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Sábado 26 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Santander: renacer económico de Colombia

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Santander está ante una oportunidad que, bien manejada, podría cambiar nuevamente su papel en la economía colombiana. Hay que reconocer que Colombia necesitará durante muchos años del petróleo y el gas, que sus reservas de autosuficiencia son limitadas y que el país está comenzando a discutir cómo reactivar la exploración. La ANH habla hoy de 7,4 años de autosuficiencia petrolera y apenas 5,9 años para gas.

En ese escenario, Santander vuelve a estar en el centro de la conversación. Un estudio de prospectiva de Prosantander estima que Santander podría llegar a convertirse en el principal productor de petróleo del país y que las regalías departamentales podrían pasar de unos $400.000 millones anuales a cerca de $1,2 billones. Son cifras potenciales, no cheques ya girados, pero sirven para dimensionar la conversación.

Y no podemos repetir los errores del pasado. Los camiones cargados de progreso no pueden seguir pasando frente a los habitantes de los territorios sin que estos sientan que también llevan algo para sus calles y veredas. Si Puerto Wilches y Barrancabermeja van a asumir las oportunidades y los desafíos de los YNC, deben ser protagonistas de las decisiones y recibir beneficios concretos, medibles y verificables.

Eso significa empleo local, formación de talento, fortalecimiento de proveedores, infraestructura, mejores servicios públicos y proyectos definidos con las comunidades. Significa también inversiones anticipadas: no esperar a que llegue el primer barril para comenzar a resolver necesidades que ya conocemos.

La conversación, sin embargo, no puede convertirse en una pelea entre creyentes y herejes del fracking. Santander no puede discutir su futuro energético desde posiciones ideológicas. Necesitamos evidencia científica, información transparente, participación ciudadana y los más altos estándares técnicos, ambientales y sociales.

La tecnología puede ayudar. Monitoreo ambiental permanente, datos abiertos y mecanismos independientes de seguimiento permitirían que las comunidades sepan qué está ocurriendo realmente en su territorio. La licencia social no puede construirse solamente con discursos empresariales, pero tampoco con información incompleta o desactualizada sobre una tecnología que ha evolucionado.

Tampoco se trata de escoger entre hidrocarburos y energías renovables. Santander debe avanzar en solar, eólica, biomasa y otras alternativas, mientras Colombia invierte, con recursos que lleguen de los hidrocarburos, en investigación y desarrollo para hacerlas cada vez más eficientes y competitivas. La transición energética consiste en construir progresivamente una matriz más diversa, resiliente y sostenible. Precisamente, la Misión #1 de la Visión Santander 2050, dedicada al potencial energético sostenible, plantea esa mirada de diversificación y articulación territorial.

La verdadera discusión no es simplemente cuánto petróleo podemos sacar del subsuelo, sino qué desarrollo regional somos capaces de construir sobre la superficie.

Cada barril debería dejar algo más que petróleo: capacidades instaladas, talento formado, empresas fortalecidas, infraestructura mejorada, conocimiento científico y nuevos encadenamientos productivos capaces de sobrevivir cuando los hidrocarburos dejen de ser protagonistas.

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