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Domingo 04 de octubre de 2026 - 01:00 AM

No me cuadran las ‘matemáticas’

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El Presidente Abelardo De La Espriella (ADLE) ganó las elecciones contra Cepeda con un pequeño margen de aproximadamente 250.000 votos, sumando el 49,66% de los sufragios; un pocos menos de la mitad de los colombianos que votaron ese día y la tercera parte de los aptos para hacerlo.

Los que votamos por él, lo celebramos con entusiasmo pues su elección nos salvaba de hundirnos en el oscuro abismo comunista.

Queremos que al Presidente y a su gobierno le vaya bien. NECESITAMOS que le vaya bien. No solo porque Colombia se lo merece, sino porque, de no ser así, es posible que volvamos a caer en la trampa del comunismo dentro de cuatro años.

Es por ello que es de vital importancia lograr consolidar la base de votantes que lo eligieron a la vez que sumar el mayor apoyo posible de la otra mitad del país. Sin embargo, me temo que eso no esté sucediendo.

Celebro con entusiasmo varias de las decisiones tomadas por el actual gobierno. El portazo definitivo a la nefasta ‘Paz Total’ es una de ellas. Los golpes a las estructuras criminales, los procesos acelerados de extradición, la reactivación de la fumigación aérea de cultivos ilícitos, su intención de darle seguridad jurídica a los ciudadanos y al sector privado (empezando por organizar la normatividad alrededor de la tenencia y uso de la tierra), el sinceramiento de las cuentas públicas y la disciplina fiscal son algunos de sus aciertos tempranos.

Sin embargo, no alcanzo a comprender la lógica detrás de las hostilidades hacia distintos sectores; varios de ellos afines a la visión del gobierno y, por tanto, sus aliados naturales.

Un ejemplo de ello han sido las descalificaciones del líder de Salvación Nacional hacia el Centro Democrático (CD) y sus principales figuras. Como consecuencia, y según lo anunciado por el CD, ya es remota la posibilidad de materializar coaliciones entre los dos partidos para las elecciones regionales del próximo año.

El sector gremial tampoco ha sido ajeno al matoneo de periodistas e influenciadores cercanos al establecimiento. El caso de Bruce Mac Master y la ANDI es el más grave. El presidente de la Asociación renunció después de denunciar “múltiples presiones” que afectaron su capacidad de actuar libremente. Días antes había cuestionado públicamente la campaña contra la ANDI y defendido el derecho constitucional de los empresarios a asociarse y tomar sus decisiones autónomamente.

Según reportes de prensa, el gobierno llegó incluso a ordenar a sus ministros no reunirse con Mac Master mientras estuviera al frente del gremio. Si esos hechos son ciertos, trascenderían la esfera de una simple diferencia personal y se estaría afectando la autonomía de una institución privada y, con ella, un principio esencial de la democracia.

Más allá de si estás acciones son dirigidas directamente por el gobierno o no (pues no se puede pasar por al alto que tampoco las ha desautorizado), ¿cómo contribuyen al logro de los objetivos de ADLE y su gobierno? No lo alcanzo a comprender… No me cuadran las ‘matemáticas’… Esas acciones no solo no suman sino que restan. Dividen lo que ya se había unido alrededor de él.

Ojalá, antes de que sea tarde, el gobierno tenga la sabiduría, el criterio y la madurez para corregir esas prácticas y poner en cintura a quienes, buscando congraciarse con él, le terminan haciendo un enorme daño.

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