Nórida Rodríguez cuestionó que Cuba Gooding Jr., señalado por denuncias de agresión sexual, haga parte de la película sobre José Prudencio Padilla financiada con recursos públicos.

Publicado por: Redacción Tendencias
La crítica de Nórida Rodríguez a la participación de Cuba Gooding Jr. en la película sobre el almirante José Prudencio Padilla no se quedó en una reacción de redes sociales. Su pronunciamiento, publicado el jueves 5 de marzo en X, volvió a poner en el centro una discusión que desborda el casting y toca fibras sensibles de la política cultural: quién interpreta a los héroes nacionales, con qué criterios éticos se toman esas decisiones y hasta dónde debe llegar la responsabilidad del Estado cuando financia una obra audiovisual con dinero público.
Rodríguez, exgerente de RTVC, cuestionó con dureza que un prócer como Padilla sea encarnado por un actor extranjero que arrastra un historial de denuncias por conductas sexuales inapropiadas. En su mensaje, consideró “indignante” que recursos públicos hayan terminado respaldando la contratación de Cuba Gooding Jr., una figura de Hollywood cuya trayectoria, premiada en los años noventa, convive desde hace varios años con un expediente judicial y mediático que ha erosionado su imagen. Su postura no solo interpela la elección del protagonista; también instala una objeción simbólica sobre el tipo de relato que el país decide construir alrededor de uno de sus personajes históricos más complejos.
El fondo del debate no es menor. José Prudencio Padilla ha sido reivindicado en años recientes como una figura crucial de la independencia y como un emblema de las comunidades afrodescendientes e indígenas que participaron en la gesta republicana. La propia RTVC ha defendido la película como parte de ese esfuerzo de reparación histórica y la ha inscrito en el marco de la Ley 2334 de 2023, que rindió homenaje póstumo al almirante y a diversos grupos étnicos históricamente marginados del relato oficial de la nación. En otras palabras, no se trata de una película cualquiera: es una apuesta por intervenir la memoria pública desde la pantalla.
Pero justamente por esa carga simbólica, la producción ha quedado atrapada en una controversia de doble vía. Por un lado, está la discusión sobre el dinero: RTVC sostuvo en un comunicado que es falso que el Estado haya puesto por sí solo 4 millones de dólares, y precisó que el aporte público asciende a 8.000 millones de pesos del Fondo Único TIC, equivalentes al 51 % del proyecto, mientras el resto corresponde a aportes del coproductor. Por otro lado, está la dimensión política del filme, amplificada por la participación del propio presidente Gustavo Petro en una breve aparición y por el hecho de que el Gobierno ha presentado a Padilla como una figura central de su narrativa histórica sobre la nación, la diversidad étnica y la independencia.
Más de 30 mujeres han denunciado al actor Cuba Gooding Jr. por agresiones sexuales en los últimos años. El actor se declaró culpable de uno de los acosos en 2022, después de un acuerdo en una demanda civil.
— Nórida Rodríguez (@Noridaoficial) March 5, 2026
Dinero que se destine a la cultura es dinero bien invertido, pero…
La presencia de Cuba Gooding Jr. vuelve esa apuesta aún más incómoda. Reuters reportó que el actor enfrentó acusaciones de al menos 30 mujeres y que un proceso penal en Nueva York terminó con una declaración de culpabilidad sin cárcel. También informó que, en 2023, Gooding Jr. cerró mediante acuerdo una demanda civil en la que una mujer lo acusaba de violación, sin que se hicieran públicos los términos del arreglo. Ese contexto explica por qué la objeción de Nórida Rodríguez no opera solamente en clave moral, sino también cultural: cuando una obra financiada por el Estado busca exaltar a un héroe relegado por la historia oficial, la elección de su rostro protagónico deja de ser un asunto secundario y se convierte en parte del mensaje.
Lo que hoy está en discusión, en el fondo, es el modelo de política cultural que quiere proyectar el país. La película sobre Padilla nació como un gesto de reivindicación histórica y de ambición audiovisual en la televisión pública, pero su recepción está demostrando que en la cultura contemporánea la representación no se separa de la ética, ni la memoria del debate político. La indignación expresada por Rodríguez condensa precisamente esa tensión: la de una obra concebida para reparar un olvido histórico que termina enfrentada a preguntas incómodas sobre legitimidad, coherencia y uso del poder simbólico del Estado.
Habría que aclarar que como se trata de una coproducción el aporte de RTVC es de $8.104.424 millones y la contrapartida del coproductor es de $7.786.603 millones en especie. Es decir que la inversión del Estado es de un poco más de 2 millones de dólares, no 4. Esto en el mercado… https://t.co/ee2wcywdez pic.twitter.com/bsWTbfA83Y
— Nórida Rodríguez (@Noridaoficial) March 5, 2026















