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Viernes 14 de noviembre de 2025 - 03:03 PM

Nostalgia Igsabelar

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Ana María Meneses, Martha Lucía Castro (Malú) y yo nos pusimos a pensar un día en cuál sería un buen tema identitario para formular una lectura ilustrada de Bucaramanga. Casi que al unísono llego un término: Igsabelar. Aunque es un barrio de la ciudad, un punto físico que puede pasearse, su verdadera presencia está en la memoria de muchos bumangueses. Con esto en mente, presentamos una reinterpretación que reviviera esta ruta que ha estado en el corazón de muchas personas, pero con una versión propia que explorara otras formas de leer la ciudad. La iniciativa obtuvo un estímulo del IMCT y está por terminar una exploración literaria e ilustrada de la ciudad que ha sobrepasado nuestras expectativas.

Jamás imaginé que una palabra tan única, que un término tan desconocido y que realmente no tiene una traducción o un significado real, resultara tan identitario y que atravesara tantas generaciones. Ahí vuelvo a creer en el poder de las palabras, aquellas incluso de las que no podemos decir qué significan. La tarea entonces era darle un significado personal a partir unas experiencias creadoras que ayudaran a interpretar lo que es Igsabelar como parte del ideario bumangués. Creo que la sensibilidad que logró este ejercicio en los participantes, nos da cuenta de cómo lo cultural tiene un profundo sentido en la vida de todos. Imaginar por un rato el recorrer esta ruta ha sido una muestra, además, de cómo, muchas cosas que son cotidianas, con el tiempo las encontramos invaluables. Las razones que aduce la gente para no saber que significa la palabra, pero sí qué representa en sus vidas fueron variadas: “era mi ruta para ir a la U”, “es que atravesaba toda la ciudad”, “se subía gente de todos los estratos”, “uno oye mucho el término, inspira algo, pero no se sabe qué es”. Creo que estamos ante uno de esos fenómenos que sin querer nos dicen lo que somos.

Hay participantes que sin ningún tipo de acercamiento a las artes o a eventos culturales, llegaron a los encuentros por la curiosidad que despierta el nombre; hay otros que evocaron en los lugares donde hemos hecho estaciones, recuerdos de juventud e infancia, la relacionaron con sabores “Bucaramanga desde la plaza la Concordia sabe banano maduro”, “entrar ahí es como regresarse en el tiempo”.

¿Cuántas formas hay de leer la ciudad? Miles quizás, creería que faltan son lectores. Aunque sean subjetivas las lecturas que se hagan de Bucaramanga, son necesarias y la razón es simple: en una de ellas puede revelarse una mirada nueva, una forma distinta —y más verdadera— de leer lo que somos, más allá de los discursos que pretenden decirnos cómo hacerlo.

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