Cincuenta años después de la muerte de Gonzalo Arango, una vieja página de Vanguardia Liberal devuelve su voz a Bucaramanga. Entre profecías, Nadaísmo y Todoísmo, su rebeldía todavía pregunta qué queda por hacer después de decir no.

Publicado por: Manuel Moreno García
El sábado 25 de septiembre de 1976, la antigua Vanguardia Liberal levantó muy temprano a los bumangueses de la época con una noticia: Gonzalo Arango, el profeta del Nadaísmo, había partido de este mundo. Cincuenta años después, aquella página amarillenta, encontrada en una desvencijada biblioteca, vuelve para hablarnos de la vida en tiempos de la muerte.
Gonzalo se fue porque, como dijo el filósofo Diomedes Díaz, «muertos estaremos mucho tiempo». Pero el Nadaísmo no terminó de irse con él. Quedó en las palabras, en los gestos, en las preguntas, en esa manera de no aceptar que el mundo tuviera que ser necesariamente como nos habían dicho que era.
Pero Gonzalo dejó también una profecía. En una de las cartas recogidas por Eduardo Escobar, después de contar su accidentada visita a Bucaramanga y de referirse a la Universidad Industrial de Santander como una universidad «toda tecnicista», escribió:
“Monjeloco, Jotamario, Equis, Melchor, Dukardo y demás brujos zen: Hace media hora llegué de Bucaramanga a donde fui invitado a dictar conferencias. Éxito sensacional. Como siempre, la crisis entre directivos y estudiantado. Prohibieron la segunda conferencia, pero los estudiantes me exigieron hacerla como un desafío a los superiores. Parece que habrá renuncia del rector, desintegración del consejo superior, o sea, una crisis en todas las jerarquías. Por parte de los muchachos, una gran acogida y creo que algunos sufrirán expulsión. Pero este enfrentamiento es lo que estará interesante. Los sectores burgueses, reaccionarios, clericales y tradicionalistas, muy indignados, como nos sucedió en Manizales.
En Bucaramanga no hay precisamente ambiente para nuestra literatura, pues la Universidad es toda tecnicista, pero de allí va a salir una cosa “como una verga que se empina”. Lo cierto es que hay sectores juveniles ubicados en la izquierda y éstos dirigen al espíritu de la Universidad. Si uno de estos días le da a alguien por dejar la metalurgia y los hornos crematorios, será un nadaísta integral. Esperemos."
Y así fue.
Porque, ¿qué otra cosa es un Todoísta sino un Nadaísta integral y viceversa?
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Precisamente para hablar de integrales y derivadas, y devolverle un poco de poesía a ese lenguaje tecnicista que tanto cuestionó Gonzalo, esta mañana, al bajarme del bus, escuché a una señora decirle al conductor:
“Recuerde que nadie es más que nadie o menos que nadie”.
Y pensé que quizás allí había una pequeña ecuación para este tiempo.
Si nadie es más que nadie ni menos que nadie, entonces tal vez no se trata de dividir, sino de multiplicar. De sumar nuestras manos, nuestras voces, nuestras diferencias. De integrar lo que hemos pasado demasiado tiempo separando.
El Nadaísmo tuvo el valor de decir no cuando decir no era necesario, en tiempos de dictadura. Quizás al Todoísmo le corresponde ahora hacerse otra pregunta, en estos tiempos difíciles:
¿Qué hacemos después del no? ¿Debemos pasar al sí?
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Porque negar puede ser un comienzo. Pero después de la negación queda una tarea más difícil: volver a juntar.
No para borrar las diferencias, sino para hacer con ellas algo distinto. No para convertirnos en uno solo, sino para descubrir qué puede ocurrir cuando muchos dejan de pensarse como partes aisladas.
Quizás por eso, cincuenta años después de la partida de Gonzalo, seguimos necesitando su pregunta. Y quizás también aquella profecía sobre Bucaramanga.
Porque si del Nadaísmo nació un nadaísta integral, tal vez del Nadaísmo aún quede Todo por hacer...O por dejar de hacer.
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Por ahora me rindo a responder tan importante cuestión o problema. Me devuelvo, entonces, a mi silencio poético, dejando a su consideración un poema dedicado a la memoria cargada de olvido:
Ecuación
Si nadie es más que nadie
ni menos que nadie,
no se trata de dividir,
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sino de multiplicar:
sumar nuestras manos,
integrar nuestras diferencias
para no derivar
—Dios mediante—
en basura nuclear.
Manuel Moreno
Poeta todoísta
Y para finalizar, les dejo a sus conciencias nuestro más reciente lema comunero-Todoísta:
De la Nada al Todo,
y del río hasta el mar,
el Todoísmo vencerá.















