El Papa León XIII promovió la devoción mariana, especialmente mediante el rezo del Rosario, como un poderoso antídoto contra los ataques del diablo a la Iglesia, la familia y la sociedad.

El mundo católico recibió con sorpresa y esperanza el anuncio del nuevo Papa, quien eligió el nombre de León XIV en honor a uno de los pontífices más influyentes del siglo XIX: León XIII. Esta elección no es casual.
En medio de desafíos sociales, económicos y espirituales, el nuevo líder de la Iglesia Católica parece enviar un mensaje claro: su pontificado buscará retomar la línea de fe, pensamiento y acción de quien fue considerado el “Papa de los obreros” y un arquitecto del pensamiento social cristiano.
León XIII, cuyo nombre secular fue Vincenzo Gioacchino Pecci, ejerció el papado entre 1878 y 1903. Su visión de la fe católica se destacó por ser profundamente doctrinal pero abierta a los desafíos del mundo moderno. En su encíclica más célebre, Rerum Novarum (1891), sentó las bases de la Doctrina Social de la Iglesia, defendiendo con firmeza los derechos de los trabajadores, el salario justo y la dignidad humana, sin renunciar a su oposición al socialismo radical ni al capitalismo deshumanizante. Lea: El emotivo saludo del papa León XIV a Chiclayo en Perú, en español
Para León XIII, la fe católica debía dialogar con la razón, y fue uno de los primeros en fomentar un acercamiento entre la Iglesia y la filosofía tomista, especialmente el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, al que consideró un pilar para responder a los retos intelectuales de su tiempo.

La defensa de la Iglesia ante los nuevos tiempos
Durante su pontificado, León XIII enfrentó los embates del secularismo, el avance de los estados laicos y las divisiones internas dentro del catolicismo. Sin embargo, siempre sostuvo una visión conciliadora y diplomática, apostándole al entendimiento y a la unidad. Su legado fue el de una Iglesia que no teme al diálogo con la ciencia, la cultura y los cambios sociales, siempre que estos no vulneren los principios del Evangelio.
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🇻🇦🙏 ¡Histórico y emocionante!El nuevo papa León XIV sorprendió con un saludo en español a la comunidad católica 🌎✨.Un gesto lleno de cercanía y esperanza que ya recorre el mundo. pic.twitter.com/8taZPNB6wd
— Vanguardia (@vanguardiacom) May 8, 2025
León XIV: un pontífice que sigue el mismo rumbo
Las primeras palabras que pronuncia un Papa al asumir su pontificado suelen tener un profundo significado. Son más que un saludo: representan el espíritu con el que guiará a la Iglesia y al mundo. Funcionan como una especie de carta de presentación ante los creyentes y también ante toda la humanidad.
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El Papa León XIV no fue la excepción. En su primera intervención como líder de la Iglesia, dirigió al mundo un mensaje claro y poderoso: «La paz esté con todos vosotros». Pero no hablaba de una paz superficial o simplemente de la ausencia de guerra, sino de esa paz profunda que viene de Dios, la que el Evangelio asocia con Cristo resucitado, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Con firmeza y convicción, expresó su deseo de que esa paz alcance a cada persona, sin importar dónde esté, a cada familia, a cada pueblo, en cada rincón del planeta.
Esta paz, subrayó, no es una idea vaga ni un deseo etéreo. Es una verdad que se encarna en la certeza de que Dios ama profundamente a cada ser humano y que, frente al mal, ese amor es más fuerte. Además, es una paz que impulsa al compromiso: una paz humilde, constante, sin armas ni imposiciones, en sintonía con el legado del Papa Francisco.
En esa misma línea, León XIV recordó la última aparición pública del Papa emérito, durante la bendición Urbi et Orbi del Domingo de Resurrección, retomando desde allí el hilo del mensaje cristiano: Cristo resucitado trae la verdadera paz. «Estamos en las manos de Dios —afirmó—, así que no hay lugar para el miedo. Caminemos unidos, tomados de la mano con Él y entre nosotros, como verdaderos discípulos de Cristo».
Con un discurso cuidadosamente escrito, el nuevo Papa reafirmó su intención de liderar una Iglesia que camina unida, comprometida con la justicia y la reconciliación. Y lo resumió en una frase que ya marca el tono de su pontificado: «Estamos todos en manos de Dios, sin miedo, unidos, mano de la mano con Dios».

















