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Viernes 20 de septiembre de 2013 - 12:01 AM

Mario Hernández: Toda una vida empacando

Este empresario santandereano tiene claro que las oportunidades están en el camino y solo hay que tomarlas. Por eso es un caminante, un viajero, y su vida ha sido una ruta hacia el éxito con subidas y bajadas, pero siempre con un enfoque de disciplina y pasión por lo que hace.

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Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

Empacando. Así ha sido la vida de Mario Hernández. Un constante viaje de experiencias. Desde muy pequeño tuvo que empacar con su familia desde Capitanejo hacia Bogotá. Su papá, político de este pequeño municipio de Santander, primer alcalde liberal y quien se casó a los 60 años con la madre de Mario que tan solo tenía 23 años y era oriunda de Onzaga, se dejó convencer por su esposa que la vida continuaría en la capital del país.

Allí desempacó por primera vez para jugar a ser grande, jugaba a ser un gran empresario en el camión de uno de sus vecinos, al que bautizó ‘la oficina’.

A su padre lo consideró “un viejo emprendedor” del que heredó ese talento por los negocios.

Mario Hernández, en plena infancia, se fascinaba jugando al empresario, más que a las canicas o al trompo. Recuerda que desde la cigarrería, negocio que creó su padre en Bogotá, transformaba las latas de las gaseosas y cervezas en carritos y las vendía a sus amigos. También hacía ringletes con el material que sobraba de las cajas de la cigarrería.

Y comenta con el humor y la gracia que lo caracteriza: “tuve mi primera versión de Blockbuster en aquella época”.

Mario alquilaba cuentos. Títulos como El Santo y el Pato Donald, entre otras ilustraciones propias de la época, desfilaron por su ‘negocio’. Por supuesto, él cobraba por los préstamos.

Pero la vida le hizo tomar un viaje mucho más drástico.

De su infancia a la responsabilidad de un adulto

A sus diez años su padre falleció y él, siendo el hermano mayor de cuatro hijos, tuvo que dejar a un lado los juegos propios de la edad para asumir la vida como líder de su familia.

“Mi mamá era una niña bien, había enviudado y tuvo que empezar a vender tamales. Yo le ayudaba en esas ventas, me aprendí a mover solo por Bogotá. Ella se inventó el sistema americano de los loft, pues nos fuimos a vivir a una pieza en la que teníamos el cuarto, la sala, el comedor y la cocina. A los 14 años fui mensajero y a mis 21 años decidí independizarme. Y ahí voy en la vida, tuve que criarme solo, pero eso ha sido delicioso”, comenta.

Un viaje a la marroquinería

1972. Uno de sus vecinos fabricaba hermosos productos en cuero. A Mario le encantaron y ese fue el contacto que lo llevó a encaminarse por su gran pasión: la marroquinería. Como tenía una boutique, introdujo ese producto, pero su mirada visionaria lo llevó a ese gran viaje por el mundo del cuero y ya en 1978 compró la empresa que se encontraba en proceso de quiebra: Marroquinera Ltda.

Dos años después, Mario Hernández ya había abierto ocho tiendas.

Justo en ese tiempo el viaje hacia el amor comenzó con Olga Lucía Olarte, quien ingresaría a trabajar en el departamento de mercadeo. Esta santandereana estableció primero una relación empleada-jefe, y a la fecha no solo es la mujer que brilla junto a este empresario, porque bien dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, sino que cumplen ya 26 años de casados.

En 1987, año en que se casaron, ya tenían 200 clientes, exportaban y las tiendas seguían expandiéndose.

Desde esa época Olga Lucía es quien le organiza su maleta. “Él escoge qué llevará y yo le hago su maleta”.

Y por supuesto, la maleta de regreso siempre trae presentes para su familia. “En todos los viajes algo nos trae. Y lo mejor es que a pesar de que siempre tiene el tiempo justo, siempre está ahí”, afirma Olga Lucía.

Ahora que sus hijos ya han crecido, Mario y Olga Lucía se declaran “un parche”. “Los domingos son para nosotros, descansamos, viajamos mucho, disfrutamos la vida”, afirma su esposa.

Mario ya es abuelo, tiene dos nietos de Mario, su hijo mayor. Y cuando se le pregunta cómo disfruta su tiempo con los hijos, aclara entre risas: “Nos vemos todos los días en la empresa, vivimos relativamente cerca, entonces pienso que quieran verse poquito conmigo. A los hijos hay que soltarlos”.

él: una marca de lujo

Mario Hernández no es un comprador de lujo; es un creador de lujo. Por eso no se considera coleccionista.

Visita las tiendas de Nueva York, París, Londres y Hong Kong para dejarse seducir por la creatividad, el diseño, la calidad, pero no para acumular artículos de lujo en su armario.

“Él ya tiene su estilo definido, sabe qué textiles le encantan en sus prendas. Usa su marca, tiene un reloj y con ese es suficiente, dice que para que más. No los colecciona, tampoco las mancornas. Sus zapatos, sus polos, son de la mejor calidad”, confiesa su esposa Olga Lucía.

Por eso para ella resulta todo un azar saber qué regalarle.

“Después de tantos años de casados, uno dice qué le regalo? Estoy haciendo compras y pienso en llevarle una chaqueta abrigadora para que use en la finca, o unos jeans. Él me dice que no los necesita, pero yo se los regalo”, confiesa Olga Lucía.

Entre las pasiones de Mario está la cocina, pasatiempo al que se dedica desde hace 17 años. Y es tal su sazón, que ya tiene una receta para paella que lleva su nombre. También le encantan los asados. Pero lo que más le fascina es innovar, crear con los ingredientes que tiene en casa y pasar sus jueves entre amigos.

Eso sí, para cuidarse no cae en los excesos.

“No como muchas harinas, le hago caso a mi médico, no subirme de 70 kilos y que no me pase de 90 centímetros la barriga (risas). Como balanceado, soy moderado y duermo bien”.

Sus hijos, su brújula

Mario Hernandez tiene tres hijos. El mayor lleva su nombre y es quien se encarga actualmente de la gerencia general. “Mario estudió Administración de empresas en los Andes, prestó el servicio militar, estudió en el London School of Economics y vino a pedirme trabajo y le dije: claro, pero como cualquier ejecutivo tienes que producir. Es un compromiso de país y hay que cuidarlo”, afirma el empresario.

Su hija María Fernanda es la vicepresidenta de producto de lujo. Estudió un MBA en manejo de producto en Francia.

“Les dije a mis hijos que tenían que prepararse, que el mejor regalo es que compitan en el mundo”, afirma.

Lorenzo, su hijo menor, vive en Londres y está por cumplir 20 años; ama el grafiti y le ha dado su toque especial a los espacios de las tiendas. Ha decorado tanto interiores como fachadas.

A la lista se suma su perro, un Shar Pei llamado Toro que lo acompañó hasta el año pasado, su compañero fiel en la finca Altos de Hierbabuena, donde actualmente reside en las afueras de Bogotá.

El caminante

“La vida le da a uno oportunidades. Están en el camino, solo hay que buscarlas”.

No cabe duda que Mario Hernández es un caminante.

Tanto así que Johnny Walker le dio el título del único gigante en Latinoamérica.

Y su nombre ha tenido más eco del que Mario, con toda su modestia y sencillez, se haya podido imaginar.

Así mismo, la cadena de televisión Fox quiere narrar su vida y cien años del país, desde una mirada que vaya mucho más allá de la historia del narcotráfico y Pablo Escobar. “Es mostrar que en un país con guerra y problemas hemos salido adelante”.

Mario Hernández también prepara su libro, lo escribe Sergio Álvarez, quien escribió el libro de los gigantes Johnny Walker; pero no para que quede en sus anaqueles sino para capturar la historia del país en cien años. Y anhela llevar una historia más positiva de Colombia al cine norteamericano.

“Mi nombre ha tenido un movimiento impresionante, me escogieron como emprendedor del año y fui a Mónaco con 48 empresarios de todo el mundo. Estuve allí y me sentí chiquito frente a otros emprendedores mundiales. Pero pienso que nos falta verraquera, los colombianos seguimos pensando que somos el ombligo del mundo, así se vio en el Curso de Alto Gobierno de Los Andes, en un estudio realizado por Harvard. Por eso no somos creativos, por eso llegan los extranjeros con almacenes por departamento, cuando es tan fácil hacerlo, aún no lo hemos hecho nosotros y vendemos la compañía porque nos dan millones de dólares y eso no es plata”, reflexiona desde su rol de empresario.

Lo que sí sabe es que ahora su marca Mario Hernández se convirtió en un compromiso país. Y por supuesto sus compromisos con las entidades a las que ahora pertenece, su escuela de formación de productores marca Mario Hernández en convenio con la Universidad Minuto de Dios, los aportes a la vivienda de carácter social, los mercados y las demás iniciativas que gestiona a favor de los más necesitados, seguirán siendo su norte.

Sin extraviar su maleta

Y a Mario Hernandez como a todo caminante o continuo viajero, se le ha extraviado la maleta en aeropuertos internacionales, pero no su norte: es un compromiso país, asegura.

“Viene un plan de compromiso continuo, de país, con mi gente, que la marca perdure, seguiré haciendo lo que me gusta”.

Por supuesto seguirán sus viajes como presidente de la Inalde (Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad de La Sabana) y como parte de la Alianza del Pacífico, pues hace parte de los cuatro empresarios por Colombia.

Los viajes continúan. Próximamente viajará a Nueva York proponiendo país en la Cumbre Alianza del Pacífico y tomando decisiones a favor del desarrollo colombiano.

Un viajero sin agenda

Sin agenda física, pero todo en su cabeza, así lo confiesa su esposa Olga Lucía. Mario Hernández tuvo agenda hasta hace pocos años con la entrada de las tabletas y las agendas que hoy por hoy le organizan sus asistentes.

Es un hombre de viajes, de negocios, su marca se expandió, así como sus compromisos de país y de tipo social.

Viaja a París, Nueva York a Hong Kong. Se radicó hace diez años en La Florida, pero regresó a Bogotá y ahora, con la agenda igual de apretada pero con la disciplina y la organización que lo caracterizan, establece espacios igual de importantes a sus negocios, para su familia.

Y por supuesto, los sábados se dirige hacia esa infaltable cita con el campo de golf. Los jueves, desde hace 17 años, son para sus clases de cocina. Esas son las grandes pasiones de Mario.

“El golf también requiere sacar cuentas. Las distancias, los golpes. Y eso sí que lo sabe Mario”, expresa Olga Lucía.

Mario hace cálculos con una agilidad incomparable. Ama los números. Y para él todo es producto de su segundo de primaria, curso en el que aprendió las tablas de multiplicar, izaba bandera y fue ascendido a cuarto de primaria.

“El estudio no era lo mío. Me gradué en la nocturna y el año pasado me dieron el título de Administrador de Empresas, Honoris Causa, en el Instituto Tecnológico Dámaso Zapata. Me encuentro a mis amigos y les digo: si ve que no había que estudiar, ya somos colegas”, comenta entre risas.

La clave para él está en saber dónde están las oportunidades. “Están en el camino, solo hay que tomarlas”, agrega.

Esos viajes a capitanejo

La relación con el lugar donde nació sigue ahí. Allí tiene a su familia, habla con los entes gubernamentales, participa en la recuperación de la historia del municipio. En la esquina del pueblo está el hotel de unas de sus hermanas.

Visita el lugar, no se aparta de él, pues fue desde allí desde donde comenzó su historia.

Y de esos recuerdos trae a colación uno que plasma una vez más ese espíritu de empresario, a sus cortos 13 años.

“Recuerdo que en vacaciones íbamos a la Finca de la tía Paca, se llamaba la Finca del Carmen. Allí se perdían los tomates, no los recogían porque los pagaban a un peso y le dije a mi primo: ‘Vámonos por los pueblos a venderlos, así como los mamoncillos’, y terminábamos vendiéndolos a 10 pesos”, recuerda.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

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