Según los datos que divulga el Dane, siete de cada diez personas que componen la fuerza laboral en Colombia apenas son bachilleres, de las cuales el 37,1% no lograron siquiera completar el ciclo de la secundaria.
La cifra debe generar una especial preocupación, pues nos indica un déficit muy apreciable del sistema educativo, que demuestra que no está proporcionando los instrumentos necesarios para que los jóvenes puedan ir más allá de su ciclo básico, de tal manera que se van a enfrentar a la vida con unas posibilidades limitadas, frente a las exigencias de la época moderna.
El informe también nos dice que el 17,9% de la fuerza laboral no logró superar la escuela primaria, y que un 10,4% no registra ningún nivel educativo aprobado, en donde es claro que se genera un foco de frustración aún mayor.
Ello implica la imposibilidad de progresar dentro del sistema laboral y también de mejorar la calidad de vida, pues al no poder estar en condiciones de acceder a responsabilidades exigentes, su esquema laboral se va a encontrar lleno de limitaciones.
El país debe pensar seriamente en un esquema de educación secundaria que permita desarrollar también un plan de educación para el trabajo, tal como existe en muchos países, en donde a la vez que se cursa la capacitación básica, también se adquiere el conocimiento en un arte u oficio, de tal forma que esas herramientas especializadas le permitan no solo abordar una posibilidad de trabajo concreta, sino también generar una expectativa para ir más allá, hacia ciclos más avanzados, que les permita un esquema de crecimiento laboral.
Hay que hacer algo por todo ese grupo de jóvenes que se están quedando sin posibilidades frente a la vida, las brechas que está mostrando el sistema educativo urgen pensar en la definición de alternativas para que el país pueda avanzar purgando las desigualdades que padece.
Los países que han logrado avances significativos en el desarrollo de personal, alcanzan niveles de vida superiores y facilitan el proceso productivo, permitiendo que la sociedad adquiera estándares de calidad que se van a reflejar en la generalidad de la población.
Estamos comenzando un nuevo gobierno, con una perspectiva de cuatro años, lo cual significa que hay espacio para proyectar una reforma al sistema que permita purgar los desequilibrios y fijar los criterios, para alcanzar metas ambiciosas que estén en capacidad de brindar respuestas a todos aquellos que no están logrando quedar dentro del sistema del desarrollo humano.











