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Jueves 06 de junio de 2024 - 08:31 AM

Escalofriante estado de un prisionero ucraniano tras dos años en un campo de detención de Putin

Roman Vasiliovich Gorilyk era un prisionero que soportó condiciones inhumanas en Rusia a causa de la violencia impulsada por el Kremlin.

Prisioneros de campos de concentración nazis de Alemania vs prisioneros en cautiverio ruso. Internet / VANGUARDIA
Prisioneros de campos de concentración nazis de Alemania vs prisioneros en cautiverio ruso. Internet / VANGUARDIA

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Publicado por: Karol S. González Granados

El 31 de mayo pasado, un intercambio de prisioneros trajo de vuelta a Roman Vasiliovich Gorilyk, un controlador senior de la planta nuclear de Chernobyl, a su tierra natal, Ucrania.

Las imágenes difundidas muestran a un hombre demacrado, con los huesos prominentes, resultado de dos años de condiciones inhumanas en la captividad rusa. La tragedia de Gorilyk, uno de los 74 prisioneros intercambiados, se ha convertido en un símbolo de la brutalidad del régimen de Vladimir Putin.

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El guardia fue detenido en marzo de 2022, apenas días después de la invasión rusa, mientras ejercía su deber en Chernobyl. Sin haber participado en ningún combate, fue secuestrado y llevado a través de Bielorrusia, según informó el programa ucraniano “I Want to Live” (“Quiero vivir”).

Este proyecto, apoyado por el Ministerio de Defensa y la Dirección de Inteligencia Principal de Ucrania, aseguró que ni Gorilyk ni los otros prisioneros recibieron visitas de observadores del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), un incumplimiento flagrante del derecho internacional.

“El estado de Roman y otros prisioneros de guerra ucranianos es horroroso y trae a la memoria las páginas más oscuras de la historia humana, los campos de concentración nazis”, denunció “I Want to Live” en una publicación extensa en Twitter/X.

Las denuncias sobre la falta de visitas de observadores del CICR subrayan una política deliberada de las autoridades rusas para ocultar el trato inhumano a los prisioneros de guerra.

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“No permitir que los observadores vean a los prisioneros de guerra, en violación de los Convenios de Ginebra, es una política deliberada y dirigida de las autoridades rusas”, señaló el proyecto.

Los hechos

Gorilyk, junto a 169 guardias nacionales, fue tomado como rehén durante el avance ruso en marzo de 2022. “I Want to Live” afirma que Rusia utiliza a estos prisioneros como moneda de cambio para intercambiarlos por militares rusos capturados en combate. A pesar de su liberación, 89 de sus compañeros siguen en centros de detención rusos. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH) ha documentado condiciones de maltrato y abuso en estas instalaciones.

Un portavoz del CICR explicó que han visitado a más de 3.000 prisioneros de guerra en ambos lados del conflicto. Sin embargo, reconoció que aún no tienen acceso completo a todos los prisioneros. “No descansaremos hasta poder ver a todos los prisioneros de guerra, no solo una vez, sino repetidamente dondequiera que estén detenidos”, aseguró.

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La situación de Gorilyk y sus compañeros pone de relieve las graves violaciones de los derechos humanos rusas en el contexto del conflicto ruso-ucraniano. Las historias de tortura y maltrato no solo revelan el sufrimiento de los prisioneros, sino que también subrayan la urgencia de una acción internacional para garantizar el respeto a los Convenios de Ginebra y proteger la dignidad humana en tiempos de guerra.

El proyecto “I Want to Live” denunció torturas y abusos sistemáticos por parte del gobierno ruso.
El proyecto “I Want to Live” denunció torturas y abusos sistemáticos por parte del gobierno ruso.

Testimonios y denuncias

Las voces de los sobrevivientes y los testimonios gráficos han sido esenciales para exponer la gravedad de la situación. Las declaraciones de “I Want to Live” han resaltado no solo las condiciones físicas deplorables sino también los abusos mentales y emocionales sufridos.

Mariana Checheliuk, una joven investigadora de la policía nacional ucraniana, rompió en llanto al ser liberada después de dos años de tortura física y mental en un campo ruso. Sus desgarradoras lágrimas han recorrido el mundo, sirviendo como un llamado a la acción.

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En una contundente declaración, el embajador Neil Holland desde Viena urgió a Rusia a respetar sus obligaciones legales internacionales y permitir acceso humanitario a todos los prisioneros de guerra, haciendo hincapié en que el uso del sufrimiento de los prisioneros como arma debe cesar inmediatamente.

El OACDH ha documentado en detalle los abusos sistemáticos sufridos por los prisioneros ucranianos en manos rusas. Según el informe, los prisioneros en Rusia fueron forzados a soportar condiciones espantosas: celdas abarrotadas, sin acceso a ejercicio al aire libre, y carencia de condiciones sanitarias adecuadas. Más del 80% de los prisioneros que regresaron se quejaron de la calidad y cantidad de la comida, describiendo cómo les daban alimentos podridos o contaminados con arena y piedras.

Roman era el supervisor principal del puesto de control para la protección de la central nuclear de Chernobyl.
Roman era el supervisor principal del puesto de control para la protección de la central nuclear de Chernobyl.

Uno de los casos más impactantes fue el de dos soldados ucranianos heridos a quienes se les obligó a arrastrarse con las piernas rotas durante 500 metros hasta una posición rusa, todo mientras eran filmados.

Además, se han reportado numerosos casos de tortura: prisioneros apuñalados, estrangulados, atacados por perros, electrocutados con pistolas paralizantes y sometidos a simulacros de ejecución. Las prisioneras mujeres narraron experiencias desgarradoras de desnudarse frente a guardias hombres y ser sometidas a exámenes invasivos, mientras escuchaban los gritos de otros prisioneros siendo torturados.

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El proyecto “I Want to Live” exige a Rusia a resolver el tema de los prisioneros de guerra mediante un intercambio total “todos por todos”. “Esto es una cuestión humanitaria. Los rusos deben dejar de usar el sufrimiento de estas personas y sus familias como arma”, enfatizó el grupo en un comunicado.

La liberación de Roman Vasiliovich Gorilyk y otros prisioneros es solo un pequeño paso en una lucha continua. Mientras tanto, la comunidad internacional debe mantenerse vigilante y continuar presionando para que se respeten los derechos humanos y se ofrezcan condiciones dignas a todos los prisioneros de guerra. La situación demanda una acción inmediata y decidida para prevenir más sufrimientos y asegurar que los responsables de estas violaciones rindan cuentas.

Publicado por: Karol S. González Granados

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