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Martes 27 de mayo de 2025 - 08:46 AM

Arrancada de su madre y adoptada luego de la tragedia de Armero: cineasta colombiana revela los secretos ocultos de su origen

Una cineasta colombiana adopta una cámara para buscar lo que el Estado le negó: su identidad. Su historia comienza entre los escombros de Armero y termina enfrentando una verdad que muchos prefieren callar.

Arrancada de su madre y adoptada luego de la tragedia de Armero: cineasta colombiana revela los secretos ocultos de su origen. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA
Arrancada de su madre y adoptada luego de la tragedia de Armero: cineasta colombiana revela los secretos ocultos de su origen. Foto tomada de redes sociales/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Tendencias

En la pantalla oscura, una mujer camina entre escombros, archivos rotos y memorias enterradas. Su voz en off no es una narradora lejana: es la protagonista de una historia real, marcada por la tragedia, el desarraigo y la resistencia. Se trata de Jenifer de la Rosa Martín, cineasta colombo-española, quien ha llevado al cine su propia vida en el documental Hija del volcán, una película íntima y valiente que ya está conmoviendo al público en Europa y América Latina.

El filme, estrenado el pasado 23 de mayo en cines españoles, no solo narra una historia personal: es una denuncia, una carta abierta y una herida que nunca terminó de cerrar. En ella, Jenifer se sumerge en una investigación dolorosa pero necesaria para encontrar a su madre biológica, desaparecida tras la catástrofe de Armero en 1985, cuando la avalancha generada por la erupción del Nevado del Ruiz borró del mapa a más de 20 mil personas y dejó a miles de niños huérfanos y sin identidad.

Jenifer tenía apenas unos meses de vida cuando fue encontrada entre los escombros. Sin documentos, sin nombre, sin familia, fue trasladada a Bogotá y posteriormente dada en adopción a una familia española. Creció en Valladolid, rodeada de amor, pero con preguntas que el tiempo no podía borrar.

En Hija del volcán, la directora se graba mientras intenta acceder a archivos oficiales, visita el cráter de lo que fue Armero, habla con testigos, funcionarios, otros adoptados y personas que creen haberla reconocido. Cada escena está cargada de emoción, pero también de indignación. Porque su historia no es la única: durante los meses posteriores a la tragedia, decenas de niños fueron dados en adopción sin protocolos claros, sin registros, sin permitir que sus familias los buscaran con garantías.

“Mi caso no es aislado. Es parte de una negligencia estructural que se disfrazó de ayuda humanitaria. No me estoy quejando de mi vida en España, pero quiero saber de dónde vengo, quién soy, y por qué nunca nadie respondió por mí”, dice Jenifer en uno de los momentos más duros del documental.

De lo íntimo a lo político

Hija del volcán ha sido celebrada en festivales internacionales no solo por su factura estética y narrativa, sino por la valentía de su propuesta. La crítica ha resaltado cómo la directora transforma su experiencia personal en una pieza que interpela al Estado, a las instituciones de adopción, y a una sociedad que ha preferido olvidar.

La película también busca incidir en la agenda legislativa: Jenifer ha impulsado una campaña para que los adoptados puedan acceder a sus expedientes, muchas veces ocultos por convenios privados o archivos inexactos. Además, promueve el acompañamiento psicosocial para adultos adoptados y la creación de una comisión de verdad que esclarezca los procesos irregulares ocurridos en los años posteriores al desastre.

Más allá de las cifras y los datos oficiales, Hija del volcán le pone rostro al dolor de una generación. La cámara de Jenifer no juzga, pero tampoco se autocensura: muestra su llanto, su frustración, su impotencia al recibir negativas burocráticas y su esperanza al hallar fragmentos que podrían encajar en su rompecabezas.

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La película no busca un final feliz, sino una verdad justa. Por eso ha sido aplaudida tanto por el público como por organizaciones de derechos humanos, que consideran que este tipo de obras permiten abrir conversaciones incómodas pero urgentes sobre la adopción internacional, la identidad y el derecho a la memoria.

Tras su estreno en España, el documental llegará a salas en Colombia en el segundo semestre de 2025 y será parte de la programación de varios festivales de cine latinoamericano. Jenifer, mientras tanto, continúa su búsqueda. Dice que no quiere venganza ni culpables, solo encontrar una foto, una voz, un nombre. Y, por qué no, el abrazo que el destino le negó hace 40 años.

Hija del volcán no es solo una película. Es un acto de amor propio, una excavación emocional, y un grito que atraviesa fronteras: el derecho a saber de dónde venimos no prescribe, ni siquiera cuando la tierra lo ha cubierto todo.

Publicado por: Redacción Tendencias

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