viernes 30 de noviembre de 2018 - 12:01 AM

AMLO Para México comienza la regeneración

El izquierdista ha cimentado su carrera política y su ascenso al poder en la defensa de los pobres y la seguridad; ahora que asume el poder, tendrá que poner a prueba si cumple con la regeneración de la política en México.

A partir de mañana, comienza la era López Obrador en México.

Un país al que el nuevo presidente promete llevar a la “cuarta transformación” como lo predicó en campaña, de la mano de cambios de fondo que, a la postre, marcarán el devenir del primer gobierno de izquierda en la segunda economía latinoamericana.

El veterano líder izquierdista, de 65 años, tres veces candidato presidencial y exalcalde de la capital mexicana, buscará durante su sexenio dar solución a los problemas más apremiantes: violencia derivada del narcotráfico, corrupción sistemática, pobreza (la mitad de la población es pobre) y una compleja relación con su vecino, Estados Unidos.

Pero, sin duda, el mayor reto de Andrés Manuel López Obrador o AMLO, como se le conoce, será no decepcionar a aquellos que le dieron su voto de confianza. Es consciente de ello, pues ha dicho que tiene una “responsabilidad histórica” y quiere pasar a la historia como un buen presidente de México.

Mucha gente está esperanzada con un cambio de rumbo político, luego de la decepción en los últimos 20 años, hacia los dos partidos mayoritarios, el PRI y el PAN, que se han alternado el poder en México.

En efecto, María Eugenia Bonilla, directora del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, considera que “el principal reto de López Obrador se concentra en cumplirle a los ciudadanos con las estrategias que en época de campaña política definió en materia de seguridad”.

Y cita como ejemplo, la creación de una Policía Civil que haga frente a los retos de seguridad pública que representa el crimen organizado, y además separar a los militares de esta función de restablecimiento del orden interno.

La experta lo califica como una estrategia ambiciosa y compleja.

“La formación de un nuevo cuerpo policial requiere tiempo y ante la apremiante presión de las redes de narcotráfico y criminalidad, debe evitar darle prioridad a las metas cualitativas sobre las cuantitativas en el despliegue, para constituir un cuerpo profesional y competente”, explica.

En esto también concuerda Rubén Sánchez, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, quien señala que una nueva “Guardia Nacional” implica un cambio en métodos de acción y eso no se logra en seis años.

Se requieren 8 ó 10 años para implementar este modelo que busca pacificar al país, y su mandato habrá terminado para esa fecha, estima.

Otro tema por atender, anota, será la militarización para combatir al narcotráfico, implementada desde 2007 por el gobierno de Felipe Calderón y que antes que buenos resultados, ha dejado más de 121 mil muertos en una guerra librada contra los narcos en México, que lo han convertido en uno de los países con mayores asesinatos en el mundo.

Como si fuera poco, los militares se contaminaron igual que la Policía, actúan en complicidad con los carteles, y el Estado no tiene como ejercer un control territorial frente a las bandas criminales, advierte Sánchez.

Aunque AMLO ha sido tachado de populista, izquierdista, autoritario y nacionalista por su estilo de liderazgo, Sánchez considera que es más “un mito y en la práctica no es tan de izquierda como mucha gente cree”.

De hecho, recuerda que cuando fue alcalde de la capital mexicana, entre 2000 y 2005, su postura fue muy conciliadora con los empresarios, “y en ese sentido le ha tocado obrar de manera muy pragmática”.

Incluso, Bonilla apunta que justamente en campaña López Obrador se moderó para evitar la asociación con los dos casos de presidentes izquierdistas en la región, Venezuela y Nicaragua, “pero antes de su posesión la expectativa es que asuma posiciones y proyectos propios de la izquierda”.

De otro lado, Sebastián Polo, politólogo de la Universidad del Rosario de Bogotá, destaca que AMLO se constituye en un actor político de cambio en un país que se ha caracterizado, en parte por ser monolítico en cuanto a su dirigencia, teniendo en cuenta que el PRI ha gobernado casi el 75% del siglo XX.

Luego, con la llegada de Vicente Fox en el 2000 se da toda una suerte de recambio político y el surgimiento de nuevos actores, entre ellos el PAN y Morena, el movimiento de izquierda de López Obrador, precisa el experto.

El dilema de la migración

Sumado a la violencia y la corrupción, otro asunto que tendrá que lidiar el nuevo presidente mexicano es la migración.

Sobre este punto, Sánchez recalca que todo el mundo habla de la migración de centroamericanos hacia Estados Unidos, pero dice que la puerta hacia Guatemala sigue abierta, lo que plantea también un problema serio para México.

Esto afectará las posiciones de AMLO, quien ha prometido trabajos y visas a migrantes que viajen hacia el norte, en su política interna. En síntesis, “no se puede desligar de los verdaderos actores de poder ni dejar de lado esos retos que lo amenazan”, sostiene.

En cuanto a política exterior, el politólogo Polo expone que López Obrador apuesta por una política de puertas para adentro ondeando la bandera de la austeridad, si bien tiene compromisos internacionales que no se deben ignorar por una condición de coyuntura política nacional.

Escenario de desconfianza con EE.UU.

Aunque López Obrador será un actor que busca hacerle contrapeso al presidente Donald Trump, el politólogo Sebastián Polo aclara que en un escenario político en el que México tiene como principal socio comercial a Estados Unidos, tampoco puede obviar esas condiciones económicas. Además menciona que AMLO tendrá lidiar con dos años más de gobierno de Trump, sumado a las crisis migratorias derivadas de las caravanas de centroamericanos, su idea del muro en la frontera y de poner barreras económicas.

El experto Rubén Sánchez señala, a su turno, que López Obrador “dependerá de las locuras que se le ocurran a Trump, porque México no está en capacidad de imponer nada”. Frente a la cuestión de la migración, opina que “lo que priman son los intereses nacionales” de México, aunque reconoce que los migrantes serán, sin duda, una “la piedra en el zapato” de estas relaciones con Estados Unidos.

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