Judicial
Martes 25 de marzo de 2025 - 07:15 AM

Secuestro del Fokker 9463 de Bucaramanga: la tragedia aérea que aún persiste 26 años después

El Consejo de Estado no ha hecho justicia aún; Laszlo Kalli murió hace unos días; de los pasajeros del vuelo 9463, pocos se acuerdan.

Con el secuestro del Fokker  9463 de Avianca los medios de comunicación iniciaron otra fase en Colombia.

Foto: Archivo.
Con el secuestro del Fokker 9463 de Avianca los medios de comunicación iniciaron otra fase en Colombia. Foto: Archivo.

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1999 fue un año definitivo para los medios de comunicación en Colombia. Las regiones estaban tan convulsionadas (como siempre, aunque desde la capital las vean como provincias lejanas) que, en el hervidero social que somos a diario, comenzó a gestarse una evolución en la forma de informar.

La violencia nos empujó, al igual que la pandemia lo haría después, acelerando procesos administrativos y de justicia.

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El 12 de abril, hace 26 años, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) perpetró un secuestro inédito en el Aeropuerto Internacional Palonegro de Lebrija, que sirve a los bumangueses. En pleno vuelo, seis plagiarios mimetizados como pasajeros, distribuidos de a dos entre los primeros asientos, la mitad y la parte trasera del Fokker 9463, decidieron, bajo amenaza, que la aeronave debía cambiar de rumbo hacia el sur de Bolívar.

El Consejo de Estado no ha hecho justicia aún; Laszlo Kalli murió hace unos días; de los pasajeros del vuelo 9463, pocos se acuerdan.
El Consejo de Estado no ha hecho justicia aún; Laszlo Kalli murió hace unos días; de los pasajeros del vuelo 9463, pocos se acuerdan.

“Morí varias veces”

Isabel Cristina Rincón, para entonces ejecutiva de una firma de gas del nororiente, quien debía ocupar el puesto 4, fue desplazada hasta el 15, convirtiéndose sin querer en testigo de primera línea de una dolorosa página en la historia del país y de su propia vida.

”Fue como morir varias veces. Me subí a un avión para ir a una junta directiva en Bogotá y terminé secuestrada en el sur de Bolívar por la guerrilla; fue parte de lo que veíamos y sentíamos en las carreteras con las ‘pescas milagrosas’. Morí pensando: ¿y para dónde vamos? Morí en el aterrizaje en aquella trocha; morí llevada a empellones hacia una chalupa; morí navegando veloz por el río...

La vida se me partió en dos, porque además tuve un aborto en cautiverio que habría de impedirme tener más hijos…”

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Murió, resucitó y hasta escuchó por la radio que su hermana Silvia Margarita Rincón transmitía desde los Estados Unidos el increíble plagio de un avión en su país, siendo periodista de un medio norteamericano.

“La escuché acurrucada debajo de un árbol, con un radio pegado a mis oídos”.

Isabel Cristina Rincón, para entonces ejecutiva de una firma de gas del nororiente, quien debía ocupar el puesto 4, fue desplazada hasta el 15, convirtiéndose sin querer en testigo de primera línea de una dolorosa página en la historia del país y de su propia vida.
Isabel Cristina Rincón, para entonces ejecutiva de una firma de gas del nororiente, quien debía ocupar el puesto 4, fue desplazada hasta el 15, convirtiéndose sin querer en testigo de primera línea de una dolorosa página en la historia del país y de su propia vida.

Como centenares de connacionales que han tenido que entretejer su vida en público, por el espectro electromagnético, enviando mensajes a través de los programas que surgieron, como Voces del Secuestro; o como La Luciérnaga, cuando la misma violencia nos dejó a oscuras en el mandato de César Gaviria Trujillo; como cuando las FARC encerraron a cientos de policías en campos de concentración en la selva y solo se podía saber de ellos a través de mensajes clandestinos salidos de la manigua, viajando en hertz.

“Volví 18 meses después”

Wilfredo Pinto, sin pensarlo, solo por reacción, también fue secuestrado por la noticia, por su trabajo. Partió ese día cargando unas enormes cámaras que pesaban tanto como un matrimonio a la fuerza, arrastrando hacia la jungla una antena satelital gigantesca que ese año, con esa tragedia humana, ponía a disposición de la realidad el canal RCN y, claro, Caracol TV.

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“Corrimos detrás de la noticia de la década, del mundo en ese instante; fui con el equipo del canal por ese hecho y regresé 18 meses después”.

Ni hablar de los demás, que debimos volcarnos hacia el indómito Magdalena Medio, detrás de las vidas de aquellos viajeros, quienes parecían formar parte de la saga de Noticia de un secuestro, publicada por el Nobel en 1996. Se cumplirán 26 años; el Consejo de Estado aún calla; la guerra en Ucrania se ve en vivo y en directo; la debacle en Gaza también...
Ni hablar de los demás, que debimos volcarnos hacia el indómito Magdalena Medio, detrás de las vidas de aquellos viajeros, quienes parecían formar parte de la saga de Noticia de un secuestro, publicada por el Nobel en 1996. Se cumplirán 26 años; el Consejo de Estado aún calla; la guerra en Ucrania se ve en vivo y en directo; la debacle en Gaza también...

Ni hablar de los demás, que debimos volcarnos hacia el indómito Magdalena Medio, detrás de las vidas de aquellos viajeros, quienes parecían formar parte de la saga de Noticia de un secuestro, publicada por el Nobel en 1996. Se cumplirán 26 años; el Consejo de Estado aún calla; la guerra en Ucrania se ve en vivo y en directo; la debacle en Gaza también...

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