad y técnica, además que jugaba en mi puesto. Inclusive le seguí aprendiendo porque los dos estuvimos transmitiendo fútbol para RCN Radio. También le aprendí mucho a Jesús ‘Kiko’ Barrios. Si alguien sabía ser líder productivo y mandar con ganas era él. No fue un hombre dúctil con el balón pero cabeceaba como pocos. Los tres hicimos una buena combinación en favor del equipo búcaro. En temas de amistad siempre fui muy amigo de Ricardo García, Óscar Upegui y Julio ‘La Paloma’ Monsalve”.
Publicidad
¿Y de los compañeros en otros equipos a quién recuerda? “Alexis García en Nacional. Aparte de que era un gran líder en el equipo antioqueño, tenía mucha técnica y siempre fue suplente en Selección Colombia, entonces él me ayudaba mucho, me aconsejaba porque yo no jugaba. Tenía a muchos por encima y la mayoría de propiedad de Nacional, mientras que yo era prestado. Él me motivaba porque la verdad yo me relajé cuando vi que no era titular y siempre tuvo palabras de aliento. Y con John Edison Castaño en Deportes Tolima. Todo un fuera de serie. Y como no voy a mencionar a mi amigo, ya fallecido, Guillermo ‘Teacher’ Berrio en el Huila”.
¿Es difícil volver a encontrarnos con ese tipo de jugadores? “Bien difícil. De esos ya no llegan”.
¿Y hoy que ve con tanta tranquilidad su historia, qué no repetiría si pudiera regresarse en el tiempo? “Le pondría mucha más atención y dedicación al trabajo físico. Yo compensaba mi pereza en los trabajos físicos con mi técnica y talento. No me entrenaba bien. Eso sí, eran otro tipo de pretemporadas. Hoy todo es con el balón en los píes. Antes era subir cerros, trotar hasta Morrorico, Los Pinos en Bucaramanga. A mi eso me daba muy duro, pero siempre encontraba atajos para no hacer los recorridos completos. Si eran 7 kilómetros yo hacía la mitad. Eso sí, era el último en los entrenos pero en la cancha nunca podrán decir que me faltó. Siempre corría y metía. Hoy que dirijo siempre les digo a mis jugadores lo mismo. La técnica se tiene y no se olvida, en cambio el físico y la reacción si se pierden si no se trabaja”.
Usted me evoca a un técnico de selecciones Colombia que siempre dijo que los jugadores santandereanos son pequeños, técnicos y perezosos. ¿Cree lo mismo? “Creo que sí. Me pasó a mi y espero que no les pase a los nuevos. Claro está, que hoy los trabajos físicos son distintos, con el balón en los pies, tal vez en esta época hubiese sido distinto para mi. Pero el profesor de la Selección tiene razón con muchos jugadores santandereanos”.
¿Pero está de acuerdo en que hoy día, sobre todo en divisiones menores, se privilegie más el aspecto físico, la talla, antes que la técnica? “En eso no estoy de acuerdo. ¿Qué saca usted con jugador de talla que no sepa con el balón en los píes? Vea Messi. Es el mejor ejemplo. Eso sí, la talla se requiere en los centrales pero jamás el físico estará por encima de su capacidad técnica y de entender el juego”.
¿Pero los 10 o volantes de armado sí son perezosos? “Eso sí, los 10 éramos los más perezosos”.
¿Qué le falta a Santander para afianzarse como cuna de jugadores y mejorar en estos temas que usted señala con mucha sinceridad? “Pues falta darles más oportunidades a los jóvenes. Mire la excelente campaña del profesor Dudamel con el Atlético Bucaramanga, le dio la primera estrella al club leopardo, pero cuál santandereano tiene entre sus opciones. Peluffo lo hizo en 1993 con Jairo Martínez, Manuel Martínez, Mincho Montáñez, entre otros. También lo hizo Peluffo en 1997 con Luis Gabriel Rey que debutó y le tocó irse a México porque no le iban a esperar. Acá falta es dar oportunidades a los santandereanos y entregarles esa responsabilidad. A los jóvenes no les dan 5 partidos. Y mire, por eso los que están en el fútbol profesional son el mejor ejemplo. Sherman Cárdenas debutó ante Nacional y marcó gol e hizo diferencia. Entonces, si queremos santandereanos en el profesionalismo hay que darles oportunidades. Y que los jugadores se crean en el cuento y aprovechen las escasas oportunidades”.
¿Y no cree que esto también pasa por lo que usted mencionó anteriormente, la falta de profesionalismo de algunas jóvenes promesas? “Es de parte y parte. Pero hay que darle oportunidades a los jugadores jóvenes de la región. Hay que invertir en inferiores, pero fíjese, cuántas divisiones menores tiene el Atlético Bucaramanga. Creo que ninguna”.
Le puede interesar: Andrés Marocco presentó su libro del Atlético Bucaramanga y reconoció que le “salió del corazón”

¿En términos generales, usted cree que el volante 10, el calidoso, está en vía de extinción o le toca acomodarse a otro entorno? “Tal vez sí, si lo hablamos desde la óptica de los técnicos, que muchos ya no quieren esos volantes. Otros simplemente los acomodan en posiciones donde puedan rendir y dar una mano, pero eso sí, siempre pasando la línea del balón cuando se defiende. Y adicionalmente los volantes de armado tienen que saber que tienen que prepararse físicamente muy bien, porque los de hoy corren el doble de los de antes”.
¿Y qué le dice a los calidosos o a los jugadores santandereanos hoy? “Les repito, que tengan personalidad y se crean el cuento, eso sí, hoy apoyados en la preparación física y el profesionalismo antes que la pereza o el desorden. Es la única manera de llegar a ser profesional”.
¿Cómo persona, usted cómo se considera? “Una buena persona. No tengo líos con nadie, no le debo nada a nadie y todos lados a donde voy, en Bucaramanga, Ibagué, Neiva y Bogotá la gente me demuestra su aprecio y gratitud”.
¿Tiene familia? “Si claro, tengo un hijo de 23 años, estudia, trabaja y próximamente será contador. Mi esposa falleció lastimosamente en 2021, hace poco… (Aparecen los sollozos y la nostalgia en su cara) Tenía cáncer de seno, murió en plena pandemia porque todo se complicó. Se llamaba Libia Yaneth Villamizar, la conocí en el barrio en 1984 y desde ese entonces hicimos historia, hicimos familia…”.
¿Actualmente a qué se dedica Miguel Balaguera? “Trabajo para una empresa llamada Conantioqueño que se encarga de la distribución de licores de Antioquia acá en Santander y a don César Niño y toda su familia solo le tengo gratitud por su apoyo y confianza. Además dirijo 2 equipos de veteranos y juego torneos de veteranos cuando puedo”.
¿Tiene algún sueño por cumplir? “Ver a mi hijo Miguel Ángel Balaguera Villamizar como contador público y poder vivir cerca al fútbol muchos años más.”
¿Y su vida personal como jugador, cree que la manejó de la mejor manera? “Tal vez era lo que tocaba pero sí tengo que reconocer que cuando jugué profesional muchas veces solo pensaba en el presente y no en el futuro. Otro error, jamás pensé en la vejez, solo en el ahora. La plata se va y difícilmente vuelve, como la gloria y la fama”.















