Los estadounidenses nacidos entre 1997 y 2012 son conocidos como la generación Z y son precisamente los que están dando su preferencia electoral a los socialistas, como el alcalde de Nueva York, y tienen en ascuas a los republicanos en las elecciones llamadas de “mid term” cuando se elige una parte de la composición del Senado y la Cámara. Rich Baris y Joshua Lisec intentan responder a la pregunta ¿Qué dicen las encuestas sobre qué realmente quieren los jóvenes americanos? Baris dirige Big Data Poll y analiza las tendencias de opinión mediante encuestas mientras que Lisec aporta una perspectiva histórica en el libro recién publicado y titulado Burnit Down.
Oyendo un podcast en el cual entrevistaron a Baris, éste explicó que sus mediciones de 2026 mostraron que aproximadamente dos tercios de los votantes demócratas en las primarias se identifican con alguna forma de socialismo, a lo que el autor atribuye a la destrucción de los peldaños de una escalera que permitió a las generaciones anteriores movilidad social mediante la educación, el empleo, la adquisición de vivienda, creación de patrimonio, construcción de familia y prosperidad. Hoy, las dificultades económicas les hacen perder confianza en las instituciones, la credibilidad en el sistema se ha perdido. Mientras en las dos últimas décadas el costo de vivienda se ha incrementado en un 230% los salarios solo han subido un 13%. La inflación tiende al alza y con ella los intereses al crédito. La respuesta de los jóvenes según Baris sería: destruyamos el sistema y construyamos otro. Aquí surgen en mi memoria Arendt y Gramsci. La primera preguntaría qué sistema se construiría luego, pues es fácil convocar a la destrucción, pero es más difícil construir un nuevo sistema, y Gramsci ya nos advirtió que cuando el viejo sistema va muriendo, el nuevo orden tarda en aparecer, como pudiera ser el caso del occidente de hoy.
Se pierde capital social con todas sus formas de cooperación, cunde la desconfianza en las instituciones, se concentra la riqueza y aumenta la confrontación mientras las puertas de integración de los jóvenes al sistema se estrangulan. Tal vez lo que muestra Baris sea la respuesta a lo que Byung-Chul Han llamo la Sociedad del cansancio para una generación que “le quitó el látigo al amo para azotarse el mismo y sentirse libre”. Jóvenes que crecieron creyendo que el éxito dependía de ellos, se estrellaron con un sistema que cierra las puertas; ahora están expresando una profunda frustración con la promesa incumplida de movilidad social que tal vez dé origen a una profunda reforma o a una destrucción del sistema. Lo que suceda en el norte se extenderá al sur.












