La atmósfera de Venus esconde una revelación impactante: un pasado sin océanos, sin agua y sin posibilidad de vida. ¿Qué más nos revelará este mundo infernal?

Publicado por: Redacción Mundo
El estudio de la composición química de la atmósfera de Venus ha revelado que el vecino planetario más cercano a la Tierra nunca ha sido habitable, según describe este lunes un artículo recogido en Nature Astronomy.
Los investigadores, de la universidad británica de Cambridge, han visto que el interior de Venus es “demasiado seco” como para que alguna vez hubiera podido tener agua suficiente para albergar un océano en su superficie. Además: La Nasa retrasa de nuevo el regreso de astronautas a la Luna; ahora será en 2027
Sus resultados, basados en el estudio de datos proporcionados por varios instrumentos del telescopio espacial James Webb, ponen de manifiesto que el planeta ha sido probablemente un mundo abrasador e inhóspito durante toda su historia.
Para llegar a esta conclusión, fue clave comprobar que la composición de los gases volcánicos que sostienen la atmósfera de Venus apenas poseen un 6 % de agua, lo que indicaría que el interior de este planeta, fuente del magma que libera esos gases, también está deshidratado.

Las erupciones volcánicas son principalmente de vapor en Venus
En la Tierra, las erupciones volcánicas son principalmente de vapor, debido a que el interior de nuestro planeta es rico en agua.
“No sabremos con certeza si Venus puede albergar o albergó vida hasta que enviemos sondas a finales de esta década, pero es difícil imaginarlo porque la vida requiere de la presencia de agua líquida y este planeta no la tiene”, señala una de las autoras, Tereza Constantinou, investigadora de la Universidad de Cambridge. Le interesa: El Museo de Historia Natural de Nueva York exhibe nuevo ejemplar: el fósil de dinosaurio más caro
A finales de esta década, la misión DAVINCI de la Nasa podrá comprobar y confirmar si Venus ha sido siempre un planeta seco e inhóspito, a través de una serie de sobrevuelos y el envío de una sonda a la superficie.
Al saber con precisión dónde y cómo se une el LDLR al LDL, los autores defienden que ahora podrían dirigirse a esos puntos de conexión para diseñar nuevos fármacos destinados a reducir el LDL de la sangre.
Con información de EFE.














