miércoles 20 de marzo de 2019 - 12:00 AM

‘Jacinda manía’

La nación del Pacífico Sur tiene una líder que ha roto paradigmas en política: sensible por naturaleza, visionaria y provista de un estatus de tal magnitud que ha provocado en su país el fenómeno de la ‘Jacindamanía’.

Cuando Jacinda Ardern llegó al primer cargo de Nueva Zelanda ya había empezado a dejar su impronta personal.

Elegida la diputada más joven de la historia en acceder al cargo con apenas 28 años, la tercera mujer en llegar a la jefatura del Gobierno neozelandés en 2017, la segunda que dio a luz luego de la paquistaní Benazir Bhutto y a sus 38 años de edad es la ‘premier’ más joven en dirigir un país.

Marcó otro hito en 2018, cuando se convirtió en la primera jefa de Gobierno de Nueva Zelanda en marchar en un desfile del orgullo gay.

Carismática política liberal, hija de exmormones, antigua DJ amateur, madre de una hija y pareja de un presentador de televisión, Ardern se ha labrado una reputación e imagen feminista con la que defiende con contundencia los derechos de las mujeres y hace contrapeso al nacionalismo exacerbado.

Gracias a su carácter afable ha demostrado un liderazgo más humano, y una empatía con los asuntos sociales. De allí que proclame constantemente que ‘el éxito no debe medirse solo por el PIB, sino por una vida mejor vivida por su gente’.

Incursionó en política a partir de los 17 años, cuando se unió a las juventudes del Partido Laborista en donde logró un meteórico ascenso. Luego, asumió el liderazgo del partido Laborista tras el abandono de Andrew Little, en agosto de 2017.

Llegó al poder de la mano del partido Laborista, en octubre de 2017, prometiendo un gobierno que “devolvería la amabilidad”, especialmente a los vulnerables.

Además, es una influencer en las redes sociales, al mejor estilo de una gran estrella mediática, que se ha convertido en objetivo masivo de merchandising. Su popularidad es tal, que ha sido bautizada ‘Jacindamanía’.

Pero sus detractores le critican su falta de experiencia en cargos públicos, sumado al aumento del gasto social de su gobierno que debilitarán el equilibrio fiscal del archipiélago. Aunque, parece, que esto no ha hecho mella para que siga ganando más adeptos.

En los últimos días, su nombre ha ocupado titulares de prensa y ha acaparado la atención mediática, tras la masacre perpetrada por el supremacista neonazi australiano Brenton Tarrant en dos mezquitas de Christchurch, el pasado 15 de marzo, en la que murieron 50 personas. Le elogiaron la forma como reaccionó ante la tragedia, lo que afianzó su imagen dentro y fuera del país de Oceanía.

El ataque conmocionó a Nueva Zelanda, que solo reporta unos 50 asesinatos al año y cuyos 4,8 millones de habitantes se precian de vivir en un país seguro y abierto a los extranjeros y a otras culturas y religiones.

El poder de lo que comunica

Resulta interesante, que más allá de la convicción y de los valores que tenga ella, lo que está precisamente haciendo es comunicarse de manera asertiva con el resto del planeta, no solo con su país, destaca Julio César Botero, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle.

En ese orden de ideas, explica que el discurso que plantea la primera ministra neozelandesa no solo se basa en la manera en la que se comunica, sino en cómo responde el pueblo a su mensaje.

Con esto, se refiere al anuncio que hizo Andern tras los tiroteos, de un endurecimiento de la legislación sobre tenencia de armas que permitió al atacante comprar el arsenal con el que cometió la matanza, incluidas armas semiautomáticas. Tras el llamado del Gobierno, los neozelandeses se volcaron a entregar sus armas a las autoridades.

“Efectivamente afirma que va a tomar control de las armas, sin hacer comparaciones con otros escenarios o países y promete que va a tomar medidas, es un acierto lo que hace, no solo dentro de Nueva Zelanda, sino que le está diciendo al mundo, ‘esto es lo que hace Nueva Zelanda, lo que lo hace interesante’”, asegura el docente universitario.

“Ella es de esas líderes que hace lo que dice y dice lo que hace”, recalca Botero, recordando que Jacinta Ardern se graduó en Comunicación y Relaciones Públicas.

Al referirse a su trayectoria, Botero señala que la primera ministra neozelandesa se fogueó en Downing Street como asesora durante dos años del primer ministro laborista británico Tony Blair y regresó a su país a hacer actividad social, forjándose una carrera política, precisamente con un discurso de inclusión y alineado con la causa de los más desfavorecidos.

“Eso tiene al mundo en shock, con los valores neozelandeses de una cultura muy amable y poco hostil, que abraza a las distintas nacionalidades y culturas” y que queda en evidencia con el incidente armado de la semana pasada, según Botero.

Cultura de respeto

Para David Peña, docente de Derecho Internacional y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, es de rescatar que Nueva Zelanda tiene una líder de Estado de un nivel alto, desarrollado y una cultura óptima en respeto a los derechos humanos.

Igualmente resalta el talante de la primera ministra tras su primera declaración luego del suceso lamentable en Christchurch, donde muestra su rechazo total por ser un acto de discriminación contra seres humanos.

En cuanto al tema del uso y porte de armas, Peña sostiene que frente a lo que pasa en otros estados, la reacción del gobierno de Ardern no hace más que pensar en una política pública de paz con desarme.

Lea además: Discriminación nuestra de cada día

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