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Lunes 24 de febrero de 2025 - 04:48 PM

Hector Espinel, el conductor de la volqueta que murió repentinamente en Piedecuesta

Su vehículo presentó fallas y, según relataron los testigos, no fue capaz de subir la cuesta de una vereda en Piedecuesta, ¿qué le pasó?

Hector Espinel, el conductor de la volqueta que murió repentinamente en Piedecuesta.

Foto: suministrada.
Hector Espinel, el conductor de la volqueta que murió repentinamente en Piedecuesta. Foto: suministrada.

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Publicado por: Redacción Judicial

A Héctor Espinel Luna, de 61 años, lo llamaron en la mañana del pasado domingo 23 de febrero para que hiciera dos viajes de carga de arena en su volqueta. El destino sería la vereda Granadillo en Piedecuesta. Él accedió y madrugó para su labor.

A las 11:00 de la mañana se encontró con su hermano en el Palenque. Se saludaron y él siguió la marcha para cumplir con el jornal que un amigo le había conseguido. Cuando llegó a la cuesta de la vereda, su vehículo presentó fallas y, según relataron los testigos, se devolvió. Afortunadamente, la ladera de la montaña impidió que la volqueta descendiera más.

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Sus familiares consideran que la angustia obligó a Héctor a usar una pala, quizá, para reducir el peso de su carga y así poder sacar a flote el vehículo. Sin embargo, una picada en el pecho lo obligó a parar. Se llevó la mano al corazón y se desplomó inmediatamente. Su cadáver quedó al pie de la volqueta hasta que miembros del CTI se encargaron del levantamiento.

La noticia llegó a oídos de su hermano Nelson Espinel una hora después. Su repentina muerte era la tercera en la familia en menos de un año. Según comentó, tres hermanos fallecieron en los últimos 9 meses. “De hecho, este año empezó con la noticia del deceso del mayor. También pereció por un asunto relacionado con el corazón”, dijo.

Y es que Héctor Espinel Luna ya había sufrido un infarto un par de años atrás. Por terquedad no quiso continuar con los análisis médicos y su enfermedad quedó latente. “Aquella vez estuvo internado varios meses; sin embargo, él no quiso hacerse los exámenes”, contó su hermano.

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Su vigoroso carácter y amabilidad mantuvieron ocultas sus dolencias. Sus amigos y familiares lo percibían como alguien fuerte, sobre todo trabajador.

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Héctor Espinel había retomado su negocio en la zapatería

Desde que era un veinteañero, Héctor se interesó en la industria del calzado. En un local de San Francisco mantuvo por un quinquenio su fábrica y fue un referente de la zapatería en Bucaramanga.

Aunque su éxito no fue siempre el mismo, trasladó varias veces de sitio a su añorada empresa, hasta que un día se cansó y optó por el transporte de materiales en su volqueta.

Pese a este cambio de labor, en su cabeza siempre estuvo rondando la idea de regresar a su pasión: fabricar zapatos.

En los últimos días, retomó y empezó a vender referencias deportivas junto a uno de sus amigos. Aunque estaba concentrado en este oficio, tampoco se negó a cumplir con los ‘trabajitos’ que le salieran, de vez en cuando, en su volqueta.

Publicado por: Redacción Judicial

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