Espiritualidad
Viernes 25 de septiembre de 2026 - 10:14 AM

Reflexión espiritual: lo que perdemos para recibir con nuevas manos

Hay cosas que llegan cuando las manos y el corazón están listos para recibirlas. ¡Tenga paciencia!

Lo que un día llegará a nuestras manos.
Lo que un día llegará a nuestras manos.

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Suele suceder que pedimos algo con todas nuestras fuerzas, lo esperamos con ilusión y, aun así, las cosas no salen como las imaginamos. En el momento, resulta difícil comprenderlo y podemos preguntarnos por qué nos sucede aquello que no deseábamos.

¡En efecto! Todos hemos atravesado momentos en los que sentimos que la vida no fue justa con nosotros. Hemos visto a otros avanzar mientras nosotros seguimos esperando; hemos trabajado, luchado y dado lo mejor de nosotros mismos y, aun así, los resultados no llegan. Pero no debemos medir nuestra vida con el reloj de los demás. Cada persona tiene su propio camino, sus propios tiempos y sus propias batallas.

¿Cuándo recibimos las bendiciones del cielo?
¿Cuándo recibimos las bendiciones del cielo?

La vida no siempre nos concede aquello que queremos, sino aquello que puede ayudarnos a crecer. A veces necesitamos una segunda oportunidad; otras veces, un poco de paz. Hay momentos en los que necesitamos aprender a soltar, a perdonar, a volver a empezar y, sobre todo, a reconocer nuestro propio valor. Existen regalos que no llegan envueltos ni se pueden guardar en las manos, porque se presentan en forma de experiencia, aprendizaje, fortaleza y transformación.

Con los años también comprendemos que merecer tiene relación con aquello que sembramos. Cuando damos amor, respeto, honestidad y bondad, dejamos algo bueno a nuestro paso. No siempre recibiremos lo mismo de inmediato, porque la vida no funciona como una cuenta que se cobra al instante. Sin embargo, cada buena acción transforma, primero, a quien la realiza y, muchas veces, también a quien la recibe.

Por eso, no debemos desesperarnos cuando aquello que queremos tarda en llegar. Tal vez estamos siendo preparados para recibirlo de una manera diferente. Quizá necesitamos cambiar algunas cosas dentro de nosotros antes de que aquello que esperamos pueda encontrar su verdadero sentido. La espera puede cansarnos, pero también puede enseñarnos paciencia, confianza y humildad. A veces, mientras creemos que nada está sucediendo, la vida está preparando silenciosamente algo que todavía no somos capaces de comprender.

Bendiciones del cielo
Bendiciones del cielo

Llegará un día en que muchas de las cosas que hoy nos preocupan dejarán de tener el mismo peso. Miraremos nuestra historia con otros ojos y entenderemos que algunas puertas cerradas nos protegieron, que ciertas despedidas nos hicieron crecer y que determinados retrasos nos condujeron por caminos que jamás habíamos imaginado recorrer. Entonces quizá comprendamos que la vida también tiene sus propios tiempos, aunque nosotros no siempre podamos entenderlos mientras los estamos viviendo.

Mientras tanto, sigamos caminando. No dejemos de soñar, pero aprendamos también a aceptar. Hagamos nuestra parte, sembremos lo bueno y confiemos en que cada etapa tiene algo que enseñarnos. Porque no siempre conseguiremos lo que queremos, pero, tarde o temprano, la vida, con sus propios tiempos y sus misterios, puede mostrarnos que aquello que no llegó cuando lo esperábamos también tenía un propósito.

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Pregunta del día

¿Cuáles son hoy esos miedos que lo agobian? Compártalos con nosotros para analizarlos y reflexionar sobre ellos en este espacio. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila a este correo eardila@vanguardia.com. En esta columna, él se encargará de responderle.
¿Cuáles son hoy esos miedos que lo agobian? Compártalos con nosotros para analizarlos y reflexionar sobre ellos en este espacio. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila a este correo eardila@vanguardia.com. En esta columna, él se encargará de responderle.
  • Las preocupaciones suelen irrumpir nuestros pensamientos. Sin embargo, cada interrogante puede convertirse en una oportunidad para mirar nuevos caminos, bien sea a través de la reflexión o mediante herramientas saludables para fortalecer nuestro espíritu. Conozcamos el caso de hoy:
El perdón de Dios ante nuestros errores.
El perdón de Dios ante nuestros errores.
  • Testimonio: “Hoy me pregunto por qué Dios me castiga de una forma tan dura. Esta inquietud nace desde mi dolor, pues siento que a pesar de mis errores soy una buena persona y no merezco tantos golpes. ¿Qué me puede decir al respecto?”
¿Por qué Dios es tan duro conmigo? La pregunta de uno de nuestros lectores.
¿Por qué Dios es tan duro conmigo? La pregunta de uno de nuestros lectores.

Respuesta: No todo lo ‘malo’ que sucede significa que Dios esté castigando. La vida también trae pérdidas, enfermedades, despedidas, errores y circunstancias que nadie puede controlar. A veces se busca una explicación para el dolor, pero no siempre existe una respuesta sencilla que permita entender todo lo que está pasando.

Por supuesto, nuestras decisiones pueden traer consecuencias. Podemos equivocarnos, lastimar a alguien, perder una oportunidad o tomar caminos que después lamentamos. Pero una equivocación no tiene por qué convertirse en una condena para toda la vida. Reconocer lo ocurrido, aprender y recomponer también forma parte del camino.

En lugar de pensar solamente en si lo que está sucediendo es un castigo, también puede ayudar preguntarse qué se puede aprender de esta etapa. Hay momentos difíciles que hacen detenerse, cambiar algunas cosas, valorar más lo que se tiene o descubrir una fortaleza que antes no se conocía. ¡Puede ser su caso!

Cuando la vida parece demasiado dura, no significa necesariamente que se haya perdido el camino o que se esté pagando por algo. Hay situaciones que simplemente no se eligen y que nadie quisiera vivir. Lo importante es no quedarse atrapado en la culpa. Después de una caída es posible levantarse, aprender y continuar. A veces no se necesita entender todo lo que sucede, sino encontrar la fuerza para seguir adelante con esperanza.

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Breves reflexiones

¡Lo que sentimos!
¡Lo que sentimos!
  • Llorar también es una forma de valentía. No tenemos que esconder siempre lo que sentimos ni aparentar fortaleza. Dejar salir las lágrimas nos permite liberar el dolor, recuperar fuerzas y continuar nuestro camino con mayor tranquilidad.
Ver más allá.
Ver más allá.
  • Buscar mejores oportunidades significa no conformarnos cuando sabemos que podemos crecer. Debemos atrevernos a tocar nuevas puertas. Cada oportunidad puede enseñarnos algo y mostrarnos capacidades que desconocíamos.
Siempre debe primar la autenticidad.
Siempre debe primar la autenticidad.
  • No ser plástico significa mostrarnos como realmente somos, sin máscaras para agradar a los demás. Nuestra autenticidad tiene valor. No necesitamos fingir perfección; necesitamos ser honestos con nosotros mismos.
¡Debemos esforzarnos!
¡Debemos esforzarnos!
  • Trabajar por nuestros sueños requiere paciencia, disciplina y constancia. Debemos convertir los deseos en acciones. Cada pequeño esfuerzo cuenta, porque nuestros sueños comienzan a acercarse cuando decidimos trabajar por ellos.

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