Un bocachico intervenido con palabras populares, la flor nacional, el café y hasta el jabón Rey hacen parte de Colombia es una chimba, la colección con la que la artista santandereana Gladys Jaimes lleva la memoria, el lenguaje y los símbolos cotidianos del país a camisetas y bolsos.

Publicado por: Redacción Cultural
Un bocachico azul lleva sobre el cuerpo su ficha taxonómica. Otro, rojo, se llena de palabras que los colombianos han pronunciado durante generaciones. Cerca aparecen una orquídea, el café de todos los días y hasta un jabón Rey. Y sobre ese pequeño inventario de especies, objetos, recuerdos y maneras de hablar se impone una expresión que parece resumirlo todo: Colombia es una chimba.
Ese es también el nombre de la primera colección de la artista Gladys Jaimes, una propuesta que lleva sus ilustraciones del papel a camisetas y bolsos tote bag y convierte elementos aparentemente comunes de la vida colombiana en piezas para vestir.

“Mi primera colección surge con el ánimo de aplicar mi arte en prendas y productos, para que las personas puedan tener una pieza de arte original sin que necesariamente sea un cuadro o tengan que pagar mucho dinero. La idea es ofrecer piezas de calidad y exclusivas”, explica Jaimes.
Para Ulibro, la artista decidió mirar hacia el país y buscar allí los elementos de sus nuevas ilustraciones. No recurrió únicamente a los grandes símbolos nacionales. Su mirada se detuvo también en aquello que habita las cocinas, los ríos, las conversaciones y las casas.

“Para Ulibro, las ilustraciones giran en torno a Colombia, a su riqueza de fauna y flora, a su jerga popular y a productos insignia. Están el bocachico y la Cattleya trianae, además del café, que es el aroma de nuestra tierra, y el jabón Rey”.
Así, en una misma colección pueden encontrarse la biodiversidad colombiana y un producto doméstico; una especie de río y una expresión popular; información científica y palabras que pertenecen a la conversación cotidiana.

Del animal al papel
La construcción de las imágenes parte de la ilustración en técnicas mixtas. Todas las obras originales fueron elaboradas sobre papel y posteriormente algunas incorporaron textos ajustados de manera digital.
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En el caso del bocachico, el proceso tuvo una particularidad: Jaimes trabajó directamente a partir del animal.
“Todas las piezas están realizadas con técnicas mixtas sobre papel. En el caso del bocachico, la ilustración fue tomada directamente del animal y los textos fueron ajustados digitalmente”.

De esa experiencia surgieron dos interpretaciones distintas de la misma especie. Una se aproxima al lenguaje científico y la otra a la oralidad colombiana.
“Del bocachico hice dos piezas: una azul, que lleva la ficha taxonómica de la especie, y una roja, intervenida con palabras de nuestra jerga popular”.
Ese cruce es una de las claves de la propuesta de Jaimes. Las ilustraciones no aparecen solas: sobre ellas circulan datos, nombres, palabras y referencias que amplían la imagen y obligan a detener la mirada.

“Cada ilustración está intervenida con información biológica o con palabras de nuestra jerga popular”.
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La pieza, entonces, puede contemplarse por su forma y su color, pero también leerse. La información biológica y el lenguaje popular ocupan un mismo espacio, como si una ficha científica pudiera conversar con las palabras escuchadas en una casa, una plaza o una calle colombiana.
El jabón Rey, el café, el bocachico o una expresión popular tienen algo en común dentro de esta colección: forman parte de referencias que muchas personas reconocen sin necesidad de explicaciones.
Precisamente allí encuentra Jaimes el sentido de Colombia es una chimba. El nombre no surgió solamente como una frase llamativa para identificar las piezas. Proviene de una expresión que acompaña a la artista desde su infancia.
“La colección se titula Colombia es una chimba. Es una expresión que tengo en mi memoria desde muy niña y con ella quería hacerle un homenaje a mi tierra, a mi país, a su jerga, al territorio y a sus productos. Me interesa esa memoria colectiva que atraviesa estratos sociales y niveles educativos, esas cosas que todos reconocemos y que, por ser tan comunes, muchas veces pasan desapercibidas”.
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Para Jaimes, el arte permite volver sobre esos elementos cotidianos y mirarlos desde otro lugar.
“Cuando esos elementos se abordan desde el arte, las personas analizan, ríen, interactúan y recuerdan. Eso es la memoria”.
Su propuesta trabaja justamente con aquello que por familiar corre el riesgo de volverse invisible: el objeto que siempre estuvo en casa, la palabra que se aprendió escuchando a otros, el alimento que pertenece a una región o la especie que habita un río. Elementos comunes que, reunidos en una obra, empiezan a contar otra historia.
La elección de ese universo colombiano tampoco fue solamente conceptual. Hubo una relación emocional con el tema.
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“Esta colección la sentí en el corazón, desde las entrañas. Sentía que debía girar en torno a nuestro territorio”.

Arte que sale a la calle
La colección también nació con otra intención: ampliar los lugares en los que puede encontrarse una obra. En lugar de limitar la ilustración al cuadro, Jaimes comenzó a pensar en superficies capaces de acompañar a las personas en su cotidianidad.
“La colección surge con la idea de aplicar mis piezas originales en diferentes materiales. En esta ocasión lo hice en prendas de vestir, como camisetas y bolsos tote bag”.
El cambio de soporte transforma también la circulación de la obra. Una ilustración deja de permanecer fija en una pared y puede caminar por una feria, una universidad, una calle o una ciudad sobre una camiseta o un bolso.
Y esas primeras prendas no representan para Jaimes un destino definitivo. Son apenas uno de los lugares posibles para sus imágenes.
“La idea es que las piezas puedan ir migrando hacia diferentes formatos y ofrecer distintas versiones de arte al público”.













