Vanguardia cuenta la historia detrás de las libretas de dibujo que usaron artistas y viajeros del siglo XIX para ensayar, equivocarse y construir sus obras. Verónica Uribe Hanabergh revelará en Bucaramanga cómo fue investigar estos cuadernos junto a Beatriz González y qué pueden contar hoy sobre la intimidad creativa de los artistas.

Publicado por: Redacción Cultural
Mucho antes de que existieran teléfonos capaces de almacenar miles de fotografías y notas, los artistas llevaban consigo otro instrumento para atrapar aquello que veían: una libreta.
J. M. W. Turner recorrió paisajes británicos y europeos llenando cuadernos con apuntes y acuarelas. Eugène Delacroix dibujó escenas, personajes y animales durante sus viajes. En Colombia, artistas del siglo XIX también utilizaron estos pequeños cuadernos para registrar desplazamientos, ensayar composiciones, observar el paisaje o preparar obras que más tarde llegarían a otros soportes.
Alberto Urdaneta dejó dibujos y recuerdos de sus viajes, mientras que Francisco Antonio Cano encontró en el cuaderno un lugar para registrar incluso escenas de su vida familiar. Cada página podía guardar algo que no estaba destinado a una sala de exposiciones: una prueba, una equivocación, una observación fugaz o el comienzo de una idea.
Más de un siglo después, esos objetos permiten ingresar a un territorio mucho más íntimo que la obra terminada.
Precisamente esa posibilidad llevó a Beatriz González y Verónica Uribe Hanabergh a sentarse frente a las libretas conservadas en los acervos del Banco de la República y la Biblioteca Luis Ángel Arango y comenzar a examinarlas una página tras otra.
El resultado fue la exposición Libretas de dibujos. Reencuentros de memoria gráfica, realizada entre finales de 2017 y 2018. Ahora Uribe regresará a aquella experiencia durante la conferencia “La libreta de dibujo: un objeto compartido”, que tendrá lugar en Bucaramanga.
“Y eh, pues fíjate, yo voy a estar hablando sobre todo de lo que fue la experiencia de trabajar con la maestra en la curaduría de la exposición libretas de dibujo recuento de memoria gráfica que fue en el 2017 em finales del 17 hasta el 18, donde estuvimos trabajando en ese proyecto de curaduría que exponía las libretas de dibujos que hay en los acervos del Banco de la República de Bogotá y de la y de las Luis Ángel básicamente lo que voy a hacer, pues durante la charla es como contar de dónde nació ese proyecto como lo hicimos compartir algunas fotos contar un poco sobre el sobre el proceso precisamente del proyecto”, explica Uribe.
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Entrar a un espacio que no fue creado para el público
Cuando Uribe y González comenzaron a abrir las libretas se encontraron frente a un tipo de documento diferente a una pintura pensada para ser contemplada por espectadores.
Los hombres y mujeres que habían dibujado aquellas páginas no necesariamente esperaban que, cien años después, alguien colocara sus cuadernos dentro de una vitrina.
Esa condición terminó convirtiéndose en uno de los ejes fundamentales de la investigación.
“Las libretas tienen una magia y es que las libretas teóricamente no son un objeto de exposición y mucho menos las del siglo XIX o sea, ninguno de esos viajeros científicos artistas profesores académicos no se imaginaron nunca que sus libretas iban a estar expuestas al público”, afirma Uribe.
Las curadoras estaban observando los lugares donde los artistas habían trabajado sin preocuparse necesariamente por la mirada ajena.
Allí aparecían aciertos, pruebas y equivocaciones.
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“De alguna forma estamos viendo los aciertos y desaciertos de un artista los errores que seguramente no querían que nadie más pudiera ver la libreta es un lugar muy muy personal donde uno puede rayar papel y equivocarse y pasar a la siguiente página y donde no tiene que usualmente, pues darle explicaciones a nadie de si se equivocó, si quiso volver a empezar el dibujo sin quiso hacer otro dibujo diferente”, señala.
Esa intimidad, precisamente, convierte a las libretas en una fuente para comprender cómo se construyó una obra.
“También es como tomar conciencia del rol que tienen las libretas en ese proceso en ese proceso de arte como ahí se incuban las ideas más primigenias de reflexión de ensayo y error y en este espacio, pues es donde se construyen una cantidad de maneras en las que podemos leer la obra terminada de un artista si tenemos también el insumo de su libreta donde podemos ver el tipo de decisiones que tomamos”, agrega.
González y Uribe no observaron únicamente lo que estaba dibujado.
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También comenzaron a mirar los propios objetos: su tamaño, los materiales, la encuadernación y las semejanzas entre unos ejemplares y otros.
Al comparar los cuadernos descubrieron, por ejemplo, que varios artistas de finales del siglo XIX habían utilizado libretas del mismo tipo.
El hallazgo permitió formular preguntas sobre un asunto menos evidente: cómo se compraban y circulaban estos materiales en la Colombia de aquella época.
“Sí es verdad, pero digamos que cada cada libreta, pues es obviamente un mundo y no tenemos tantos insumos para leerla, pero si las podemos por ejemplo, podemos ver que hay artistas que les interesa únicamente un cierto tema o artistas, por ejemplo, cosas interesantes que pudimos encontrar y era entender la circulación y comercial de las libretas en la Colombia de finales del siglo 19, donde tenemos varios artistas que tienen el mismo tipo de libreta, eso nos muestra, pues que comprar una libreta de artista no era como hoy en día que hay de todos los tamaños colores”, explica.
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Las dimensiones daban también pistas sobre la forma en que pudieron utilizarse.
Una libreta pequeña podía viajar en un bolsillo. Otra, de mayor formato, podía permanecer cerca del lugar de trabajo. Algunas reunían dibujos preparatorios; otras parecían estar dominadas por la espontaneidad de lo encontrado durante un desplazamiento.
“También cada libreta, pues te va a hablar de un mundo distinto hay una libreta es más pequeñas que son más portátiles que nos van a hablar de viajes y de tránsito mientras que puedan haber una libretas más grandes que pueden asociarse y salen entonces ahí, pues como que con cada libreta se puede tejer toda una historia alrededor del contexto artístico del contexto histórico”, dice Uribe.
Dos artistas frente a las páginas
El trabajo curatorial también colocó frente a frente a dos creadoras.
Beatriz González llevaba décadas estudiando el arte colombiano, trabajando como artista, docente, investigadora y curadora. Uribe ya había trabajado con ella en el Manual de arte del siglo XIX en Colombia.
Con las libretas volvieron a investigar juntas.
Una tomaba un cuaderno y comenzaba a observarlo. La otra hacía lo propio con otra pieza. Después compartían detalles y planteaban hipótesis.
“Pues muy enriquecedor como siempre conversar con ella obviamente porque digamos que su generosidad y su disposición al diálogo o permitían que uno fuera haciendo especulaciones sobre objetos que incluso podían ser absurdos o no tener como mucho sentido, pero donde había mucho espacio para decir maestros que no piensan que aquí lo que estaba tratando de hacer el artista era esto o fíjense que estas páginas de la libreta parecen arrancadas y se parecen mucho a estos dibujos sueltos que están en la colección de arte”, recuerda Uribe.
No se trataba solamente de buscar certezas. También podían detenerse en una página arrancada, encontrar semejanzas con otro dibujo y ensayar una explicación.
“Había un espacio muy de diálogo de de ir encontrando como similitudes categorías muy abierta como a las propuestas que uno también tuviera y fue todo el tiempo como un diálogo de pares, pues fascinante la verdad fascinante obviamente”, cuenta.
Después llegaba una decisión práctica que cualquier visitante de la exposición difícilmente podía advertir: qué página mostrar.
Una libreta puede contener decenas de dibujos, pero dentro de una vitrina permanece abierta únicamente en un punto.
“Y también de aprender sobre el mismo proceso curatorial de cómo mostrarle al público un objeto que además tú no puedes tener expuesto todas las páginas no las puedes mostrar al mismo tiempo tienes que escoger en qué página vas a abrir la libreta en las vitrinas cada cuánto por lo que son papel muchas conversaciones”, señala.
Uribe recuerda aquellas jornadas como un trabajo que alternaba conversación y silencio.
“Un trabajo muy muy de silencio de que cada una se sentaba a mirar una libreta diferente y luego como que compartía sus sus observaciones y sus hallazgos, eh?”, relata.
Las dos terminaron escribiendo también el catálogo de la exposición.
“Y también, pues escribimos el catálogo juntas y pudimos como compartir como te decía desde el principio, no solamente como historiadores del arte, sino como artistas una cantidad de reflexiones y experiencias alrededor de lo que es cargar una libreta de dibujos en el bolsillo”, explica.
Las libretas en tiempos de pantallas
La exposición terminó, pero las preguntas permanecieron.
Con buena parte de la vida cotidiana trasladada ahora a teléfonos, tabletas y computadores, Uribe encuentra un nuevo significado en aquellos objetos de papel.
La investigación le recordó el valor de conservar un espacio donde la idea todavía no tenga obligación de convertirse en algo definitivo.
“Valorar más que nunca, pues las libretas de artistas sobre todo del pasado porque son una ventana como un mundo desde el cual nos hablan”, afirma.
La experiencia también modificó su trabajo como docente. Uribe es profesora titular y decana de la Escuela de Artes y Humanidades de la Universidad EAFIT, en Medellín, y reconoce que parte de la manera en que González dialogaba con ella terminó llegando a sus propias aulas.
“Claro, como profesora muchísimo también no solamente desde los contenidos de lo que aprendimos juntos, sino también de cómo ser también esa interlocutora donde pues la maestra era digamos mentora y muy interlocutora para mí pero donde yo pueda llevar eso mismo hoy en día, pues a mis clases y a mis estudiantes con esa generosidad escucha con esa apertura de que uno pudiera proponer nombres categorías opciones maneras de contar”, dice.
Uribe tampoco abandonó completamente su propia libreta.
La tecnología y el trabajo han desplazado muchas actividades hacia lo digital, pero todavía la busca, especialmente cuando viaja.
“Yo sí, trato de mantener, pues los últimos años no sé la di el punto digital la vida laboral como que a veces desafortunadamente nos van llevando hacia esa practicidad de tener el mundo como digital a la mano, pero trato de tenerla me gusta tenerla a veces de acuerdo de cargar a veces no tanto, pero de pronto en los viajes sobre todo trato de de garabatear y de tener como ese espacio de búsqueda en la que no hay que dar como muchas explicaciones”, cuenta.
Ese mismo espacio que tuvieron los artistas del siglo XIX, una página donde podían observar, ensayar y equivocarse sin explicarle nada a nadie, será el que Uribe vuelva a abrir simbólicamente ante el público de Bucaramanga.
La conferencia “La libreta de dibujo: un objeto compartido” se realizará el viernes 23 de octubre, de 3:00 a 5:00 p. m., en la sala de exposiciones del tercer piso del Centro Cultural del Banco de la República de Bucaramanga, ubicado en la carrera 19 #34-47. La entrada es gratuita.














