Dramáticas y angustiantes fueron las dos horas que ocho mujeres, empleadas de la Notaría Única de Girón, vivieron ayer tras ser tomadas como rehenes por parte de un pensionado de la Policía que reclamaba ser escuchado luego del embargo de su vivienda.

Publicado por: REDACCIÓN JUDICIAL
El hecho, que mantuvo en vilo el casco antiguo del municipio de Girón, se empezó a tejer a las 7:40 de la mañana, hora en la que llegó a la Notaría Única de Girón, ubicada en la carrera 25 No 29-35, un hombre de estatura media y contextura delgada con una bolsa en la mano.
"Cuando lo vi entrar yo estaba limpiando uno de los escritorios y le dije que por favor saliera porque aún no estábamos atendiendo al público", recordó una de las empleadas de la Notaría.
El hombre que había ingresado abruptamente y que hizo caso omiso de la advertencia de la funcionaria de la Notaría era José Jerónimo Suárez, de 60 años, pensionado de la Policía en 1995 y residente en el barrio El Consuelo de Girón.
"Como no me hizo caso le volví a decir que esperara afuera y fue ahí cuando sacó un arma, se puso un pasamontañas en la cabeza y nos gritó: 'esto es un secuestro y ustedes son mis rehenes'", dijo una de las empleadas.
Eran las 7:45 de la mañana y la toma de rehenes empezó luego de que el expolicía cerró la puerta de ingreso a la Notaría y reunió a las ocho mujeres en un salón bajo la amenaza de que las mataría si se resistían a sus planes.
Dos llamadas
A las 7:50 de la mañana, cerca del epicentro del secuestro, en el barrio Rincón de Girón, César Ruíz de 36 años se alistaba para irse a trabajar cuando recibió en su celular una llamada de su novia, Ana María Valenzuela, quien trabaja como secretaria en la Notaría de Girón.
"Estaba angustiada y muy agitada. La llamada no duró más de 15 segundos pero alcanzó a decirme que un hombre armado las tenía secuestradas. Inmediatamente llamé a la Policía y reporté el caso porque ellos no lo sabían", relató César Ruíz.
El desesperado hombre prendió su motocicleta y se desplazó a la Notaría, a donde ya había llegado la Policía a constatar la situación. Ante la potencial amenaza y para no poner en riesgo la vida de los rehenes, las autoridades acordonaron el área y solicitaron la presencia del grupo de intervención del Gaula.
Mientras afuera la situación empezaba a tornarse preocupante, en las instalaciones de la Notaría la tensión llegó a su punto más crítico después de que el secuestrador, según un rehén, les apuntó con el arma de fuego y les dijo que si la Policía ingresaba a la fuerza las mataba y luego se suicidaba.
Por eso a las 8:15 de la mañana una de las rehenes, sin que nadie se percatara, llamó de nuevo al celular de su novio a quien le pidió encarecidamente que le dijera a la Policía que no ingresara porque el secuestrador estaba resuelto a matarlas.
Intermediarios
A las 8:30 de la mañana llegó al lugar el comandante del Gaula de la Policía Metropolitana y su equipo de intervención conformado por nueve hombres y una mujer, expertos en el manejo de crisis con rehenes y operaciones de rescate.
Mientras los hombres del Gaula y la Sijín analizaban la situación para encaminar un plan de rescate y otro de negociación, el alcalde de Girón, Luis Alberto Quintero González, se ofreció para dialogar con el secuestrador.
Por varios minutos el mandatario dialogó con el alterado hombre pero no logró hacerlo entrar en razón. "Me expresó que estaba a punto de perder su casa y que por eso estaba haciendo lo que hizo", dijo Quintero González.
Infructuosamente al diálogo con el secuestrador se unieron otras autoridades del municipio de Girón que minutos después tuvieron que retirarse para darle paso a la segunda etapa del plan de la Policía, que era proceder a reducir al sujeto.
"Después de que hablaron con él por el celular el tipo empezó a decir que estaba aburrido y que nosotras éramos la solución para que no le embargaran la casa y que de no solucionarle nada nos mataba. Hubo un momento en el que se paseaba de un lado a otro sin bajar el revólver, gritándole a los que estaban afuera, '¡aquí las tengo a las ocho, las mato y me mato!'", recordó Martha Colmenares, una de las rehenes.
Lo redujeron
Con sigilo, mientras un hombre del Gaula intentaba ganarse la confianza del secuestrador para establecer los alcances de su conducta, el equipo de intervención tomó posiciones.
Dos de ellos encontraron la forma de ingresar a la Notaría desde una casa contigua. Lo mismo hizo un integrante de la Sijín pero por otro costado de la vivienda. (Ver infografía)
Mientras esto ocurría la situación empezó a generar presión en el secuestrador, quien accedió a que los rehenes fueran al baño y se estuvieran en las oficinas mientras él permanecía con el arma en su mano junto a la puerta principal.
A las 9:50 de la mañana el comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, brigadier general José Ángel Mendoza Guzmán, les ordenó a sus hombres del Gaula y la Sijín que ingresaran a la Notaría.
"Vimos por una pequeña ventana de la cocina que los del Gaula se asomaron y nos hicieron señas para que permaneciéramos calladas y calmadas. Entonces nos ubicamos debajo de un escritorio y fue ahí cuando ellos entraron y lo desarmaron", recordó uno de los rehenes.
A las 10:00 de la mañana, en dos patrullas, las ocho rehenes fueron conducidas al comando de la Policía de Girón donde rindieron su versión de los hechos y luego se reencontraron con sus familiares.
Diez minutos después el secuestrador fue trasladado en otra patrulla a la Unidad de Reacción Inmediata, URI, de la Fiscalía, donde quedó a disposición y en las próximas horas será presentado en audiencia pública ante un juez de control de garantías.














