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Domingo 04 de octubre de 2026 - 01:00 AM

¿Santander está preparado para enfrentar incendios y problemas de abastecimiento de agua al mismo tiempo?

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Cuando un bosque se quema, la emergencia no termina al apagar las llamas. Quedan suelos deteriorados, animales sin refugio y ecosistemas que tardarán años en recuperarse. También queda comprometida su capacidad para proteger y regular el agua. Por eso, los incendios forestales y el abastecimiento deben discutirse juntos. Para Santander, esa discusión es urgente.

Las cifras preocupan: 662 hectáreas afectadas por 28 incendios forestales en 18 municipios, entre julio y septiembre, lo cual demuestra un daño ambiental que exige prevención, respuesta y recuperación. No podemos acostumbrarnos a ver las montañas arder y considerar suficiente que el fuego haya sido controlado.

A esto se suma El Niño. El IDEAM confirmó el primero de octubre que sus condiciones ya están presentes, aunque Colombia atraviese su segunda temporada de lluvias. Sus efectos pueden alterar las precipitaciones y las temperaturas, reducir la disponibilidad de agua y aumentar la amenaza de incendios. Que hoy llueva no elimina la necesidad de prepararnos para los próximos meses.

¿Santander está preparado para enfrentar incendios y problemas de abastecimiento al mismo tiempo?

Se necesita conocer las necesidades pendientes y la capacidad real de los municipios para atender varias emergencias simultáneas. ¿Cuántos cuerpos de bomberos cuentan con personal disponible, comunicaciones funcionales, vehículos y herramientas adecuadas? ¿Qué municipios dependen del apoyo de sus vecinos? ¿Cómo se llegará a las zonas de difícil acceso? ¿Qué ocurrirá si los mismos recursos deben atender incendios y transportar agua para una comunidad?

Los acueductos también deben explicar qué fuentes abastecen su población, cómo están monitoreando caudales y qué alternativas tienen si disminuyen. Las comunidades necesitan saber quién responde, con qué recursos y en cuánto tiempo. Un plan de contingencia debe poder ejecutarse cuando hace falta.

La prevención incluye vigilar quemas, trabajar con las comunidades, proteger cuencas y preparar a quienes detectan primero una emergencia. También exige pensar en la recuperación de las áreas afectadas. No basta con contar hectáreas quemadas: debemos saber qué se hará para restaurarlas y evitar nuevos daños.

No podemos afirmar, sin un diagnóstico completo, que Santander está desprotegido. Tampoco podemos dar por demostrada su preparación con anuncios generales. Gobernación, alcaldías, autoridades ambientales y prestadores deben presentar un balance público, comprensible y verificable.

El Niño puede agravar las condiciones climáticas. La capacidad institucional determinará cuánto daño lograremos evitar. Todavía podemos exigir acciones oportunas, presupuestos disponibles y responsabilidades claras.

La verdadera prueba de una buena gestión será que las comunidades reciban ayuda a tiempo, que las fuentes de agua estén protegidas y que los bomberos puedan actuar con seguridad. Esperar a que el fuego avance o a que los hogares se queden sin agua sería llegar demasiado tarde.

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