Espiritualidad
Sábado 24 de octubre de 2026 - 07:57 AM

Reflexión del día: ¡Haga su parte y confíe en Dios!

Usted puede confiar en Dios y pedirle ayuda cuando lo necesite; sin embargo, también debe ‘ponerese manos a la obra’.

El poder de la oración.
El poder de la oración.

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Hay momentos en la vida en los que los problemas parecen acumularse y usted siente que ya no sabe qué hacer. Por más que se esfuerce, las soluciones no siempre llegan tan rápido como quisiera, y la preocupación comienza a robarle la tranquilidad.

En esos momentos, haga una pausa, respire y ore. Hable con Dios con sus propias palabras, cuéntele lo que le preocupa y pídale claridad para encontrar el camino. Orar no significa que los problemas desaparecerán de un momento a otro. Significa que, en medio de las dificultades, usted puede encontrar paz, recuperar fuerzas y mirar su situación desde otra perspectiva.

¡Tenga fe!
¡Tenga fe!

Confiar en Dios también implica reconocer que usted tiene una parte que cumplir. No se trata de quedarse quieto esperando que todo le llueva del cielo: si necesita trabajo, búsquelo; si tiene un problema por resolver, afróntelo; si cometió un error, reconózcalo; si tiene una conversación pendiente, busque el momento adecuado para tenerla.

Después de hacer su parte, aprenda a soltar aquello que no depende de usted. Puede esforzarse, pero no controlar todos los resultados. Puede actuar de la mejor manera, pero no decidir cómo reaccionarán los demás. Puede planear su futuro, pero no tener certeza de lo que sucederá mañana. Comprenderlo no quiere decir rendirse, sino reconocer que existen límites y que intentar controlarlo todo termina agotando el corazón.

Es precisamente ahí donde la fe puede ayudarle a recuperar la tranquilidad. Cuando haya hecho lo que está en sus manos, evite castigarse pensando una y otra vez en lo que podría suceder. Ore, ponga sus preocupaciones en manos de Dios y siga adelante con serenidad. Confíe en que, aun cuando las cosas no resulten como esperaba, podrá encontrar nuevas oportunidades, aprender de lo vivido y descubrir caminos que antes no veía.

Orar es, tal vez, la mejor medicina para el alma.
Orar es, tal vez, la mejor medicina para el alma.

Recuerde, además, que la ayuda de Dios no siempre llega de la manera que usted imagina. A veces se manifiesta en una persona que le tiende la mano, una oportunidad inesperada, un consejo oportuno o la fortaleza que descubre dentro de sí para continuar.

Por eso, cuando las cosas se tornen difíciles, recuerde estas tres palabras: ore, confíe y actúe. Haga su parte con responsabilidad, tome las decisiones precisas y no posponga lo que hoy puede comenzar a resolver. Después, entregue a Dios aquello que ya no está bajo su control. No cargue con el peso de querer resolverlo todo ni permita que la preocupación le robe la paz del presente.

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La pregunta de hoy

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Cuéntele su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com y en esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Cuéntele su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com y en esta columna, él mismo le responderá.
  • Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
Cita bíblica
Cita bíblica
  • Testimonio: “He perdido la fe en Dios, entre otras cosas, porque siempre le pregunto por qué me pasan cosas malas y jamás me responde. Era creyente pero, en algún momento, se rompió la relación que tenía con Él. ¿Cómo hago para escuchar la voz del Señor? Me agradaría saber su opinión al respecto”.
No se trata solo de orar y no más, es preciso tener claras sus metas.
No se trata solo de orar y no más, es preciso tener claras sus metas.

Respuesta: Perder la fe en Dios no siempre significa dejar de creer; a veces significa que la vida ha hecho preguntas para las que no encontramos respuesta. Hay dolores que nos cambian, ausencias que nos dejan sin palabras y decepciones que nos hacen mirar al cielo con cierta distancia. Y está bien reconocerlo. No hay que fingir una fe que no se siente ni pronunciar oraciones por costumbre. Si Dios existe, como usted alguna vez creyó, seguramente no necesita que le oculte sus dudas.

A veces, lo que se rompe no es la fe, sino la imagen que construimos de ella: la idea de que, si somos buenos, nada malo nos sucederá; de que rezar garantiza una respuesta; de que el sufrimiento tiene siempre una explicación. La espiritualidad adulta quizá comienza cuando dejamos de exigirle a Dios que se comporte como esperamos y empezamos a aceptar que hay misterios que no se resuelven con una frase bonita. Creer no es tener todas las respuestas; también puede ser aprender a convivir honestamente con las preguntas.

Quizá la fe no regrese como una certeza luminosa, sino como una pequeña inquietud, una paz inesperada o la sensación de que todavía hay algo sagrado en estar vivos. Incluso en el silencio, incluso en la duda, un hombre puede seguir buscando sentido a su propia vida. Y tal vez esa búsqueda, por sí sola, ya sea una forma de oración. ¡Le envío un abrazo!

Ore al Señor con fe

Plegaria
Plegaria
  • Sagrado Corazón de Jesús: hoy me acerco con humildad para pedirle que cultive y fortalezca mi fe cada día, que me enseñe a confiar en sus promesas aun cuando el camino se vuelva difícil y las respuestas parezcan tardar. No permita que las preocupaciones, el miedo o las pruebas de la vida apaguen la luz que ha encendido en mi corazón. Ayúdeme a mantenerme firme, a recordar que nunca estoy solo y que, aun en medio de las dificultades, su amor me sostiene y su voluntad tiene un propósito para mi vida. Padre celestial: le pido que renueve mis fuerzas cuando sienta que ya no puedo más, que levante mi espíritu cuando el desánimo quiera vencerme y que me conceda la paciencia para esperar en sus tiempos sin perder la esperanza. Amén.

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