A los 21 años, Andrés Viviescas, creador de Bucaramanga que unió cocina y fotografía grabando sus primeras recetas con un celular en 2021, fue reconocido como Mejor Creador de Contenido Gastronómico de Santander en los Premios Gastrofusión.

Publicado por: Redacción Cultural
Todo comenzó con una receta y un celular. Era mayo de 2021, Andrés Viviescas tenía apenas 17 años y una corazonada: que algo bueno podía nacer si juntaba sus dos pasiones, la cocina y la fotografía, aunque no supiera mucho de ninguna. Así grabó su primer video. En silencio, solo música, sin imaginar que estaba encendiendo un fogón que no se apagaría más.
Hoy, cuatro años después, Andrés tiene 21 años, es profesional en Gastronomía y Alta Cocina, y acaba de recibir el premio al Mejor Creador de Contenido Gastronómico de Santander en los Premios Gastrofusión. Pero su historia no se mide solo en títulos, cifras o marcas. Su historia es la de alguien que, sin proponérselo, convirtió su curiosidad en un oficio y su voz en una herramienta para narrar sabores.
En ese entonces estudiaba en la Unab, y entre clases de cocina, ingredientes y técnicas, un profesor se percató de los videos que subía a redes sociales. Le ofreció trabajo en su restaurante: como mesero, como bartender, pero también como el encargado de manejar las redes. Fue la primera vez que Andrés entendió que podía vivir de esto.
La confirmación llegó un año después. En mayo de 2022, una marca lo contactó por Instagram: le ofrecieron 600 dólares por un solo video. Era la primera campaña paga. El punto de quiebre. “Ahí me di cuenta que podía monetizar el contenido, que no era solo un pasatiempo”, recuerda. Renunció al restaurante, se enfocó en crear y no paró más.

Desde entonces ha trabajado con marcas y también con pequeños restaurantes de Bucaramanga y otros municipios que lo buscan para que sus platos lleguen a nuevos públicos. Dejó de usar canciones con derechos de autor, como lo exige la monetización en plataformas, y comenzó a narrar sus recetas con su propia voz. Esa voz que hoy lo distingue, que lo acerca a quien lo ve desde una pantalla.
“El mayor reto ha sido sostener la constancia y adaptarme a los cambios de las redes sin dejar de ser yo”, confiesa Andrés. Su estilo ha evolucionado: ahora sus videos no solo son recetas, también son relatos de viajes, fragmentos de vida, historias detrás de cada plato. Desde los sabores de la infancia hasta los descubrimientos que ha hecho recorriendo cocinas en otras ciudades o países.

Una de sus anécdotas favoritas ocurrió en Italia. Allí, gracias a sus redes sociales, logró entrar a la cocina de una pizzería tradicional. No como turista, sino como cocinero invitado. “Mostré mis perfiles al dueño y me permitió preparar la auténtica pizza napolitana. Fue increíble”, cuenta. Es el poder de las redes, dice, que permiten cruzar fronteras y conectar con otras culturas desde la autenticidad.
Este año, además, lanzó su propio emprendimiento: @dresvi_store, una marca de dotaciones y uniformes para restaurantes que incluye delantales, camisetas y gorras. Lo hizo aprovechando la comunidad que ha construido en sus plataformas, porque entiende que el mundo digital también es una puerta para emprender.
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“Yo empecé sabiendo poco, solo con la intención de unir lo que me gustaba”, dice, casi con timidez. Pero en ese gesto inicial había ya una certeza: que la pasión, cuando se narra con honestidad, encuentra su camino. Y Andrés lo encontró, cámara en mano, receta tras receta, con cada historia contada desde la cocina.















