lunes 20 de enero de 2020 - 10:36 AM

La historia de Simón Gómez Ortíz: El joven que navega hacia el sueño olímpico

Para Simón Gómez Ortíz, alcanzar sus sueños no ha sido una tarea “contra viento y marea”, pues sobre su velero, ellos han sido los aliados perfectos que lo han dirigido hacia el éxito. Con tan solo 18 años años, se ha destacado en múltiples competencias nacionales e internacionales, que lo han consolidado así como uno de los mejores deportistas de Santander y Colombia.
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A pesar de no haber nacido en esta tierra, Simón se considera a sí mismo un santandereano de corazón. Son múltiples las ocasiones en las que lo ha demostrado, pues cada vez que se destaca en una competencia nacional e internacional, no solo deja en alto el nombre del departamento, sino del país.

Nació en Chile hace 18 años, pero siendo tan solo un bebé llegó a Colombia junto con sus padres y se instaló en la Mesa de los Santos, lugar que ha sido el centro de su formación, pues fue en el Club Náutico Acuarela, en donde adquirió gran parte de sus capacidades físicas y técnicas en el deporte de la vela.

“El agua hace parte de lo soy”, dice. Desde pequeño ha sentido una inmensa fascinación por los deportes acuáticos como la natación, el surf o el windsurf, pero fue la vela el que lo hizo zarpar a una pasión que le ha permito soñar y superarse.

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A los doce años se convirtió en el deportista más joven de los Juegos Bolivarianos 2013 en ganar una medalla de oro. En el 2019 fue campeón mundial en la categoría juvenil y fue cuarto del mundo en la categoría abierta. Obtuvo la medalla bronce en los Juegos Suramericanos del Rosario, la medalla de plata en el Campeonato Suramericano Juvenil en Paracas, y ha sido tres veces campeón en los Juegos Nacionales.

Ahora, navega hacia su más grande sueño: Los Juegos Olímpicos 2024. Y así, aunque la travesía no ha sido fácil, Simón está seguro de que lograrlo, no será más difícil que sortear el viento y el mar.

¿De dónde viene esa pasión por el agua?

En Chile, mi papá era un amante del agua. Él practica windsurf, y cuando nos vinimos para Colombia, el gusto de la navegación no desapareció. Aquí en Santander no se podía practicar porque no había már, hasta que descubrimos los lagos, en donde también se suele hacer.

Mi papá me enseñó a navegar, yo iba a verlo desde los seis años y me alcancé a involucrar.

Al principio le tenía miedo al agua, no sabía nadar, pero poco a poco le fui cogiendo el gusto y ya desde los ocho años soy un navegante de corazón. Aprendí a navegar antes de nadar, entonces fue una locura.

¿Qué es lo más difícil del deporte de vela?

Como todos los deportes, el nivel profesional que se está manejando es muy alto, tú tienes que ser muy bueno en muchas cosas, eso es lo principal. Como es un deporte poco conocido, tiene unos factores que uno no se imagina. Debes tener la capacidad de leer el viento, las corrientes, el mar, las olas. También está la parte técnica, cómo manejar el barco, cómo se arman mejor las velas y, por supuesto, la parte física. Entre más técnica tengas para llevar el barco, más físico debes tener para compensar tu técnica. Es un balance de muchas cosas, la estrategia, la técnica, la táctica, tú físico, tu disciplina, tu destreza, tu agilidad. Es un deporte muy completo.

También puede considerarse un deporte un poco peligroso ¿cómo superar el miedo?

Yo creo que en este deporte es muy común. Muchísima gente se ha retirado por los golpes, por los sustos, por las caídas, por el mar. Yo creo que una etapa del deporte es enfrentar los miedos, sobre todo la vela, porque estás en un ambiente desconocido, a la mitad del mar y que te pase algo, como naufragar o algo así. Por eso pienso que también te debe gustar mucho el ambiente, estar tú solo en el mar, con la naturaleza, porque uno no está peleando contra el mar, sino uno tiene el mar a su favor.

¿Cuál ha sido el momento en donde más has sentido temor?

Al principio, no sabía nadar, entonces me aterrorizaba. He tenido algunos encuentros con tiburones en Ecuador y Chile. Recuerdo que el encuentro con el tiburón fue muy cercano, pero él no fue para nada agresivo, yo creo que tenía más miedo él que yo, pero el susto de ver un tiburón tan cerca, que estaba como a cinco metros, no sé, apenas lo vi, hice un movimiento brusco en el barco para alejarme, pero después se fue.

¿Cómo fue el proceso de abrirse camino en el departamento y en el país para obtener los recursos para su preparación?

Desde muy joven mis padres y mi familia me apoyaron y con ese inicié, pero poco a poco he conseguido apoyo con el Ministerio de deporte y con el Indersantander. Es un deporte muy caro, y como no es tan conocido, es muy difícil conseguir patrocinadores, pero los he tenido y son los que me ha dado ese impulso y he llegado a ser del equipo Colombia, lo que me facilita muchísimo mis participaciones internacionales.

¿Cómo ve el panorama deportivo en Santander y Colombia?

En todos los deportistas hay una parte personal, que es básicamente el inicio. El inicio de mi vida deportiva fue apoyado por mis padres, mis familiares e incluso por mí, entonces ese es como el primer apoyo. Pero, cuando uno entra a la parte profesional y empieza a ser atleta de alto rendimiento, requiere los apoyos económicos del gobierno o empresas privadas. Es por eso que el Estado tiene que ‘ponerse las pilas’ porque hay que apoyar muchísimo el deporte santandereano y colombiano. Le agradezco mucho al Indersantander, pero a las empresas privadas también hay que motivarlas a hacer campañas deportivas de servicio social, para apoyar el deporte y que hayan más triunfos.

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Cuénteme un poco su escuela ‘Acuavela’ ¿cómo y por qué nace?

Acuavela es una fundación, una escuela de vela que yo dirijo desde hace un par de años. Inició más o menos en 2015 con unos niños de la región que no tienen las capacidades de acceder a un club náutico y practicar este deporte y les enseñamos de manera gratuita sobre la vela. Nuestro principal objetivo eran los Juegos Nacionales y una niña logró una medalla de bronce y yo una de oro. Tenemos campeones nacionales, subcampeones nacionales, medallas de bronce, cuartos puestos, lo que se convierte en un trabajo exitoso.

Iniciamos con 25 niños y fuimos reduciendo el número hasta terminar con ocho navegantes. Esperamos que en un futuro nos apoye alguna empresa privada o el gobierno, porque es difícil para mí realizar entrenamientos y dictar al mismo tiempo. También he estado saliendo mucho y los chicos se quedan solos.

Yo quiero hacer varios proyectos a nivel nacional, porque aquí en Colombia hay mucho talento. No es sino que los niños aprendan, les guste, y ellos siguen adelante. No quiero quedarme solo en Santander, sino expandirme a nivel nacional y de esa forma que la vela crezca en Colombia.

¿Ahora cuál su sueño más grande?

Estoy haciendo mi campaña olímpica. Planeo iniciarla este año con miras a los Juegos Olímpicos de París 2024 y de ahí en adelante todo lo que se venga. Yo creo que mi más grande sueño y mi más grande meta son los olímpicos

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