Brendan Fraser protagoniza Familia en renta, la nueva película de Hikari que se adentra en el fenómeno de las familias de alquiler en Japón, mostrando cómo incluso dentro de una ficción contractual pueden surgir emociones reales e incómodas.

Publicado por: Redacción Tendencias
La cineasta japonesa Hikari presenta en Familia en renta (Rental Family) una dramedia cálido que, en su recorrido por festivales, fue valorada por su vocación sensible y su intención de conectar emocionalmente con el espectador.
El ganador del Óscar, Brendan Fraser, interpreta a Phillip, un actor estadounidense que reside en Japón tras haber alcanzado cierta notoriedad gracias a un anuncio publicitario. El problema es que el interés de la industria local se agota rápido y las oportunidades para un intérprete extranjero son escasas.
Ante la falta de ofertas, Phillip acepta un empleo peculiar: trabajar para una agencia de “familias de alquiler”, donde debe asumir identidades ajenas y encarnar figuras afectivas ausentes, desde padres desaparecidos hasta acompañantes en funerales.
La premisa se sostiene en una práctica real de la sociedad japonesa. Las agencias de familias de alquiler, surgidas en los años noventa, ofrecen actores para cumplir roles emocionales en bodas, velorios, entrevistas escolares o simples momentos de compañía. Lea también: El caballero de los Siete Reinos: fecha de estreno, historia y claves del nuevo spin off de Juego de Tronos
La película lo retrata como el reflejo de una sociedad atravesada por la presión social, la importancia de las apariencias y el temor constante a perder el prestigio ante los demás. En ese contexto se mueve Phillip, un extranjero que no termina de entender las reglas, pero que se adapta por necesidad económica y por un deseo más profundo de pertenecer.
El ingreso a la agencia dirigida por Shinji, interpretado con sobriedad por Takehiro Hira, se da a través de encargos que rozan lo absurdo, como asistir a un velorio de alguien que sigue vivo bajo el rol decorativo de “americano triste”. Con el tiempo, la lógica transaccional del afecto se normaliza y comienza a pesar la incomodidad ética. Allí aparece Aiko, personaje encarnado por Mari Yamamoto, quien funciona como contrapunto: pragmática, distante y completamente adaptada al sistema, no tiene paciencia para las dudas morales de Phillip cuando este empieza a resistirse a ciertos trabajos.
La narración se estructura en episodios que operan como pequeñas pruebas de conciencia para el protagonista. No todos resultan igualmente efectivos. Uno de los más problemáticos involucra a un legendario actor japonés con demencia, interpretado por Akira Emoto, donde el guion se desliza hacia situaciones previsibles y un sentimentalismo excesivo. En ese tramo, la película evidencia sus principales debilidades y pierde parte de la sutileza que la sostiene en otros momentos.
Sin embargo, en sus pasajes más interesantes, cuando se permite explorar la ambigüedad, la incomodidad moral y cierta perversión implícita en la simulación del afecto, Familia en renta logra plantear preguntas relevantes sobre los límites entre la actuación y la vida real. El trabajo de Phillip expone cómo, incluso dentro de una ficción contractual, pueden surgir vínculos genuinos y emociones difíciles de controlar.
El problema es que Hikari recurre con frecuencia a recursos narrativos convencionales y resoluciones complacientes que atenúan ese potencial. Más que una obra arriesgada o provocadora, Familia en renta se instala en un terreno seguro, cercano al melodrama televisivo. El resultado es una película amable y sensible, sostenida por un Brendan Fraser contenido, que invita a la reflexión pero rara vez se atreve a incomodar del todo.














