Durante esta semana se ha celebrado en el mundo el Día Internacional de las librerías, impulsada por Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros. Y este es un buen momento para reflexionar sobre el panorama de Bucaramanga en cuanto a librerías, libros y lectura.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Sergio Cely heredó el oficio de su padre, uno de los más hermosos del mundo: el de librero.
Hace 50 años Profitécnicas, la última librería local que se mantiene en pie, abrió sus puertas, y desde niño, Sergio se interesó, rodeado de libros como estaba, por sostener para la ciudad el negocio.
Y lo ha logrado.
Hoy es la única librería local que de forma física se mantiene en pie, ya que de manera virtual hay varias iniciativas interesantes y, persisten también en la ciudad aquellas ventas de libros de segunda mano donde hay varios tesoros que vale la pena explorar.
Pero por lo quijotesca es bella esta idea, lo cierto es que tras 22 años como librero y gerente, Sergio admite que ha sido difícil.
“Este es un negocio difícil. Es incomprensible que Bucaramanga sea tan grande y no tenga más librerías. Es un fenómeno raro. Pero el problema de las librerías no es de Bucaramanga, sino más bien a nivel nacional”, señala.

Y comenta que en ciudades como Medellín están naciendo nuevas librerías, pero que esto no se presenta en nuestra Bucaramanga.
Cely se refiere a la nueva sucursal de la Librería Nacional que abrió en agosto en el Valle de Aburrá.
Sin embargo, es enfático en afirmar que no se trata de que las personas no lean, al contrario: según la más reciente Encuesta Nacional de Lectura, que estuvo a cargo del Dane y el Gobierno Nacional y que se realizó en 2018, Bucaramanga ocupa el puesto 16 entre las ciudades que más leen. Y si bien no es un índice perfecto, tampoco está mal. En promedio, los bumangueses leen alrededor de cuatro libros al año.
“Es algo cultural: a los chicos le gusta leer, los colegios están haciendo su labor, pero si librerías locales hay una y está la librearía de cadena que es Panamericana. Y las bibliotecas”, explica Cely.
Por supuesto, un apoyo más decidido de los gobiernos, tanto nacional como local, podría ayudar. En Francia, por ejemplo, la Ley del Libro obliga a los entes estatales a comprar los libros en la librería física más cercana.
En Bucaramanga, Profitécnicas, que comenzó como una librería para vender libros específicamente técnicos, tras cinco décadas en el mercado tiene una vasta oferta que abarca también lo literario.
“Tenemos muchas cosas por mejorar, pero trabajamos con mucha fuerza y sabemos que lo estamos haciendo bien. Sobrevivimos a la pandemia ya que afortunadamente tenemos el canal de Internet y empezamos a tener una presidencia nacional bastante importante”, explica Cely.
Cely pertenece la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, que a través del Ministerio de Cultura tiene un programa que se llama Escuela de Libreros, que llevará a cabo una conferencia este fin de semana.

Un panorama complicado
Por su parte, Puno Ardila Amaya, Jefe de Publicaciones UIS, cuenta que ve un panorama desolador para las librerías en la ciudad.
“La librerías pueden terminar convirtiéndose como las droguerías que conocemos en Colombia, que venden drogas, que es lo que tienen que vender las droguerías, aunque aquí les dicen medicamentos, pero también venden chitos, galletas, trago, gaseosas. En fin, tienen que convertirlas en tienda porque no les resultan”, señala Ardila.
Y coincide en la labor quijotesca que significa tener una librería en Bucaramanga: “conocemos de varios casos que han tenido que declinar la idea. Abrapalabra cerró y Tres Culturas, que fue un muy buen lugar para ir a buscar libros tuvo también que cerrar porque no había alternativa. La gente no compra libros, dicen que son costosos pero la gente no se gasta 80.000 pesos en un libro, pero se gasta en la tienda el fin de semana 250.000 en cerveza”.

La clave está en la promoción de lectura
La promoción de lectura es un paso fundamental a la hora de impactar positivamente en la creación de librerías en la ciudad.
Yaira Alfaro, líder estratégica de la unidad de Cultura y Eventos de Cajasan, señala que “los libros salvan vidas porque encontré a un niño en el norte de la ciudad que decía: mi mamá no me quiere, yo soy un niño no deseado, a mí los únicos que me hablan son los libros y entonces empezaba a contarme las historias que había en los libros. La literatura en general permite ese encuentro con la empatía”.
Alfaro, además, agrega que “hoy por hoy es difícil garantizar el acceso al libro porque muchas personas tienen barreras y se considera el libro un lujo, un accesorio y resulta que también hace parte fundamental para vivir, como lo decía García Lorca, “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera! Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir horizontes, es decir escaleras para subir a la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”. Entonces que existan espacios y programas de promoción de lectura, escritura y oralidad es democratizar también el conocimiento, permitir que muchos niños y niñas tengan acceso a esa cultura escrita y desacralizar la escritura, que ellos también puedan escribir su propia historia”.
Por ejemplo, Cajasan tiene dos procesos de promoción de lectura: uno, con primera infancia, donde 1.300 niños de zonas vulnerables de Bucaramanga y Girón reciben un espacio pensado desde los cuatro pilares como la literatura, el juego, la exploración del entorno y el arte y, a partir de allí, se generan hábitos lectores a través de las historias, el dibujo, la oralidad y la creación de libros artesanales, donde cada participante tiene la oportunidad de escribir su propia historia.
Por otro lado, el programa “Leo y aprendo” se enfoca en municipios del departamento como Aratoca, Puerto Wilches, Sabana de Torres, Rionegro, Curití y el área metropolitana de Bucaramanga para trabaja lectura, escritura y la oralidad con 2.900 niños, niñas y adolescentes para desarrollar espacios donde los niños puedan enamorarse de las historias.

También está el programa Bibliotech, con una biblioteca física ubicada en Piedecuesta y que está dotada de tecnología para hacer radio, televisión, realidad virtual, podcast y es única en su género.
Asimismo, está la biblioteca Parque Condominio, que atiende niños y niñas tanto afiliados como no afiliados a la Caja Santandereana de Subsidio Familiar Cajasan y donde desarrollan programas de promoción de lectura.
Es importante mencionar que las Cajas de Compensación Familiar tienen una orientación legal especialmente para desarrollar procesos con bibliotecas y promoción de lectura, es sin duda un aporte importante para la región, porque desde los procesos de lectura, escritura y oralidad se generan espacios para compartir saberes, transformar conflictos y construir desde la escritura creativa la nueva historia.
Por su parte, Isaías Romero Pacheco, escritor y mediador de lectura señal que en la medida en que más personas se acerquen a la lectura, las librerías tienen una mayor posibilidad de existir: “sin embargo, hay que tener muy en cuenta también que las librerías dejaron de ser hace mucho tiempo sitios donde solamente se comercializan libros u objetos. Las librerías, y quedó demostrado en pandemia, son espacios en los cuales la gente también interactúa: el papel de librero, que parecía que estaba desapareciendo, tiene una relevancia muy vital para orientar las lecturas”.
Romero señala que quienes van a las librerías tienen así un catálogo literario al cual acogerse, pero que éste debe responder a las necesidades de los lectores y “no solo al boom, a lo que se comercializa. Esto genera una industria en las librerías”.
Sin embargo, Romero insiste en que la pandemia resurgieron librerías alternativas en la adquisición de materiales bibliográficos.
“Ya no es solamente el libro de éxito, también el libro que necesita el lector, y los lectores son diversos. Tenemos los lectores a quienes les gusta la novela, el cuento y la poesía, pero también a quienes les gusta la historia, la geografía, la ciencia natural, la gastronomía y para todos debe existir oferta”, concluye Romero.
















