China, México, Sudáfrica, Australia, Colombia... Son varios los países donde los insectos hacen parte de sus comidas, como es el caso de nuestro país con las hormigas culonas de Santander, ¿pero podría popularizarse su consumo como parte de una dieta diaria? Expertos le cuentan lo que debe saber sobre el tema.

Publicado por: Agencias
Si bien gran parte de la población mundial ya come insectos de alguna forma, esta discusión ha despegado recientemente en nuestro país.
Con la creciente demanda de fuentes de alimentos más sostenibles y una mayor tendencia a las proteínas alternativas, los insectos empiezan a acaparar el centro de atención de muchos medios y la industria.
Sin embargo, aún no son nada populares como fuente de alimento.
De hecho, el año pasado, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicó su análisis sobre los insectos como alimento y concluyó que, a pesar de sus beneficios potenciales para la salud, el medio ambiente y los medios de subsistencia en todo el mundo, el “factor de disgusto” en esta parte del mundo era una barrera importante para aceptación más generalizada.
Además, también tiene sus detractores: si bien el cultivo de insectos comestibles ofrece una variedad de beneficios sociales y ambientales, aumentar la producción para respaldar una mayor demanda tiene el potencial de socavar su potencial de sostenibilidad, como señala una investigación de la University of California en Santa Bárbara y publicada en la revista Environmental Research Letters en 2020 que, sin embargo, no descarta la posibilidad de explorar esta alternativa.
Pese a ello, muchos expertos advierten que los insectos podrían ser peligrosos para la salud.
Y usted, ¿se atrevería a probarlos? A continuación lo que de debe saber sobre el tema.
¿Aporte nutricional?
Para el investigador Daniel Velandia, de la Universidad Areandina, los insectos como las hormigas, larvas, grillos, cucarachas y escarabajos tienen un gran aporte nutricional.
Por ejemplo, una cucaracha aporta un 60% de proteína y 30% de lípidos.
Velandia asegura que “se ha generado cierto tabú de que algunos insectos no son limpios. Es un desafío con el que hemos trabajado durante años para romper esas barreras y acercar más al insecto al público común. Conocer más a fondo sus propiedades alimenticias, diferentes maneras de cocción y extraer de ellos un valor nutricional en el que se puedan preparar arepas, tamales y variadas recetas”.
Por su parte, el reconocido tecnólogo alimentario y divulgador científico, Mario Sánchez Rosagro, subraya que el consumo de insectos es un hecho, pues ya hay alimentos 100% a base de estos animales y aprobados de manera legal. Sin embargo, el experto aclara que existen también las legumbres, buena fuente de proteína.
¿Peligrosos?
Los beneficios de los insectos como fuente de alimento emergente deben sopesarse frente a los posibles problemas de seguridad alimentaria, según la FAO de las Naciones Unidas.
Y lo que sucede es que los posibles peligros para la seguridad alimentaria de los insectos comestibles son biológicos, incluidas bacterias, virus, hongos, parásitos, químicos, incluidas micotoxinas, pesticidas, metales pesados, antimicrobianos y riesgos físicos.
El potencial de riesgos alergénicos también se cubre con la conclusión de que se necesita más investigación. Las personas que ya son alérgicas a los crustáceos son particularmente vulnerables a las reacciones a los insectos comestibles debido a la reactividad cruzada de los alérgenos. También existe un riesgo asociado con el desarrollo de sensibilización a alérgenos de insectos aún no identificados.
Los riesgos de seguridad de comer insectos dependen de la especie, el entorno en el que se crían o recolectan, lo que comen y los métodos de producción y procesamiento. Las evaluaciones de los peligros para la inocuidad de los alimentos ayudarán a establecer buenas prácticas de higiene y fabricación.















