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Martes 21 de octubre de 2025 - 09:41 AM

Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas que desaparecieron en París

El 19 de octubre de 2025, un robo en el Louvre sacó de la vitrina el collar y los pendientes de la emperatriz Marie-Louise, engastados con esmeraldas colombianas de Muzo, encendiendo alarmas por el patrimonio.

Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA
Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Tendencias

La escena parece sacada de una novela de arte y crimen. Cuatro hombres encapuchados irrumpen en la Galería de Apolo del Museo del Louvre, en el corazón de París. En menos de cinco minutos, rompen dos vitrinas, se llevan ocho piezas únicas de joyería imperial del siglo XIX y escapan en motocicletas, dejando tras de sí no solo un agujero de seguridad en el museo más visitado del mundo, sino un vacío patrimonial difícil de dimensionar.

Entre las piezas robadas, dos tienen un vínculo directo con Colombia: el collar y los pendientes de esmeraldas de la emperatriz Marie-Louise, esposa de Napoleón Bonaparte. Ambas joyas forman parte de una parure, juego de joyas, elaborado en 1810 por el joyero imperial Nitot et Fils y montado con esmeraldas extraídas de las minas de Muzo, en Boyacá. En el mapa de la historia del arte, estas gemas marcan una ruta que une el subsuelo colombiano con la alta joyería cortesana del Primer Imperio francés.

El robo, confirmado el domingo 19 de octubre por las autoridades francesas, ha activado protocolos de emergencia en museos de todo el país. Pero en Colombia, la noticia resuena con una inquietud particular. Porque lo que está en juego no es solo el valor material de las piezas, estimado en millones de euros, sino la memoria mineral y artística de un país cuyo legado esmeraldero ha adornado las cortes más poderosas del mundo.

Según el Smithsonian Institution, que conserva la tiara del mismo conjunto en Washington, las 79 esmeraldas originalmente engastadas en esa pieza —hoy reemplazadas por turquesas— provenían de Muzo, una región que desde el siglo XVI ha exportado piedras preciosas a Europa. El collar y los pendientes ahora robados, resguardados por el Louvre hasta hace unos días, eran las únicas piezas de la parure que conservaban sus esmeraldas originales, lo que las convertía en documentos materiales de primer orden para trazar la historia del comercio global de gemas.

Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA
Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA

Así son las esmeraldas colombianas que se robaron del Louvre

Las fichas oficiales del Louvre describen el collar (OA 12155) como una estructura de oro engastada con 32 esmeraldas, diez de ellas en forma de pera, acompañadas de 1.138 diamantes. Los pendientes (OA 12156), por su parte, contienen dos esmeraldas talla pera de 45,20 quilates, cuatro esmeraldas adicionales y más de un centenar de diamantes.

Ambas piezas eran consideradas no solo bienes culturales franceses, sino también testimonios de la diáspora mineral colombiana, parte del legado extraído durante siglos y convertido en símbolo de poder en otros continentes. El robo no solo arrebata objetos físicos: arranca capas de historia.

El golpe, que se investiga como un robo planificado por una red internacional, ocurrió al amanecer. Los ladrones accedieron al museo mediante un sistema de elevación, utilizaron herramientas eléctricas para vulnerar vitrinas blindadas y huyeron sin activar las alarmas internas. Francia ha confirmado que las piezas no estaban aseguradas, dado que el Estado francés actúa como su propio asegurador en el caso de bienes culturales.

Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA
Robo en el Louvre: así son las esmeraldas colombianas del collar imperial que desaparecieron. Foto EFE/VANGUARDIA

La corona de la emperatriz Eugenia, también robada, fue hallada horas después en un parque cercano, visiblemente dañada. Otras ocho joyas permanecen desaparecidas, entre ellas las de Marie-Louise. La Interpol ya ha incluido las piezas en su base global de obras de arte robadas, mientras equipos especializados rastrean posibles rutas de tráfico ilegal.

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Expertos en recuperación de patrimonio advierten que las primeras 48 horas tras el robo son críticas. Si las esmeraldas son desmontadas, recortadas o tratadas para disfrazar su origen, su trazabilidad se pierde y con ello se reducen drásticamente las posibilidades de restitución. A diferencia de una pintura, una gema puede ser reengastada, dividida, revendida sin rastro. El riesgo no es solo que se pierdan las joyas: es que se borre su historia.

Desde instituciones culturales hasta conocedores del mundo esmeraldero en Boyacá, el caso ha despertado un inusual interés en el país andino. No es frecuente que piezas del patrimonio imperial francés sean identificadas tan claramente con un origen colombiano. Y no es menor que su desaparición reabra preguntas sobre el papel del patrimonio mineral en las narrativas globales del arte, muchas veces sin reconocimiento para los territorios de origen.

Publicado por: Redacción Tendencias

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