Cultura
Sábado 17 de mayo de 2025 - 05:54 AM

Sergio Andrés Amaya revela los silencios que rodean al Nuevo Liberalismo

En su libro Exterminio del Nuevo Liberalismo, Sergio Amaya reconstruye una historia de silencios, crímenes impunes y disputas políticas que aún dividen al país.

Sergio Andrés Amaya revela los silencios que rodean al Nuevo Liberalismo. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA
Sergio Andrés Amaya revela los silencios que rodean al Nuevo Liberalismo. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA

Compartir

Publicado por: Redacción Cultural

En 2021, mientras el país debatía si la historia debía devolverse en forma de reconocimiento legal, un joven politólogo y abogado empezó a desenterrar un capítulo sepultado entre silencios, traiciones y disparos. Sergio Andrés Amaya Cubillos no imaginó que su tesis de grado se convertiría en un libro incómodo, revelador y necesario: Exterminio del partido político Nuevo Liberalismo.

Lea también:

Bucaramanga celebra el Día de los Museos: prográmese con el Museo de Arte Moderno

Todo empezó cuando la Corte Constitucional restituyó la personería jurídica del partido fundado por Luis Carlos Galán. “Ahí surgió la pregunta: ¿realmente acabaron al Nuevo Liberalismo por persecución política?”, recuerda Amaya. Lo que al principio era una inquietud académica terminó por convertirse en una travesía de casi tres años, en la que el autor se sumergió en archivos, entrevistas y testimonios para abordar una palabra tan dura como ambigua: genocidio político.

En su investigación, Amaya no busca imponer una verdad, sino abrir una discusión. “Hablar de genocidio político es muy pesado”, admite. A diferencia de lo ocurrido en Ruanda o la Alemania nazi, donde las víctimas eran exterminadas por razones étnicas o religiosas, en Colombia la violencia contra los galanistas tuvo matices más sutiles, pero no por eso menos devastadores. “Muchos crímenes no fueron esclarecidos. Se tejían explicaciones como que eran problemas personales, o líos entre bandas, cuando en realidad había una persecución selectiva contra ciertos líderes del movimiento”.

El libro dialoga desde el derecho y la ciencia política. Sergio entrevistó a 25 personas ligadas al Nuevo Liberalismo en los años 80, cuyos testimonios recogió de forma anónima. Descubrió un pasado no resuelto: “ese episodio no ha sido superado. Las heridas siguen abiertas. Algunos se culpan entre ellos, otros prefieren callar. Pero lo más fuerte es que muchos casos de violencia quedaron flotando, sin justicia”.

“Poner hechos en palabras fue lo más difícil”, confiesa. La escritura implicó navegar entre versiones enfrentadas, verdades a medias y recuerdos desgastados por el tiempo. Pero también le trajo satisfacción: “Las voces de las regiones me agradecieron por contar lo que vivieron. Me dieron pistas de nuevos casos. Sentían que por fin alguien los estaba escuchando”.

Y es que, como suele ocurrir, la historia oficial no se parece mucho a la que se cuenta desde las orillas. Mientras en las capitales muchos insisten en que Galán cerró el Nuevo Liberalismo por amenazas, Sergio demostró que fue una jugada política para regresar al Partido Liberal con miras a la presidencia. “Eso también lo aclara el libro. Era necesario contar la historia del movimiento, no solo del mártir”.

Publicidad

El libro ha sido bien recibido por el público, aunque no exento de incomodidades. “Muchos de los protagonistas siguen vivos. Y hay temas que todavía duelen, porque remueven pasados personales y decisiones políticas”. Sin embargo, en las regiones, donde la violencia no fue noticia sino rutina, la obra ha sido un espejo, una catarsis. “Fue conmovedor. La gente me contaba casos que yo no conocía. Me dijeron: ‘gracias por escribir esto’”.

¿Y ahora qué? ¿Cerrar el capítulo? Sergio lo tiene claro: no. Hay dos caminos que lo inquietan. El primero, reconstruir el Nuevo Liberalismo desde su pensamiento político, más allá de la violencia. El segundo, rastrear las redes de poder que articularon alianzas entre agentes del Estado, paramilitares y narcotraficantes para silenciar voces incómodas en las regiones.

“El Nuevo Liberalismo también fue víctima de una violencia de alta intensidad, como ocurrió con la Unión Patriótica, aunque en menor escala. Hay que seguir investigando eso”. Y lo dice con el tono de quien ha mirado de frente al pasado y ha entendido que la historia no se honra en los mármoles, sino en las preguntas que todavía incomodan.

Publicado por: Redacción Cultural

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad