Magazín cultural
Domingo 18 de octubre de 2026 - 01:00 AM

¿Por qué estaban esas obras y archivos en el Museo Nacional de Colombia? La historia detrás de las piezas retiradas

Más de 40 obras, documentos y archivos fueron retirados de las salas permanentes del Museo Nacional de Colombia. Este reportaje reconstruye por qué estaban allí, qué buscaban contar dentro del guión museográfico y por qué su salida reabrió la discusión sobre memoria, patrimonio y relato histórico.

Museo Nacional de Colombia. Foto: Colprensa.
Museo Nacional de Colombia. Foto: Colprensa.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

En los últimos días, los visitantes del Museo Nacional se encontraron con paredes, vitrinas y espacios vacíos en salas que hasta hace poco reunían objetos de procedencias muy distintas: afiches de campañas políticas, documentos sobre la Constitución de 1991, archivos de organizaciones de mujeres y de los primeros movimientos LGBTIQ+ del país, obras sobre la violencia, símbolos de los procesos de paz, una pieza crítica sobre la minería e incluso la camiseta que Lucho Herrera utilizó en el Tour de Francia de 1985.

Aunque inicialmente se habló del retiro de unas 30 piezas, reconstrucciones posteriores han identificado al menos 48 objetos que dejaron de estar en exhibición. El conjunto permite entender que la discusión no se limita a un solo tema ni exclusivamente a la representación de las diversidades sexuales: lo que salió de las salas abarca distintos momentos de la historia política, social, cultural y ambiental de Colombia.

Una persona que trabaja en el Museo Nacional y que pidió reservar su identidad advierte además que no todo lo retirado puede entenderse como una obra de arte. “Los afiches de campañas políticas son documentos, son documentos del pasado. Un archivo también está conformado por eso”, explica.

Por eso, entre lo desmontado hay pinturas y grabados, pero también revistas, volantes, fotografías, banderas, documentos personales y objetos cotidianos que habían sido incorporados al relato del Museo por su valor histórico.

Además de la sala 'Hacers sociedad', también se removieron obras de la sala 'Memoria y Nación' - crédito @marcela_s_b/X
Además de la sala 'Hacers sociedad', también se removieron obras de la sala 'Memoria y Nación' - crédito @marcela_s_b/X

Un museo que comenzó a contar otras historias

Para entender por qué esos materiales estaban allí hay que volver a la transformación museológica que el Museo Nacional empezó a desarrollar hace más de una década.

La Constitución de 1991, al reconocer a Colombia como una nación pluriétnica y multicultural, también abrió una discusión sobre la manera en que las instituciones culturales representaban al país. El Museo comenzó entonces un proceso de renovación que buscó incorporar archivos, comunidades y acontecimientos que durante años habían tenido poca presencia en sus salas.

Ese proceso tomó fuerza durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, pero continuó posteriormente. En 2014 se inauguró Memoria y Nación y, en 2019, durante el Gobierno de Iván Duque, llegaron Hacer Sociedad y Ser Territorio. Esa continuidad es importante porque muestra que la construcción de estas salas atravesó administraciones distintas y fue el resultado de años de investigación y trabajo curatorial.

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Muchas de las piezas llegaron por donación después de procesos de búsqueda en archivos personales y colecciones particulares.

Entre los materiales retirados aparecen documentos relacionados con la Séptima Papeleta y la Constitución de 1991, un proceso que transformó las reglas políticas e institucionales del país.

También había referencias a dirigentes asesinados en medio de la violencia política de finales de los años ochenta y comienzos de los noventa.

Uno de los objetos desmontados era un afiche en homenaje a la candidatura presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, dirigente de la Unión Patriótica asesinado en 1990.

Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA
Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA

Su presencia dentro del Museo remitía a un episodio de la historia colombiana sobre el que, además, existe una verdad judicial internacional. En 2022, la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró al Estado colombiano responsable internacionalmente por violaciones de derechos humanos contra más de 6.000 integrantes y militantes de la Unión Patriótica y calificó lo ocurrido durante más de dos décadas como un proceso de exterminio.

Visto desde esa perspectiva, exhibir un documento relacionado con Jaramillo no significa hacer apología de un partido político. El objeto permite hablar de una candidatura presidencial, de un asesinato y de una persecución política cuyas dimensiones han sido establecidas por tribunales internacionales.

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Algo similar ocurre con los materiales relacionados con Carlos Pizarro. Su presencia permitía explicar cómo algunos integrantes de organizaciones armadas participaron posteriormente en procesos de paz, se desmovilizaron y entraron a la política legal.

“No es una apología al terror, es un documento histórico”, sostiene la persona que trabaja en el Museo Nacional consultada para este reportaje.

Los grabados que miraban la violencia

De Memoria y Nación también fueron retiradas obras de Carlos Correa, Alfonso Quijano, Augusto Rendón y Carlos Granada, además de nueve dibujos de Desenterrando memorias, de Inty Maleywa.

Las obras abordaban desde distintos lenguajes la violencia política, las víctimas y el conflicto colombiano.

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El conjunto permitía observar que la violencia no apareció en el arte colombiano después de un gobierno particular ni como resultado de una coyuntura reciente. Durante décadas los artistas han representado masacres, persecuciones, desapariciones, autoritarismos y otras formas de violencia.

En ese sentido, mostrar esas obras no equivalía necesariamente a ofrecer una interpretación única del conflicto, sino a exponer cómo distintos creadores lo habían observado y representado.

El desmonte alcanzó también una pieza que introduce otro asunto: la relación de Colombia con sus recursos naturales.

Se trata de Minería, de Antonio Caro, una bandera colombiana intervenida por el artista en la que el negro ocupa el espacio tradicionalmente asociado con el amarillo y con las riquezas del país.

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Caro utilizó esa transformación para hablar críticamente de la explotación minera y de las consecuencias de extraer los recursos naturales. La pieza había sido donada por el propio artista al Museo Nacional.

Su retiro amplía todavía más el panorama de la discusión. En las salas no solamente dejaron de verse documentos relacionados con orientaciones sexuales, feminismos o actores políticos. También salió una obra que planteaba preguntas sobre el territorio, la minería y el aprovechamiento de los recursos naturales.

Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA
Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA

Una revista que consiguió llegar hasta el futuro

Entre los materiales desmontados estaba también el primer número de Ventana Gay, publicado en 1980 por Manuel Antonio Velandia Mora, junto con fotografías, volantes y documentos de las primeras organizaciones homosexuales del país.

Muchos de esos archivos fueron conservados durante décadas por sus propios protagonistas, en una época en la que estas organizaciones tenían poca visibilidad pública y sus integrantes podían ser perseguidos.

Su llegada al Museo formó parte de una ampliación de la idea de patrimonio: la historia nacional podía contarse no solo a través de próceres, batallas o grandes obras de arte, sino también mediante los documentos que permiten reconstruir las experiencias de campesinos, mujeres, comunidades étnicas y sectores históricamente marginados.

La persona que trabaja en el Museo Nacional consultada para este reportaje resume esa idea señalando que la memoria histórica no se limita al conflicto armado y que un museo nacional necesita dar cuenta de esa pluralidad.

Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA
Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA

Los documentos históricos

En Hacer Sociedad también estaba la cédula de Katalina Ángel Ortiz, expedida en 2017 después del reconocimiento legal de su nombre y sexo.

Su valor dentro de la sala no dependía de que fuera una obra artística. Funcionaba como documento de un cambio ocurrido en la legislación y en la sociedad colombiana.

Esa diferencia entre objeto artístico y documento histórico atraviesa buena parte de la controversia. Un museo de historia puede conservar una cédula, un volante, una fotografía, un afiche electoral o una bandera porque cada uno permite reconstruir un momento de la vida del país.

“Representar la historia no significa justificarla. Recordar la violencia no equivale a celebrarla”, señala Manuel Velandia.

También fueron desmontados documentos relacionados con décadas de organización de las mujeres, entre ellos Nuestras Mujeres, de 1955, un manifiesto de 1978, un afiche de la Casa de la Mujer de 1989 y una edición de Ideales feministas.

Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA
Obras retiradas del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA

En conjunto permitían seguir cambios en las discusiones sobre ciudadanía, derechos y participación pública.

Para la persona que trabaja en el Museo consultada para este reportaje, exhibir esos materiales tampoco implica que la institución adopte como propia cada una de las posiciones contenidas en ellos. Un museo puede conservar un manifiesto político precisamente porque el manifiesto existió, circuló y produjo debates en un momento determinado.

Camiseta de Lucho Herrera desmontada del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA
Camiseta de Lucho Herrera desmontada del Museo Nacional en 2026. Foto suministrada/VANGUARDIA

Y también estaba Lucho Herrera

Entre las piezas desmontadas se encontraba incluso la camiseta de puntos rojos que Lucho Herrera utilizó durante el Tour de Francia de 1985, además de objetos relacionados con la televisión, la moda y otros aspectos de la vida cotidiana.

Ese detalle ayuda a entender la variedad de Hacer Sociedad.

En una misma sala podían encontrarse una publicación de las primeras organizaciones homosexuales, documentos de movimientos de mujeres, referencias a procesos políticos y una camiseta de ciclismo.

No porque esos objetos defendieran una misma posición ni porque contaran una sola historia, sino porque mostraban maneras diferentes de construir identidad y sociedad.

Los especialistas consultados hacen una distinción importante.

Los museos rotan permanentemente sus colecciones. Los documentos en papel, textiles, fotografías y otros materiales pueden necesitar periodos de descanso para evitar daños producidos por la luz, la humedad o una exposición demasiado prolongada.

Esas decisiones forman parte de los procedimientos habituales de conservación.

La controversia aparece cuando el retiro de las piezas no responde únicamente a razones técnicas sino a una revisión del contenido que una institución considera conveniente o inconveniente mostrar.

El Gobierno quiere revisar el relato

La decisión ocurre en medio de la denominada “contrarrevolución cultural” anunciada por el presidente Abelardo de la Espriella, quien ha cuestionado lo que considera usos ideológicos de las instituciones culturales y ha planteado revisar sus narrativas.

El 15 de octubre, el mandatario defendió públicamente el retiro de contenidos que, según su interpretación, podían constituir una exaltación del terrorismo.

Un día después, la ministra de las Culturas, Paola Holguín, sostuvo que el Museo Nacional no debe convertirse en un instrumento de “adoctrinamiento político”, difundir versiones sesgadas de la historia ni servir como espacio de “apología al delito o revictimización”.

La ministra señaló igualmente la necesidad de proteger a los menores frente a lo que denominó “material sensible” y confirmó que se está revisando la museología y la curaduría de los espacios administrados por el Ministerio.

Su pronunciamiento, sin embargo, no explicó de manera individual qué criterio llevó al retiro de cada pieza ni cuáles de ellas representarían adoctrinamiento, apología al delito o material sensible.

Esa ausencia resulta especialmente relevante frente a la heterogeneidad de lo desmontado: documentos sobre la Constitución de 1991, un afiche relacionado con Bernardo Jaramillo, archivos feministas y LGBTIQ+, obras sobre la violencia política, Minería, de Antonio Caro, y objetos de la cultura popular como la camiseta de Lucho Herrera.

Una discusión que otros museos ya conocen

Las disputas sobre la manera de narrar la historia en los museos no son exclusivas de Colombia.

En Estados Unidos, el Gobierno de Donald Trump ha cuestionado exposiciones del Smithsonian por considerar que algunas presentan determinadas perspectivas ideológicas. En Hungría, una exposición de World Press Photo con imágenes de personas LGBTIQ+ estuvo sometida a restricciones de acceso. En Polonia, el Museo de la Segunda Guerra Mundial vivió una larga controversia sobre la manera de representar la experiencia polaca durante el conflicto.

Los contextos son distintos, pero la discusión de fondo resulta conocida: cuánto puede intervenir un gobierno en la selección y la interpretación de los objetos mediante los cuales una institución pública cuenta la historia.

Hasta donde se conoce, las piezas retiradas continúan bajo custodia del Museo Nacional.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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