Espiritualidad
Viernes 09 de octubre de 2026 - 10:51 AM

Reflexión espiritual del día: Jesús siempre quiere lo mejor para nosotros

La paz de aceptar lo que Dios dispone.

Aceptar la voluntad de Jesús
Aceptar la voluntad de Jesús

Compartir

Hacemos planes, establecemos fechas, imaginamos cómo debería ser nuestra vida e incluso llegamos a pensar que sabemos qué es lo mejor para nosotros. Sin embargo, llega un momento en que algo cambia: una puerta se cierra, una respuesta no llega o un camino que creíamos seguro deja de serlo.

Queremos que Dios haga las cosas a nuestra manera y en nuestro tiempo. Si esperamos una oportunidad, queremos que llegue pronto; si atravesamos un problema, deseamos que se resuelva cuanto antes; y si anhelamos algo con todo el corazón, creemos que, por el simple hecho de desearlo tanto, necesariamente debe ser bueno para nosotros.

Dios sabe por qué las cosas no suceden.
Dios sabe por qué las cosas no suceden.

Pero Dios ve mucho más allá de lo que nosotros podemos ver. Nosotros contemplamos el momento; Él conoce el camino completo. Nosotros vemos una puerta cerrada; quizá Dios nos está protegiendo de entrar por un lugar que no nos conviene. A veces lloramos por algo que no sucedió, sin saber que, tal vez, Jesús simplemente nos estaba librando de una situación que podría habernos causado un gran daño.

Lo mismo sucede con las personas. Queremos que alguien se quede, que nos comprenda, que cambie o que nos quiera de la manera en que esperamos. Y cuando esa persona decide tomar otro camino, nos duele. Nos cuesta aceptar que no podemos obligar a nadie a permanecer en nuestra vida. Sin embargo, hay momentos en los que Dios permite que algunas personas se alejen porque sus caminos ya no deben continuar juntos. No siempre comprendemos las razones en ese instante, pero, con el tiempo, muchas veces descubrimos que aquella despedida también tenía un propósito.

Señor, que se haga su voluntad y no la mía.
Señor, que se haga su voluntad y no la mía.

En ocasiones, pensamos que tener fe significa recibir exactamente aquello que pedimos. Sin embargo, quizá la verdadera fe comienza cuando aprendemos a confiar en los designios del Señor, incluso cuando no coinciden con nuestros deseos. Esto no significa que no nos duela, que no sintamos miedo o que no podamos llorar. Somos humanos y tenemos sentimientos. Significa que, aun en medio de aquello que no comprendemos, decidimos no perder nuestra confianza en Dios.

Tal vez aquel trabajo que no conseguimos nos condujo después a una oportunidad mejor. Tal vez aquella relación que terminó nos ayudó a reencontrarnos con nosotros mismos. Tal vez ese viaje que se canceló nos libró de un problema. Tal vez aquel “no” que tanto nos dolió terminó convirtiéndose en una de las respuestas que más necesitábamos.

Por eso, cuando la vida no siga el rumbo que habíamos planeado, en lugar de preguntarnos únicamente por qué sucedió, procuremos también preguntarnos: “¿Qué quiere Dios enseñarme a través de esto?“.

Publicidad

Debemos aprender a aceptar que no siempre las cosas suceden como nosotros queremos, sino conforme a la voluntad de Dios. Esta es una de las lecciones más difíciles de la fe y, al mismo tiempo, una de las más liberadoras. Porque cuando comprendemos que no necesitamos controlar cada detalle de nuestra vida, comenzamos a vivir con mayor serenidad y confianza.

Seguiremos haciendo planes, trabajando y pidiendo aquello que anhelamos, pero también aprenderemos a poner nuestros deseos en las manos del Señor y a decir con humildad: “Señor, si esto es para mí, permite que llegue en el momento indicado; y si no lo es, dame la fortaleza para aceptarlo, la sabiduría para comprenderlo y la fe necesaria para confiar en que tus planes son mejores que los míos”.

Nos preguntan los lectores

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Cuéntele su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com y en esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Cuéntele su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com y en esta columna, él mismo le responderá.
  • Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
La sensación de vacío que solemos experimentar en la vida.
La sensación de vacío que solemos experimentar en la vida.

Testimonio: “Siempre he querido tener dinero y he trabajado por ello. Sin embargo, le confieso que cada día me siento más vacío, entre otras cosas, porque si bien lucho por cosas trascendentales para mi vida, más allá de la plata, no consigo las cosas. ¿Qué consejo me puede dar?”

Respuesta: El dinero puede brindar tranquilidad, posibilidades y bienestar, pero no necesariamente responde a las preguntas esenciales de la existencia. A veces, ese ‘vacío’ aparece justo cuando hemos aprendido a perseguir objetivos, pero no nos hemos detenido a preguntarnos qué sentido queremos darle a nuestra vida.

Tal vez el consejo no sea abandonar sus ambiciones ni sentirse culpable por querer prosperar. El dinero no es el enemigo; el problema aparece cuando termina ocupando el lugar que corresponde a otros aspectos fundamentales de la vida.

Publicidad

Hay conquistas que no dependen únicamente del esfuerzo: hablo del amor, la paz interior o la serenidad frente a lo que no podemos controlar.

De pronto este momento de ‘vacío’ sea también una invitación a cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse solamente qué le falta conseguir, podría preguntarse qué clase de persona quiere ser mientras recorre el camino.

Quizás algunas puertas no se han abierto, pero eso no significa que su historia esté detenida. Conviene seguir trabajando por aquello que considera valioso, pero sin poner toda su esperanza en un resultado concreto.

Tal vez sea momento de aprender a habitar un poco más el presente. Permítase reconocer lo que ya existe, cuidar los vínculos que tiene, hacer silencio de vez en cuando y escuchar qué está intentando decirle ese ‘vacío’ que hoy experimenta.

Publicidad

Plegaria del día

Eleve una plegaria al cielo.
Eleve una plegaria al cielo.
  • Jesús: hoy me presento ante usted con humildad y con el corazón dispuesto a confiar en sus planes. Le pido que me conceda la gracia de aceptar mi vida tal y como la haya dispuesto, incluso cuando no comprenda el camino o las circunstancias que debo atravesar. Ayúdeme a dejar atrás mis temores, mis dudas y la necesidad de querer controlar cada situación. Permítame reconocer que sus planes son mejores que los míos y que, aun en los momentos difíciles, usted permanece a mi lado, guiando cada uno de mis pasos. Amén.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad