El presidente de Irán, Ebrahim Raisí, falleció ayer domingo tras el accidente del helicóptero en el que viajaba rumbo a la ciudad de Tabriz, en el noroeste del país, según informaron medios locales.

Publicado por: Karol S. González Granados
El mandatario de Irán, Ebrahim Raisí, regresaba de la frontera con Azerbaiyán, donde había inaugurado las represas de Qiz Qalasi y Khodaafarin.
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Raisí, un clérigo de 63 años, era conocido por su línea dura y sus opiniones políticas ultraconservadoras, siendo muy cercano al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
En 2021, asumió la presidencia de Irán tras unas elecciones cuestionadas, en un momento en que el país enfrentaba múltiples desafíos, incluidos graves problemas económicos, crecientes tensiones regionales y conversaciones estancadas sobre la reactivación de un acuerdo nuclear con potencias mundiales.
De Fiscal a Presidente
Sin embargo, su mandato estuvo dominado por las protestas antigubernamentales que se extendieron por todo Irán en 2022, así como por la actual guerra en Gaza entre Israel y el grupo palestino Hamás, respaldado por Irán, durante la cual volvió a resurgir la guerra en la sombra entre Irán e Israel.
Raisi estaba sometido a sanciones de Estados Unidos y se lo había vinculado con ejecuciones de presos políticos en el pasado.
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Era el segundo funcionario de mayor rango en el país, después de Jamenei.
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Ebrahim Raisí nació en 1960 en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán y hogar del santuario chiíta más sagrado del país. Su padre, también clérigo, falleció cuando él tenía solo cinco años.
Siguiendo los pasos de su padre, Raisí comenzó a asistir a un seminario en la ciudad santa de Qom a los 15 años.

Como estudiante, participó en protestas contra el Sha, respaldado por Occidente, quien fue derrocado en 1979 durante la revolución islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.
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Después de la revolución, Raisií se unió a la judicatura, desempeñándose como fiscal en varias ciudades mientras recibía formación del ayatolá Jamenei, quien se convirtió en presidente de Irán en 1981.
Con tan solo 25 años se convirtió en el fiscal adjunto de Teherán.
Posteriormente fue fiscal de Teherán, jefe de la Organización de Inspección del Estado y primer jefe adjunto del poder judicial, antes de ser nombrado fiscal general de Irán en 2014.
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En 2017 sorprendió a los observadores al presentarse a la presidencia de Irán. Perdió de modo contundente frente a Hasán Rouhani.
En 2019, el ayatolá Jamenei lo nombró para el poderoso cargo de jefe del poder judicial, cargo que desempeñó hasta que, en su segundo intento presidencial, ganó los comicios en junio de 2021.
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Raisí solía vestir siempre un turbante negro que lo identificaba, en la tradición chiíta, como descendiente del profeta Mahoma. Los chiitas son la vertiente del Islam mayoritaria en Irán.
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Era considerado como un agente muy leal al grupo de clérigos que gobierna Irán y, de hecho, era visto como un posible sucesor de Jamenei.

Acusaciones de ejecuciones masivas
Durante la campaña de 2021, Raisí se presentó como el candidato ideal para combatir la corrupción y abordar los problemas económicos que Irán había experimentado bajo el mandato del presidente saliente, Hasán Rouhaní.
No obstante, muchos iraníes y activistas de derechos humanos manifestaron su preocupación por su papel en las ejecuciones masivas de presos políticos en la década de 1980.

A Raisí se le acusa de ser miembro del llamado “Comité de la Muerte”, un grupo de cuatro jueces que, en 1988, emitió en secreto sentencias de muerte contra aproximadamente 5.000 presos encarcelados, según Amnistía Internacional.
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Estos tribunales “volvieron a juzgar” a miles de presos que ya cumplían condenas de cárcel por sus actividades políticas. La mayoría eran miembros del grupo de oposición izquierdista Mujahedin-e Khalq (MEK), también conocido como Organización Mujahedin del Pueblo de Irán (PMOI).
Se desconoce el número exacto de condenados a muerte por los tribunales, pero grupos de derechos humanos han afirmado que unos 5.000 hombres y mujeres fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes sin nombre, en lo que organismos internacionales consideraron como crimen contra la humanidad.

Irán nunca ha reconocido las ejecuciones masivas.
Raisí nunca abordó las acusaciones sobre su papel en ellas. Incluso negó reiteradamente su participación en las condenas a muerte. Pero también llegó a decir que estaban justificadas por una fatua, o sentencia religiosa, del antiguo líder supremo, el ayatolá Jomeini.
Se sabe muy poco sobre la vida privada de Raisí, excepto que su esposa, Jamileh, enseñaba en la Universidad Shahid Beheshti de Teherán y que tenían dos hijas adultas.
Su suegro era el ayatolá Ahmad Alamolhoda, el líder de línea dura de la oración del viernes en Mashhad, en el noreste de Irán.
Con resumen de agencias.















