Fútbol
Domingo 11 de octubre de 2026 - 08:42 AM

Tragedia del Alfonso López: la historia de José Germán, el hincha búcaro que nunca dejó de creer

El titular de Vanguardia del día del partido entre Bucaramanga y Junior decía: “Un clásico de película, en letras de color rojo. El día después esta casa periodística tituló: Pánico en el estadio. Después de 45 años repasamos la historia de José Germán, un fiel hincha que falleció soñando con la primera estrella.

Los seguidores búcaros tuvieron una violenta reacción luego de lo que consideraron un arbitraje injusto por parte de Eduardo Peña y sus asistentes. Foto: Archivo / VANGUARDIA
Los seguidores búcaros tuvieron una violenta reacción luego de lo que consideraron un arbitraje injusto por parte de Eduardo Peña y sus asistentes. Foto: Archivo / VANGUARDIA

Compartir

El 11 de octubre de 1981 Luis Alejandro Martínez Robayo salió despavorido del estadio Alfonso López, hoy Américo Montanini, en compañía de su esposa, que días atrás le entregó la mejor de las noticias: estaba embarazada.

La noche, que empezaba a asomar, se iluminaba por los destellos de las ráfagas de fusil G – 3 y el instinto de conservación lo forzó a arrojarse al suelo para evitar que alguna de las balas acabara con su vida, la de su esposa y el bebé que venía en camino.

Minutos antes, en medio del alboroto, le insistió a su hermano José Germán que salieran del escenario, pero él, que era el mayor, le replicó que esperaba la reanudación del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla, y la remontada del cuadro ‘Leopardo’, que perdía 2-1.

El amor por el equipo ‘Leopardo’

El amor incondicional por el cuadro bumangués corría por la sangre de José Germán Martínez Robayo.

No se perdía partido en el principal escenario deportivo de la ‘Ciudad Bonita’, e incluso acompañaba al querido ‘Leopardo’ a otras partes del país.

Aquel domingo, cuando caía la tarde y aún restaban alrededor de siete minutos para el final del duelo (inició a las 3:30 p.m.), confiaba en que su equipo remontaría el marcador adverso, para avanzar al octogonal final del fútbol colombiano.

El primero, de pie de izquierda a derecha, era José Germán Martínez Robayo. Abajo, hincado, también de primero de izquierda a derecha se encuentra Luis Alejandro Martínez Robayo. Foto: Imagen restaurada con IA / VANGUARDIA
El primero, de pie de izquierda a derecha, era José Germán Martínez Robayo. Abajo, hincado, también de primero de izquierda a derecha se encuentra Luis Alejandro Martínez Robayo. Foto: Imagen restaurada con IA / VANGUARDIA

Era tal la ilusión que, a pesar de que el cotejo se detuvo por una fuerte gresca desatada por la inconformidad de los seguidores ante las que consideraron varias fallas arbitrales del juez Eduardo Peña y de que muchos abandonaron inmediatamente el recinto, incluso su hermano, él permaneció inmóvil, aferrado a la esperanza de que las acciones se reanudaran.

Publicidad

Quería ver a hombres como Francisco Maturana, Wilman Conde, Juan Onnis, Juan Carlos Díaz, Diego Umaña, Sergio Saturno y Edgardo Luis Paruzzo darle la vuelta al resultado y, de paso, mantener vivo el sueño de conquistar la primera estrella, de una escuadra que hasta ese año contaba como mejores campañas los terceros lugares de 1958 y 1960, así como la cuarta posición de 1975.

Ese anhelo de ver al club ‘auriverde’ campeón se instaló en su corazón desde muy niño, gracias a su padre, José Rosario Martínez Díaz, quien lo llevaba ‘a pata’ al estadio desde el barrio La Victoria, y al fervor que le despertaba ver a futbolistas como Omar Lorenzo Devanni, Misael ‘El Papo’ Flórez, Alfredo Arango, Roberto Riquelme y Eduardo Emilio Vilarete, entre otros.

En el colegio Tecnológico, de donde se graduó de bachiller, también dejó huella por su calidad humana y virtudes para los deportes.

José Germán Martínez Robayo, quien fue una de las víctimas de la tragedia del estadio Alfonso López en 1981, dejó una huella imborrable entre sus familiares y amigos. Foto: restaurada con IA.
José Germán Martínez Robayo, quien fue una de las víctimas de la tragedia del estadio Alfonso López en 1981, dejó una huella imborrable entre sus familiares y amigos. Foto: restaurada con IA.

Su compañero y amigo, Ómar Churio, quien ese día estuvo en el estadio trabajando para la emisora Todelar, recordó que José “era muy buen jugador, muy rápido, muy veloz, era un ‘tanque’, un tipo grande, nos podría llevar un par de años y la diferencia corporal se veía, corría en pruebas de atletismo, porque era muy veloz”.

En el plano personal, al retroceder el casete, Ómar detalló que su amigo se mostraba “muy callado, muy reservado, pero a la vez muy amigable; cuando habían disputas en los partidos él siempre se metía para apoyarnos, era muy paternal, muy protector, salía a cuidar a los más ‘chinos’ del salón. Buen estudiante, responsable y muy serio. Lo recuerdo como alguien acomedido a prestar ayuda cuando alguien estaba en problemas”.

En su barrio, en una Bucaramanga donde muchas veces un par de piedras eran suficientes para improvisar una portería, junto a su hermano y los vecinos, se la pasaba jugando fútbol y soñando incluso con ser jugador profesional del ‘Leopardo’; pero al no llegar, en una época donde las oportunidades eran escasas, se enfocó en alentar al equipo, como todo buen hincha, en este caso, en las malas, porque las buenas eran muy poquitas en esos años.

Publicidad

Los seguidores búcaros tuvieron una violenta reacción luego de lo que consideraron un arbitraje injusto por parte de Eduardo Peña y sus asistentes. Foto: Archivo / VANGUARDIA
Los seguidores búcaros tuvieron una violenta reacción luego de lo que consideraron un arbitraje injusto por parte de Eduardo Peña y sus asistentes. Foto: Archivo / VANGUARDIA

Así mismo, con el pasar del tiempo lideraba, no solo como jefe de producción de la Compañía de Tabaco (Coltabaco), sino como referente del equipo de esta empresa, donde era defensor central y compartía escuadra con su hermano menor, Luis Alejandro, quien era el encargado de los goles en el frente de ataque.

No tenía novia y cuando le preguntaban, no dudaba en responder: “La novia la tengo en la casa”, en referencia a su mamá.

Una herida que nunca cicatrizó

Doña Rosa Robayo de Martínez sabía que algo grave había sucedido. Tenía una herida en el corazón que ni siquiera el paso del tiempo cicatrizó.

“Intuición materna”, le dicen. Cuando sonó el teléfono el mundo se le vino encima porque era la confirmación de lo que estaba sintiendo.

Publicidad

Su hijo Luis Alejandro, que hace poco había llegado, recibió la llamada y fue a quien le reportaron que su hermano había muerto, víctima de unos disparos en el marco del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla, de la tercera fecha de la última ronda del campeonato.

Al menos cuatro hinchas del Atlético Bucaramanga murieron por las balas del Ejército Nacional en el estadio Alfonso López, el 11 de octubre de 1981. Foto: Archivo / VANGUARDIA
Al menos cuatro hinchas del Atlético Bucaramanga murieron por las balas del Ejército Nacional en el estadio Alfonso López, el 11 de octubre de 1981. Foto: Archivo / VANGUARDIA

“Para mí fue muy duro, porque era mi hermano mayor y mi ejemplo a seguir, pero nada se compara con el dolor que le dejó a mi mamá, porque él era la mano derecha de la casa y sobre todo que era el consentido de mi mamá. Ese fue el acabose de mi mamá”, contó Luis Alejandro, con la voz entrecortada, mientras sacaba su celular y mostraba fotos amarillentas de la época junto al mayor de los Martínez Robayo.

Porque aunque han pasado 45 años de la tragedia, cada tanto, principalmente los 11 de octubre, la nostalgia reaparece por la ausencia del hermano, que tenía 24 años y una vida por delante.

Luis Alejandro nunca volvió a ver un partido en el estadio. El dolor de recordar lo sucedido y el miedo a que se presentara otra desgracia lo alejaron por completo de la casa del club búcaro.

Publicidad

En el 2017 regresó, junto a su mamá, pero únicamente para asistir a una misa en homenaje a las víctimas.

En el 2024 le insistieron para que acompañara al equipo que cumplía con una brillante campaña y se acercaba a la anhelada estrella, esa que su hermano siempre soñó.

“Esos partidos eran con lleno total, entonces por más que quisiera ver al equipo campeón, no me animé a ir porque no quería que pasaran problemas, preferí ver los juegos por televisión, con mi familia y algunos amigos”, señaló Luis Alejandro.

Luis Alejando Martínez Robayo y su mamá, doña Rosa Robayo de Martínez, estuvieron en el recibimiento del Atlético Bucaramanga, aquel 24 de junio de 2024 cuando consiguió la primera estrella. Foto: Suministrada.
Luis Alejando Martínez Robayo y su mamá, doña Rosa Robayo de Martínez, estuvieron en el recibimiento del Atlético Bucaramanga, aquel 24 de junio de 2024 cuando consiguió la primera estrella. Foto: Suministrada.

También, con el sentimiento a flor de piel, imaginó cómo José Germán hubiera vivido la primera estrella.

Con un nudo en la garganta, que se destrabó al pensar en su hermano vestido con la camiseta amarilla y armando plan no solo para el partido en casa ante Santa Fe, en la ida de la final, sino para el duelo de vuelta en la capital de la República.

“Él hubiera estado en Bogotá, allá estaría detrás del equipo, celebrando la primera estrella, y animando a Rafael Dudamel, Fabián Sambueza y el resto de jugadores, pero sé que desde el cielo igual festejó el título del Bucaramanga”, relató don Alejo, como también le dicen, quien tenía 21 años el día de la masacre.

El balón se manchó de sangre

El 11 de octubre de 1981 es una fecha que está marcada en la memoria triste del Atlético Bucaramanga, la ‘Ciudad Bonita’ y el fútbol colombiano.

Las tribunas estaban colmadas de aficionados (alrededor de 23.000 aficionados) que se ilusionaban con la primera estrella del club santandereano.

Aquel equipo, dirigido por Roberto Pablo Janiot y con Américo Montanini como asistente técnico, necesitaba el resultado para avanzar a la fase final del certamen; sin embargo, todo terminó en tragedia.

Los árbitros del juego entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla tuvieron que huir resguardados por la Policía, debido a las agresiones de los hinchas. Foto: Archivo / VANGUARDIA
Los árbitros del juego entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla tuvieron que huir resguardados por la Policía, debido a las agresiones de los hinchas. Foto: Archivo / VANGUARDIA

El balón se ‘manchó de sangre’. En el segundo tiempo, Junior ganaba 2-1 y en una acción polémica el árbitro determinó pasar por alto lo que todos consideraron un penalti claro.

“Parecía que había señalado penalti, (Sergio) Saturno agarra la pelota, la coloca en el punto penalti, el árbitro cobró en ese momento mano de Saturno y pareció como que hubiera cambiado sobre la marcha la decisión”, fue el relato de Juan Carlos ‘El Nene’ Díaz (QEPD), quien era uno de los jugadores más destacados de la época en el elenco ‘auriverde’.

Esa fue la “gota que derramó el vaso”, porque ya los hinchas estaban enardecidos por otras controversiales determinaciones del árbitro, como el segundo gol de los barranquilleros, en aparente fuera de juego.

Los hinchas intentaron agredir al juez central. La ira, mezclada con alcohol, provocó que los aficionados saltaran al campo.

“Ahí la gente se calentó, entonces por la parte de occidental comenzaron a arrojar de todo y a romper las mallas para entrar al campo y así en el resto de tribunas. Querían agredir al árbitro y fue entonces cuando la Policía intentó controlar la situación, que fue el momento donde estábamos saliendo del estadio junto a mi esposa; parecía que todo había calmado, cuando ingresó un contingente del Ejército y empezaron a disparar hacia las tribunas”, reveló Luis Alejandro.

El 11 de octubre de 1981 el balón se 'manchó de sangre' en el marco del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla. Foto: Archivo / VANGUARDIA.
El 11 de octubre de 1981 el balón se 'manchó de sangre' en el marco del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla. Foto: Archivo / VANGUARDIA.

José Germán, en ese instante, emprendió camino hacia la salida, pero cuando estaba por lograr el objetivo, fue impactado por los proyectiles, perdiendo la vida en el lugar.

“Mi hermano tenía una camiseta verde fosforescente y seguro por eso fue blanco fácil de los soldados”, precisó Luis.

Además del dolor de la pérdida del ser querido, la familia de José Germán tuvo que ‘jugar’ un duro partido para limpiar su imagen.

Lo acusaron de ser subversivo y luego de varios años la familia fue resarcida tras demandar al Estado, pero Luis confiesa que “todo quedó saldado sobre el papel, pero la herida siempre quedó en el corazón. Mi mamá no quiso recibir nada de la indemnización, siempre dijo que mi hermano no se llamaba plata”.

Los recuerdos de quienes estuvieron allí

La magnitud del caos también quedó grabada en la memoria de quienes trabajaban con el equipo y en los medios de comunicación.

“Se armó una trifulca en la tribuna de sur, luego en oriental. Se bajaron muchas personas a mover las mallas y al poco tiempo, estas cayeron y la gente se metió a la gramilla” dijo Orlando ‘Pocheche’ Morales, quien era el kinesiólogo del Bucaramanga.

El Ejército intervino y disparó en reiteradas ocasiones, provocando la muerte de cuatro personas y heridas en cerca de 30 más. Fue el reporte oficial, aunque quienes vivieron la tragedia confiesan que ese número está muy alejado de la realidad.

Los árbitros del juego entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla tuvieron que huir resguardados por la Policía, debido a las agresiones de los hinchas. Foto: Archivo / VANGUARDIA
Los árbitros del juego entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla tuvieron que huir resguardados por la Policía, debido a las agresiones de los hinchas. Foto: Archivo / VANGUARDIA

‘Pocheche’ afirmó que los jugadores se resguardaron en el camerino cuando empezaron a sonar los disparos. “Eran disparos fuertes. Muchos nos asustamos porque teníamos familiares en la tribuna”.

En medio del pánico, ‘Pocheche’ salió a tratar de ver en dónde se encontraban sus familiares, pero solo observó personas tiradas y soldados disparando.

Juan Manuel González, uno de los líderes de la sintonía radial, también le contó a esta casa periodística, hace algunos años atrás, que “en la cabina, yo le dije a mi colega José Antonio Churio: ‘Nos están disparando’. Pero él dijo que tranquilo, que son balas de salva, justo cuando un tiro voló un pedazo de pared”.

‘Pocheche’ detalló que “en el camerino permanecía el árbitro Peña. Se había afeitado su bigote. Estaba irreconocible. Tocó prestarle el vestuario de Atlético Bucaramanga. No tomó el vuelo al día siguiente como lo tenía que tomar, sino que lo llevaron hasta Curos, vía Bogotá, y allí se fue por tierra. Nosotros salimos por donde hoy se encuentran las piscinas y las canchas de tenis. Nos preocupaba la suerte de nuestros familiares, quienes veían el juego en la gradería”.

Después de 44 años no hay claridad de los hechos

¿Por qué dispararon? ¿Quiénes fueros los responsables de la masacre? y ¿Qué pasó con la organización? Son algunas de las preguntas que a lo largo de 45 años siguen sin respuestas.

El ministro de Defensa de la época, el general Luis Carlos Camacho Leyva, indicó que se realizaría una investigación exhaustiva, pero los resultados nunca se conocieron.

El 11 de octubre de 1981 el balón se 'manchó de sangre' en el marco del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla. Foto: Archivo / VANGUARDIA.
El 11 de octubre de 1981 el balón se 'manchó de sangre' en el marco del partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla. Foto: Archivo / VANGUARDIA.

Por parte de la Asamblea de Santander y la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, tampoco hubo claridad de los acontecimientos.

Muchos acusaron a la organización del encuentro por el sobrecupo, el licor e incluso a la prensa, pero las razones para que los soldados abrieran fuego nunca se esclarecieron.

Han pasado 45 años desde aquella tarde, pero hay ausencias que el tiempo no consigue borrar. La de José Germán permanece en la memoria de su familia y sus amigos.

Aquella tarde no solo se apagó la vida de un joven de 24 años. También quedó suspendida la ilusión de un hincha que, hasta el último momento, creyó que su equipo podía cambiar la historia.

Las formaciones de Bucaramanga y Junior en 1981

Bucaramanga:

Vasco; Salgado, Maturana, Conde, Castro; Frascuelly, Onnis, Umaña; Díaz, Paruzzo y Saturno.

Junior:

Delménico; Rubio, Reyes, Miranda, Bolaño; Galván, Tutino, Florillo; Perroud, Barona y Teglia.

Goles: Edgardo Luis Paruzzo (9′) por el Bucaramanga.

Ómar Galván (50′) y Miguel Tutino (73′) por el Junior.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad