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Lunes 09 de octubre de 2017 - 10:17 AM

¿Conoce a sus vecinos de Bucaramanga: las iguanas, zarigüeyas, murciégalos y ardillas?

Iguanas, zarigüeyas, murciélagos, serpientes y ardillas son algunos de los inesperados vecinos del área metropolitana. Expertos invitan a que no se les haga daño y a aprender a convivir con amor.

La Policía Ambiental señaló en septiembre pasado a esta casa periodística que alrededor de 830 especies, entre reptiles, tortugas y serpientes, han sido rescatadas este año en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Banco de Imágenes )
La Policía Ambiental señaló en septiembre pasado a esta casa periodística que alrededor de 830 especies, entre reptiles, tortugas y serpientes, han sido rescatadas este año en el área metropolitana de Bucaramanga. (Foto: Banco de Imágenes )

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

El sol brilla a media mañana del miércoles 27 de septiembre. Calienta muy fuerte. Su piel corrugada es clara, para camuflarse y pasar desapercibida entre las hojas caídas de los árboles. Sabe que alguien la observa: se queda quieta unos cinco minutos, apenas mueve sus ojos grandes y rápidos. 

El naturalista austriaco Josephus Nicolaus Laurenti descubrió su especie en 1768, pero la FAO - Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura- dice que conviven con el ser humano desde hace siete mil años. 

Hernando Villamizar le lanza una cáscara de mango. Cae afuera de la reja que separa su hábitat de la calle, donde él tiene su puesto de frutas, en Cañaveral. La iguana ha visto su próxima comida, pero aún no avanza. Es fácil suponer que está alerta. Se toma su tiempo. 

[video:https://youtu.be/aVR9h5dYNQE]

Son ya las 10:45. Hace un movimiento: una de sus patas avanza un paso. Y, de repente, mueve la cabeza hacia el sonido que emite el pito de un carro. ¡Así que lo sabe!: quién está  por ahí, lo que sucede afuera. Y que hay un vecino maravillado también con ella. 

No la ha tenido fácil, no siempre ha sido así. En 2012, la autoridad ambiental prohibió que las alimentaran. Temían por su conservación y porque algunos las atrapaban para comercializar sus huevos. Pero con su hábitat invadido, las iguanas no se iban. En 2014, la Cdmb rescató ocho de ellas. Pero volvían. Tres años después, conviven con los habitantes del sector. Comen frutas y no hacen daño a nadie. Los vecinos las observan con aprecio. Hernando comparte su mercancía con ellas. 

Historia de superviviencia

Hernando nació en Cesar. Con 12 años vino a estudiar a Bucaramanga. Hoy tiene 39. Conoció a su esposa aquí y regresó a San Alberto en el año 2000. Pero no había qué hacer en un municipio golpeado por el conflicto. 

La MOE (Misión de Observación Electoral) señala que entre 1997 y 2007 fueron asesinadas 6.202 personas y 544 murieron en el marco del conflicto armado entre paramilitares, guerrilla y Ejército. En 2005, regresó a esta ciudad de clima y vecinos inesperados. 

La historia de Hernando se asemeja a la de la iguana. Desplazados de su territorio por la invasión de fuerzas más poderosas que ellos y que amenazaban con exterminarlos, se abrieron camino en otras tierras para sobrevivir. Es el instinto. Se encontraron. Los dos comparten su tiempo en el Parque de las Iguanas. 

Donald Anaya, técnico del Grupo de Fauna de la Cdmb explica: “debido a la expansión de la frontera agrícola como también el hecho de querer hacer más construcciones, se ha destruido poco a poco el hábitat de algunos reptiles, entre ellas las iguanas”.  

Se acercan las 11 de la mañana. La intensidad del sol se incrementa. Los vendedores buscan un pedacito de sombra. Una mujer que vende mercancía de revista la ofrece a quienes pasan por el pasillo que lleva a la Clínica Ardila Lulle. Una joven no termina de hablar por celular. 

Hernando dice que recibió el apoyo del Gobierno para la población desplazada. Siempre se ha dedicado al comercio en la calle. Hay tiempos difíciles: correr de la policía, las ventas que a veces bajan. Pero ahí se mantiene. Hace 12 años trabaja en el sector aledaño al Centro Comercial Cañaveral. Conoció a su “vecina” entonces y comenzó a alimentarla. 

[video:https://youtu.be/GoQjH1XBPL0]

Las iguanas no pueden masticar, solo desgarran la comida, dice la bióloga Rocío Vega. La experta explica que dispone de un tercer ojo: “el ojo parietal” y este es el que utiliza para ver que no hay peligro y avanzar un poco más hacia la cerca que la separa de los seres humanos lo suficiente para que pueda alcanzar con su larga lengua el pedazo de mango que llenará su panza, que semeja los reptiles primitivos, los viejos desaparecidos. 

Aquí, la iguana corre mejor suerte. En el Sur de la Florida las consideran exóticas, pero no bienvenidas. Son cazadas para evitar un problema ambiental. 

Hernando dice que la gente la quiere. A ella y a sus amigas. Para que se anime, le lanza otra cáscara y, además, un fruto rojo. No quiere que se note en su cara la emoción. La iguana mira ahora de frente a quien la ha estado observando por la última media hora. Vuelve la cara y mira hacia el frente. Un amigo roedor pasa por su lado. Con descaro se roba una parte de la comida que antes le han lanzado y, como si fuera poco, se sube por la cola de la iguana y salta gracioso a mitad de cuerpo para correr de nuevo a esconderse con su caza frutal. 

[video:https://youtu.be/eAvNRRwV5SA]

La iguana no se mueve. Ni siquiera hace el esfuerzo de ahuyentarlo. Sin embargo, comprende que debe avezarse y, dando pasos más cerca de la reja, estira la lengua para coger la cáscara de mango. Se va por donde ha venido, esta vez más rápido.  

Los nuevos amigos

Por su parte, las zarigüeyas pueden comer todo tipo de insectos, reptiles, larvas y ratones. Con todo, son tiernas. Llevan a sus crías en el lomo y cuando se agachan a comer, con ellas arriba, caen sobre su cabeza y se ponen a jugar. Nada mal para un animal con una carita poco agraciada. 

Las ardillas, con una belleza superior, sí son roedores que comen básicamente semillas. Astutas como son, reciben la comida que la gente les da. 

Orlando Beltrán, defensor de los derechos de los animales, comenta que además de estos animales, “también ha aumentado el número de murciélagos. 

 Estos animales ya hacen parte del entorno urbano. Las iguanas hasta hace poco eran muy mal vistas. Hoy la actitud es diferente. Las pobres zarigüeyas sí siguen siendo vistas, de forma equivocadas, como enemigas. Les dicen fósiles vivientes porque son parientes del canguro. Lamentablemente, se están reproduciendo demasiado. Las ardillas también abundan en los parques, pero el llamado es a que no las alimenten. Algunos les dan “supercoco”, sobre todo a las que viven en el Parque Centenario”. 

Orlando dice que en el Parque Virviescas Rincón aparecen muchas zarigüeyas en la noche. Algunos las atropellan. “No debe ser así. Ellas son inocentes y merecen atención. Solo vienen a buscar comida. Ahora se nos viene también la invasión de palomas. La idea es controlarlas de forma humanitaria. La idea es que en las universidades se pueda hacer un control demográfico, es la única forma de controlar estas especies”, señala Beltrán. 

Protegerlos y controlarlos

Orlando Beltrán da una alternativa: “la idea es que estos animalitos no se conviertan en plagas. Las autoridades ambientales deben ofrecer programas para controlar la natalidad y trasladarlas a sitios apropiados una vez que se hayan esterilizado. Ya se hace en muchos países. Al matar a los zorros y a los tigrillos, las zarigüeyas no tienen a un depredador natural. La idea es propiciar que, como seres humanos, no hagamos sufrir a estos animales con nuestro avance sobre sus ecosistemas”. 

Édgar Ávila Ortiz, un vecino de Cañaveral, llegó a hacerse muy amigo de las iguanas. Hace cuatro años, cuando trabajó en un almacén de la zona, les llevaba comida. Dice que hay varias, cada día menos, de varios colores. Permanecen en los árboles y se bañan en la quebrada, aún con la contaminación que hay en ella. 

“Me gustaba contemplarlas en mis descansos y les llevaba lechuga, repollo y tomate, que es la comida favorita”, dice Édgar. Cuenta que no solían ser muy amigables, pero sabían que él y otros habitantes de la zona los alimentaban. Y las adultas son bastante fotogénicas.  

Doña Hilda García Lineros dice que antes había unas diez. Ese miércoles camina con su amiga Sofía Hernández, que vive en Medellín. Sofía llora al ver a la iguana porque extraña esa calidez, el sol en su rostro, la vegetación, la contemplación de estos animales tranquilos. Espera que aquí podamos valorar eso.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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