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Miércoles 07 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Los demonios de la vida espiritual

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En alguna ocasión escuché al doctor Marcos Gómez Sancho, médico paliativista a quien admiro profundamente, hablar de tres demonios que pueden afectar nuestra vida espiritual: la culpa, el ego y el miedo. Desde entonces, esta reflexión me ha acompañado, porque encuentro con frecuencia esos tres demonios no solo en mis pacientes, sino en la manera como todos enfrentamos la vida.

Antes de hablar de ellos, conviene diferenciar dos términos que con frecuencia confundimos: espiritualidad y religiosidad. La espiritualidad hace referencia a la búsqueda humana de sentido, propósito y trascendencia; la religiosidad es una manera de vivir esa dimensión espiritual a través de la fe y de la relación con Dios.

El primer demonio pertenece al pasado: la culpa. Esa voz que nos juzga sin piedad por decisiones tomadas en circunstancias que hoy vemos desde una perspectiva diferente. En algunos de mis pacientes encuentro culpas cargadas durante años. Y algo me llama profundamente la atención: suelen juzgarse con mucha menos compasión de la que tendrían con cualquier otro ser humano. Por eso suelo decir que una de las personas a las que debemos aprender a tratar con mayor compasión es a nosotros mismos.

El segundo demonio habita el presente: el ego. Vivimos en una cultura que con frecuencia lo alimenta: importa sobresalir, tener la razón, acumular reconocimiento y demostrar quiénes somos. En mi práctica he visto cómo la cercanía de la muerte puede comenzar a desprender esos ropajes. El ego, los títulos, las posesiones y muchas de nuestras preocupaciones van perdiendo importancia, dejando aparecer, quizás, algo más cercano a quienes realmente somos.

El tercer demonio mira hacia el futuro: el miedo. Crisis económicas, enfermedades, guerras, pandemias, cambios sociales y tantas incertidumbres pueden mantenernos permanentemente preocupados por aquello que todavía no ha ocurrido. El miedo es necesario y nos protege, pero cuando gobierna nuestra existencia termina robándonos el presente.

Tal vez parte de nuestra vida espiritual consista precisamente en reconciliarnos con esos tres tiempos: perdonar el pasado, desprendernos un poco del ego en el presente y mirar el futuro sin permitir que el miedo decida por nosotros.

La culpa nos encadena al pasado, el ego nos aleja de quienes somos y el miedo nos roba el futuro. Quizás la espiritualidad consista en aprender a liberarnos de los tres.

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