Publicado por: Martha Elena Pinto
En momentos en que el Congreso discute la aprobación del Presupuesto General de la Nación para 2027, después del deterioro fiscal que deja el Gobierno Petro, todo indica que será inevitable un drástico ajuste del gasto público.
Vanguardia expuso en días pasados la partida que tendría Santander para el próximo año, según el presupuesto regionalizado presentado por el Departamento Nacional de Planeación al Congreso. Son $2,75 billones, una cifra muy inferior a las necesidades reales de los diferentes sectores. De esta suma, $1,06 billones se destinarían a transporte, monto claramente insuficiente para los proyectos priorizados en la Visión 2050 de Santander. Tengámoslo claro: de la Nación no podemos esperar grandes recursos para resolver nuestras necesidades de infraestructura.
Llevamos años acumulando frustraciones por la falta de materialización de proyectos estratégicos para la región. Ocurrió en 2013 con los famosos contratos-plan entre la Nación y los territorios, promovidos durante el gobierno del presidente Santos, cuando Santander propuso proyectos por $6,8 billones. Salvo la vía Bucaramanga-Barrancabermeja y la Troncal Central del Norte, que atraviesa apenas unos kilómetros del departamento, muy poco de lo previsto se ha hecho realidad.

En buena hora, a raíz de la rendición de cuentas presentada días atrás por el gobernador, vuelve a estar en la agenda pública el Anillo Vial Externo Metropolitano, AVEM, cuya necesidad nadie discute. Pero sería iluso pensar que los recursos necesarios provendrán exclusivamente del Gobierno nacional. Será indispensable acudir a la contribución por valorización.
El departamento contrató con la UIS el estudio de factibilidad para determinar el cobro de esta contribución, con el propósito de financiar parcialmente el proyecto. Como es lógico, la capacidad de recaudo tiene un límite. Si el valor del proyecto asciende a $2,8 billones, como estimó la Gobernación en la mencionada rendición de cuentas, las cuentas no parecen cerrar, pues el recaudo por valorización sería insuficiente. Si, por el contrario, los diseños se concentran en las obras estrictamente necesarias, sin incluir elementos accesorios, y se paga un precio razonable y justo por los terrenos que deban adquirirse, el valor podría reducirse a $1,2 billones. En ese escenario, las cuentas sí podrían cuadrar. Por ello, resulta urgente revisar estas cifras con rigor y criterio técnico.
Toda esta discusión me hizo recordar que, hacia 2004, acompañé una visita de una delegación santandereana al entonces ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego. La misión estaba integrada por parlamentarios y representantes de la Cámara de Comercio y tenía como objetivo solicitar el apoyo de la Nación para la vía Bucaramanga-Pamplona. Se consideraba que una conexión eficiente con Venezuela era un proyecto neurálgico para la competitividad de la región.
En presencia del ministro se produjo una acalorada discusión sobre el punto en el que debía conectarse esa vía con la autopista a Piedecuesta: si en el kilómetro 8 o en el kilómetro 40 por el Alto de Sevilla. El ministro escuchó con paciencia nuestros argumentos y, al final, cortésmente nos despidió con una frase que todavía recuerdo: “Vuelvan cuando se pongan de acuerdo”.
Ya todos conocemos el resultado. La vía Cúcuta-Pamplona, de muy buenas especificaciones, se ejecutó rápidamente, mientras que, más de 20 años después, los santandereanos seguimos esperando que algún día se intervenga el tramo que atraviesa nuestro departamento.
Que no nos vuelva a pasar. ¡Pongámonos de acuerdo!











