Un gol de Jefté en el minuto 94 selló una noche histórica y dejó al gigante español fuera del torneo.

El Real Madrid volvió a comprobar que la Copa del Rey no entiende de transiciones ni de excusas. En Albacete, en una noche que debía marcar un punto de inflexión tras la salida de Xabi Alonso, el equipo blanco firmó una de esas derrotas que quedan grabadas en la memoria colectiva: eliminación temprana, rival de Segunda División y un desenlace cruel en el tiempo añadido que terminó por desnudar todas sus carencias.
El estreno de Álvaro Arbeloa en el banquillo no fue el comienzo esperado. Más allá del resultado, el equipo dejó una imagen preocupante, sin reacción anímica ni señales claras de cambio. En apenas tres días, el Madrid pasó de perder la Supercopa de España en el clásico a despedirse de la Copa del Rey, quedándose sin dos de los cuatro títulos que tenía en el horizonte inmediato.
🏁 FP: @AlbaceteBPSAD 3-2 @RealMadrid
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⚽ 42' Javier Villar
⚽ 45'+3' Mastantuono
⚽ 82' Jefté T.
⚽ 90'+1' @Gonzalo7Garcia_
⚽ 90'+4' Jefté T.
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Con una alineación marcada por las ausencias y las rotaciones, el Real Madrid asumió el guion habitual de este tipo de eliminatorias: dominio territorial sin profundidad ni claridad. Sin Mbappé, Bellingham, Tchouaméni ni Rodrygo, el peso ofensivo recaía sobre Vinícius, llamado a liderar un equipo improvisado. Sin embargo, el brasileño nunca logró soltarse de una marca intensa y constante, en un ambiente hostil que volvió a empañar la noche con cánticos racistas desde la grada.
El partido se movía al ritmo que más convenía al Albacete. El conjunto local se defendió con orden, fue creciendo con el paso de los minutos y empezó a creer ante un rival plano, previsible y sin colmillo. El Madrid monopolizaba la posesión, pero la circulación era lenta y horizontal. Apenas un disparo lejano de Fede Valverde rompió la monotonía en el primer tramo del encuentro.
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Cuando el equipo blanco comenzaba a mostrar signos de fragilidad, el Albacete dio un paso al frente. Sin complejos, igualó la intensidad y encontró premio antes del descanso. Un saque de esquina mal defendido derivó en el cabezazo de Javi Villar, que silenció al visitante y encendió al Carlos Belmonte. La reacción madridista llegó sobre la campana: otro córner, un rechace y Mastantuono, rápido y oportunista, empujó el empate para evitar el golpe psicológico del vestuario.
El segundo tiempo arrancó con un Madrid más intenso, empujado por la arenga inicial de Arbeloa. Vinícius intentó asumir protagonismo, pero volvió a chocar contra un Albacete bien plantado y solidario. Los espacios no aparecían y los centros desde los costados carecían de destinatario. El partido se fue equilibrando con los cambios, y el conjunto manchego recuperó energía y convicción.
La eliminatoria se rompió en el tramo final. Un nuevo saque de esquina derivó en el gol de Jefté, aprovechando una serie de rechaces y un disparo incómodo para Lunin. Cuando todo parecía perdido, el Madrid volvió a aferrarse al balón parado: Gonzalo cabeceó con fe en el añadido y forzó un desenlace que parecía conducir a la prórroga.
Pero la noche tenía reservado un último golpe. En el minuto 94, un balón largo sembró la duda en la defensa blanca. Lunin no salió, Carvajal desvió el primer intento y Jefté, con temple y precisión, firmó el gol más importante de la historia del Albacete ante el Real Madrid. El pitazo final selló una eliminación tan dolorosa como simbólica, que dejó al gigante herido y al modesto celebrando una noche eterna.
















