Magazín cultural
Miércoles 30 de septiembre de 2026 - 04:04 PM

Hace 15 años nació Sentiido: así cambió la conversación sobre las personas LGBT en Colombia

En 2011, mientras la Corte Constitucional ampliaba el reconocimiento de las parejas del mismo sexo, Colombia registraba decenas de homicidios contra personas LGBT. En ese contexto nació Sentiido, un blog artesanal que 15 años después se convirtió en una organización dedicada al periodismo, la investigación, la pedagogía y el cambio cultural.

María Mercedes Acosta y Li Cuéllar, cofundadoras y codirectoras de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.
María Mercedes Acosta y Li Cuéllar, cofundadoras y codirectoras de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

En 2011, una pareja del mismo sexo en Colombia todavía no podía casarse ni adoptar conjuntamente. Sin embargo, ese año empezó a moverse una de las fronteras más importantes en el reconocimiento de sus derechos. En abril, la Corte Constitucional extendió a las parejas del mismo sexo el derecho a la porción conyugal, una protección patrimonial que hasta entonces las excluía. Tres meses después, con la Sentencia C-577 de 2011, el alto tribunal reconoció que las parejas homosexuales también podían constituir familia y advirtió que existía un déficit de protección que el Congreso debía corregir. Le dio plazo hasta junio de 2013 para legislar sobre la materia.

Pero mientras desde los tribunales se abrían puertas, afuera la realidad era otra.

Colombia Diversa documentó al menos 111 homicidios de personas LGBT durante 2011. En 14 de esos casos identificó el prejuicio por orientación sexual o identidad de género como móvil; en 93 no pudo establecerse la motivación y en cuatro se determinó que el crimen no estaba relacionado con prejuicio. Sumados los datos de 2010 y 2011, la organización registró 280 personas LGBT asesinadas, la cifra más alta que había reportado hasta entonces para un periodo de dos años desde que inició ese seguimiento sistemático en 2006. La propia organización advertía, además, sobre las dificultades para investigar los casos y sobre las profundas fallas de información existentes.

Era un país en el que los derechos empezaban a reconocerse en las sentencias, pero todavía estaban lejos de sentirse garantizados en la calle. La diversidad sexual comenzaba a ocupar con mayor frecuencia el debate público, aunque muchas veces lo hacía asociada a la discriminación, la violencia o la controversia.

En medio de ese escenario apareció un pequeño blog.

Se llamaba Sentiido Contrario.

Quince años después, aquel proyecto artesanal se convirtió en Sentiido, una organización que ha pasado por el periodismo, la investigación, la pedagogía, la producción de conocimiento, el teatro, el humor y las nuevas narrativas para hablar sobre diversidad sexual y de género.

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María Mercedes Acosta y Li Cuéllar, cofundadoras y codirectoras de Sentiido, miran ese recorrido como una historia atravesada por conquistas jurídicas, cambios culturales, movilizaciones y también por momentos en los que derechos que parecían consolidados han vuelto al centro de la discusión pública.

“Lo primero que se me vino a la mente es que recién Sentiido arrancó, nuestras primeras publicaciones estaban muy asociadas con el debate del matrimonio igualitario. Ese era el tema: ir a las marchas, convocar, estar ahí, sacar artículos. Después vino la adopción y ahora siento que estamos un poco peleando por defender esos derechos, por mantenerlos. No me imaginaba que 15 años después íbamos a estar tratando de sostener lo que ya se había avanzado y lo que mostró que funciona”, recuerda Acosta.

Esa sensación marca una de las paradojas que atraviesan el aniversario. En década y media aumentaron la visibilidad, las organizaciones, las investigaciones y la presencia de estos temas en los medios, pero varias discusiones que parecían superadas han regresado bajo otros nombres.

Cuéllar recuerda que el escenario mediático era muy distinto cuando comenzaron.

“Cuando Sentiido arrancó realmente tampoco había tanta información sobre eso. Había organizaciones muy grandes, estaba Colombia Diversa, Caribe Afirmativo estaba naciendo por esos años, pero en términos de comunicaciones y de medios todo eran proyectos muy chiquitos, independientes, algunos todavía en impreso y apenas mirando hacia lo digital. A nosotras nos tocó también construir ese conocimiento para que la gente entendiera que estos temas no tenían por qué aparecer siempre en la sección judicial”, explica.

El cambio, sin embargo, no ha sido igual de rápido en todos los terrenos. Para Acosta, los avances jurídicos no necesariamente significaron una transformación cultural con la misma profundidad.

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“Uno ve que las leyes avanzaron, pero culturalmente todavía nos faltaba camino por recorrer. Que sigamos debatiendo este tipo de cosas demuestra que hay mucha gente que todavía no las entiende. Y hay creencias muy arraigadas que hemos venido trabajando desde entonces y que se mantienen”, señala.

María Mercedes Acosta, cofundadora y codirectora de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.
María Mercedes Acosta, cofundadora y codirectora de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.

Un blog hecho “con el corazón”

La historia de Sentiido empezó sin grandes planes empresariales. Acosta trabajaba en Semana y cursaba una maestría en periodismo. Cuéllar hacía un doctorado en Historia. Una propuesta para el trabajo final de la maestría terminó abriendo un camino que ninguna de las dos imaginaba que duraría década y media.

“Li fue quien propuso: ‘¿Por qué no hacemos algo sobre el tema LGBT?’. A mí todavía me daba un poquito de miedo meterme porque no estaba tan fuera del clóset y justamente era un tema del que no se hablaba tanto. Ponerse tan expuesta daba miedo. Pero una tarde cualquiera creamos un blog que se llamaba Sentiido Contrario. Li empezó a hacer publicaciones muy sencillas, dos o tres párrafos sobre algún debate de actualidad, y así estuvimos como un año: una cosa muy incipiente, muy artesanal, muy hecha con el corazón”, cuenta Acosta.

La motivación estaba también en una ausencia: no encontraban en los medios tradicionales las historias con las que querían identificarse.

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“No nos sentíamos muy representadas. Eso ha cambiado muchísimo, pero en ese momento era un tema secundario, marginal. Después yo salí de Semana y empecé a hacer más entrevistas, reportajes y contenidos periodísticos. Y ahí fue creciendo como una ola. No fue una cosa de pasar de 2.000 a 10.000 y al otro día a 20.000. Ha sido un crecimiento lento, pero sostenido. Pues como es el cambio cultural: no ocurre de un día para otro”, agrega Acosta.

Cuéllar conserva imágenes muy precisas de aquellos primeros años. Facebook era uno de los principales canales de circulación y Twitter apenas empezaba a convertirse en una herramienta cotidiana para proyectos de comunicación.

“Me acuerdo de estar en la Universidad de los Andes, esperando que empezara una clase, y decir: ‘Oiga, abramos un Twitter de Sentiido’. Nosotras lo hacíamos mucho más con el corazón que con el conocimiento. La experiencia que teníamos de la homosexualidad era ser lesbianas; ni siquiera conocíamos toda esa diversidad. A partir de los comentarios, de empezar a leer y de conocer activistas, se nos abrió el mundo”, recuerda.

La estrategia para encontrar lectores también tenía mucho de ensayo y error.

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“Nos metíamos a grupos de Facebook a compartir los posts. Eran grupos de todo tipo, algunos que no tenían nada que ver con lo que hacíamos, y nosotras llegábamos a poner nuestros artículos ahí. A partir de eso la gente nos empezó a conocer. Después vino la página, las redes y todo empezó a tomar otra forma”, relata Cuéllar.

En algún momento, Sentiido dejó de ser un proyecto paralelo. Primero Acosta decidió dedicarse por completo a la organización y, años después, Cuéllar hizo lo mismo al abandonar la docencia universitaria.

La decisión, recuerda Cuéllar, estuvo lejos de esa imagen romántica del emprendimiento que suele describirse como un “salto al vacío”.

“Ese salto al vacío es terrible. Uno está sin plata, no sabe cuál es el modelo de negocio, no sabe nada, y se lo ponen a uno como si fuera algo súper ideal. Mechas y yo sí fuimos muy arriesgadas. Realmente sacrificamos y arriesgamos nuestras relaciones familiares, nuestros salarios y nuestra reputación, porque en ese momento también estaba la idea de que ahora nos iban a ver como ‘las lesbianas que tienen una página de gays’, como si eso no fuera respetable”, cuenta.

Esa apuesta personal estuvo acompañada por otra discusión que marcaría la identidad del proyecto: la relación entre periodismo y activismo.

¿Periodismo o activismo?

Acosta venía de una formación periodística tradicional en la que la objetividad y la neutralidad aparecían como principios centrales. Sentiido la llevó a cuestionar esa idea.

“Yo venía de esa escuela que dice que uno debe ser neutral, pero finalmente uno nunca era neutral. Los medios tenían contenidos políticos, intereses económicos, siempre había una posición. Creo que lo que uno empieza a hacer es ser más transparente y decir realmente cuál es su posición”, afirma.

Para ella, asumir una perspectiva de derechos no significa abandonar el rigor periodístico.

“El activismo y el periodismo pueden tener caminos distintos, pero en últimas tienen objetivos muy parecidos: cuestionar al poder, revelar las injusticias. Yo creo que un periodismo que no revele las desigualdades, que no revele las injusticias, pues ¿qué clase de periodismo es ese? El periodismo puede hacerlo a través de reportajes o investigaciones y el activismo puede tener otras herramientas, pero se alimentan el uno del otro”, sostiene Acosta.

Su punto de partida, agrega, siempre ha sido el marco de derechos.

“Yo creo que todas las personas merecen los mismos derechos. Y no es solamente una creencia: si soy periodista, tengo que ajustarme a lo que dice la Constitución y a lo que dicen los derechos humanos. Esa es mi base para trabajar cualquier contenido. Lo importante es que tanto el activismo como el periodismo estén sustentados, tengan fuentes”, explica.

Cuéllar enfrentó una discusión parecida, pero desde la academia. Mientras trabajaba con documentos históricos y avanzaba en su carrera como investigadora, Sentiido iba ocupando cada vez más espacio en su vida.

“Yo estaba en una disyuntiva porque Sentiido empezó a convertirse en mi otra vida, mientras estaba en el Archivo General de la Nación investigando documentos antiguos. En la academia también había esa idea de que esto era ‘el top’: si usted está haciendo un doctorado, produzca conocimiento, produzca papers. Llegué a tener profesores que hacían chistes sobre Sentiido frente a mí en clase. Había una disyuntiva muy fuerte entre pensar que mi trabajo riguroso era la academia y mi hobby era Sentiido, cuando en realidad creo que terminó siendo al contrario”, recuerda.

En Colombia está abierto el debate por permitir la adopción por parejas del mismo sexo, que se resolvería mañana. (Foto: Colprensa / VANGUARDIA LIBERAL)
En Colombia está abierto el debate por permitir la adopción por parejas del mismo sexo, que se resolvería mañana. (Foto: Colprensa / VANGUARDIA LIBERAL)

Los hitos que marcaron historia

El archivo de Sentiido terminó registrando algunos de los principales debates que han atravesado los derechos LGBT en Colombia durante este periodo: matrimonio igualitario, adopción, discusiones sobre educación, movilizaciones sociales y campañas de desinformación.

Para Acosta, los debates alrededor del matrimonio y la adopción están entre los recuerdos más intensos.

“Me acuerdo muchísimo de todo el debate del matrimonio igualitario, del Congreso, de los opositores que iban apareciendo, de que iban a anular el matrimonio. Todo eso era súper estresante. Fueron momentos muy emotivos, pero también muy estresantes”, recuerda.

Cuéllar ubica otro momento decisivo en 2016, cuando tomó fuerza en Colombia la expresión “ideología de género” y circularon masivamente contenidos falsos alrededor de materiales educativos y derechos LGBT.

“Creo que fue de las primeras veces que vivimos una campaña muy masiva de desinformación en estos temas a través de internet y Facebook. Me acuerdo de que nos reuníamos y decíamos: ‘¿Qué hacemos?’, porque eso estaba calando en todas partes. Veías a familiares compartiendo noticias falsas sobre baños y sobre muchas otras cosas. Fue muy impresionante”, señala.

Esos años también quedaron registrados a través de la cobertura de las marchas del orgullo.

“Tenemos todo el récord del cubrimiento de la marcha LGBTI de Bogotá. Es muy lindo verlo porque al principio salíamos con una camarita chiquitica y nuestras primeras camisetas, y puedes ver durante 15 años cómo se ha transformado la marcha y cómo nosotras también nos hemos transformado en esa relación con el cubrimiento. Y ves activistas que ya no están. Casi podríamos hacer una cronología de cómo fue cambiando todo”, dice Cuéllar.

La experiencia acumulada también cambió la manera como enfrentan las nuevas olas de desinformación.

“Ahora veo cómo esa estrategia que se presentó en 2016 se repite con otros temas. Cambia un poco el libreto, pero la estrategia de miedo es muy parecida. La diferencia es que ahora tenemos más experiencia, más cancha. Ya sabemos cómo reaccionar y lo hacemos con menos miedo”, afirma Acosta.

Sentiido fue ampliando progresivamente su trabajo hacia la investigación. El propósito, explica Cuéllar, era combinar herramientas periodísticas y académicas para generar evidencia propia.

“Desde el inicio siempre procuramos combinar la investigación periodística y la investigación académica. Siempre fue un principio nuestro producir evidencias, desarrollar conocimiento. Al principio nos costó mucho trabajo porque no sabíamos muy bien por dónde agarrarlo y además hacer investigación cuesta mucha plata”, explica.

De allí surgieron investigaciones sobre bullying escolar, jóvenes LGBT durante la pandemia, violencia contra mujeres periodistas, educación sexual, transfeminismos y movimientos antigénero, entre otros temas.

Pero para Sentiido producir un informe no constituye el punto final del proceso.

“Nosotras producimos conocimiento y de ese conocimiento hacemos traducción cultural. Lo llevamos a nuevas narrativas, a pedagogías, a talleres. Esa es una parte muy importante de nuestro método”, señala Cuéllar.

Acosta explica que esa traducción permite que datos que podrían permanecer encerrados en documentos especializados encuentren otros públicos.

“Hay un complemento entre producir esas investigaciones y esos papers y tratar de comunicarlos de maneras mucho más sencillas. A veces es un cómic, a veces un carrusel, una historia. Datos que pueden ser muy etéreos, abstractos o difíciles de entender para mucha gente pueden convertirse en otros formatos”, señala.

Ese interés por explorar lenguajes ha llevado al proyecto al teatro, el stand-up, los personajes de sátira y las experiencias presenciales.

La expansión de los temas LGBT en los grandes medios también obligó a Sentiido a revisar su propia identidad. Cuéllar recuerda un momento en el que las dos se preguntaron qué sentido tenía seguir haciendo exactamente el mismo periodismo cuando periódicos y revistas con equipos mucho mayores comenzaron a cubrir diversidad con más frecuencia.

“Nos preguntábamos: ‘¿Qué es lo que nos hace diferentes?’. Y entendimos que Sentiido no iba a competir con El Espectador, con El Tiempo o con Semana. No somos un medio de coyuntura. Entonces dijimos: ‘Hagamos periodismo que tenga una vida larga’. Nosotros no vamos a sacar chivas ni a estar cubriendo el Congreso todo el tiempo”, recuerda.

La respuesta fue apostar por contenidos que sobrevivieran al ciclo inmediato de las noticias.

“Empezamos a hacer una especie de slow journalism, un periodismo lento. Pasaba algo, todo el mundo publicaba la chiva y nosotras, tres o cuatro días después, sacábamos una nota sobre las implicaciones de eso. Empezamos a hacer cosas más analíticas y la gente siempre valoró mucho esa parte de nuestro trabajo”, explica Cuéllar.

Li Cuéllar, cofundadora y codirectora de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.
Li Cuéllar, cofundadora y codirectora de Sentiido, organización que cumple 15 años trabajando alrededor de los derechos, la diversidad y el cambio cultural de las personas LGBT en Colombia.

Humor para hablar de lo difícil

Hay otro elemento que las dos identifican como parte esencial de Sentiido: el humor.

Cuéllar recuerda que estuvo presente desde los primeros años, aunque no siempre funcionó como esperaban.

“Mechas y yo siempre hemos compartido mucho el humor. Sentiido empezó haciendo humor y a veces nos dábamos cuenta de que la gente no entendía las columnas. Hacíamos una especie de The Onion, como Actualidad Panamericana, y la gente se ponía brava porque pensaba que era verdad. Entonces dijimos: ‘No hagamos más eso’, y durante varios años dejamos el humor”, cuenta.

Con personajes como Tía Nora y Power Plumas, esa dimensión regresó con fuerza y terminó conectándose con una idea que hoy ocupa un lugar central en el proyecto: el goce.

Cuéllar sostiene que durante demasiado tiempo las narrativas sobre las personas LGBT estuvieron asociadas casi exclusivamente al dolor.

“Lo LGBT siempre tiene un tinte muy complejo porque es un tema difícil, rodeado de las enfermedades, de lo judicial, de las personas que matan. Y es verdad: hay mucha discriminación y mucha violencia. No queremos ignorar eso, pero queremos poner algo más: queremos que la gente sienta goce de ser LGBT”, explica.

Ese giro aparece incluso en la manera de responder a frases que durante años fueron presentadas como halagos.

“Cuando te dicen: ‘Ay, pero es que no se te nota’, eso no es un piropo. Yo quiero que se me note. No me voy a ocultar. Queremos poner, sobre todas las cosas, a pesar de que tratamos temas difíciles, el goce; que no se nos olvide reírnos y que no se nos olvide que eso también es una herramienta para construir comunidad, informar, educar y producir conocimiento”, afirma Cuéllar.

A los 15 años, la pregunta vuelve a ser cómo reinventarse.

Acosta ve posibilidades en la combinación de contenidos digitales con experiencias presenciales y en la construcción de nuevos modelos de sostenibilidad.

“Creo que hay una oportunidad grande en lo presencial. Tener 200 o 300 personas en un teatro durante una hora poniendo atención a algo, en vez de estar haciendo scroll, también es efectivo. Son productos que se pueden presentar en distintas ciudades, incluso en otros países y adaptarse a su contexto. Hay que seguir innovando tanto en el modelo de sostenibilidad como en la manera en que llegamos a nuevas audiencias”, señala.

En algo, sin embargo, no contemplan cambiar.

“No podemos renunciar a nuestra misión: el cambio cultural”, dice Acosta. El desafío, agrega, seguirá siendo encontrar nuevas audiencias y nuevas maneras de conversar con ellas.

Quince años después de aquel blog creado en una tarde, Sentiido ya no cabe fácilmente en la definición de un medio de comunicación. Es también espacio de investigación, laboratorio narrativo, proyecto pedagógico y escenario de experimentación cultural.

Cuéllar lo resume desde una idea que atraviesa buena parte de esta nueva etapa:

“Queremos celebrar que existimos, celebrar que somos lo que somos y entender que uno también puede transformar la sociedad y la cultura a partir del humor”.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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