En mi columna anterior terminaba en coro con mi nieta de 10 años: “un día ya no seré feminista porque no será necesario”.
Pero, mientras tanto, lo sigo siendo.
Lo sigo siendo por el derecho a nacer y ser mujer, con diferencias y características propias, sin morir en el intento y sin perder las oportunidades que nos da la vida.
Lo sigo siendo porque ser feminista no es querer matar o dominar a todos los hombres del planeta, ni siquiera al “hombre de la casa”, a los de la oficina o del vecindario.
Lo sigo y lo seguiré siendo porque, siendo feminista, no me parece normal o inevitable que siete estudiantes de una universidad “de gente bien” abusen sexualmente de una compañera previamente drogada o pasada de trago; porque seguiré luchando para que todos los chicos, estudiados o no, entiendan y respeten lo que es el consentimiento y que no siempre se está en condición de decir no, sin que esto signifique sí.
Seguiré siendo feminista hasta que se respete que las mujeres y sus cuerpos no están a disposición de los hombres, quienes no son víctimas de sus impulsos y necesidades sexuales. La educación sexual no es para que las niñas “aprendan a cuidarse”, sino para que las personas, masculinas o femeninas, conozcan sus cuerpos, sus capacidades y necesidades de cuidado, para también disfrutar de su sexualidad con placer, seguridad y responsabilidad. A la vez, el Estado y el sistema de salud tienen la obligación de velar por la salud sexual y reproductiva de todas las personas y por sus derechos sexuales y derechos reproductivos. (Al respecto, la consulta por @ es más confiable que con los abelardistas sesgados por la supuesta ideología de género).
Lo sigo y lo seguiré siendo mientras hombres en el trabajo reciban a sus colegas mujeres con un piropo no deseado, un gesto o una mirada que incomoda, o simplemente una orden o explicación que no tienen por qué dar a sus colegas mujeres solo porque sienten que, como hombres, obviamente saben más. Mientras el patio de recreo sea exclusividad de los “muchachos tan naturalmente inquietos”: en algunos países, ya se están reacomodando los espacios de juegos libres en las escuelas, para que las niñas también puedan disponer de estos.
Sigo y seguiré siendo feminista porque así me pongo “lentes de género” que me hacen ver estos micromachismos que hacen que niñas, adolescentes y mujeres se sientan mandadas, opacadas, inseguras y en riesgo frente a detalles de la cotidianidad; hasta que se respeten la corresponsabilidad en los hogares y las políticas de cuidados.
Seguiré siendo feminista mientras sea necesario, para que las decisiones que afectan precisamente a las mujeres sean tomadas por ellas y no por hombres, políticos, eclesiásticos o magistrados…













