Las fuerzas del orden, la autoridad y los grupos al margen de la ley vienen retándose mutuamente. Las amenazas, las provocaciones, de parte y parte, no cesan.
El episodio de Santa Marta es el que mejor retrata lo que se está viviendo.
A comienzos de septiembre fue dado de baja alias Bendito Menor, líder de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Abelardo de la Espriella hizo alarde del resultado del operativo y quienes acompañaron el cortejo fúnebre mientras avanzaba por la Troncal del Caribe exhibieron armas de fuego de diversos calibres e hicieron disparos al aire.

A los pocos días, siete miembros de ese mismo grupo perecieron en otro operativo; entre ellos estaba alias Cholo, posible sucesor de Bendito Menor. El presidente, pistola al cinto, llegó a la capital del Magdalena, se paseó entre los cadáveres y, en medio de la euforia por el resultado del operativo, dio unas declaraciones que sembraron preocupación en muchos sectores: “aquí estoy para decirles a todos estos bandidos narcoterroristas que los vamos a enfrentar como nunca antes… los vamos a poner a buen recaudo de la justicia o los vamos a mandar al infierno en una bolsa como la que ven aquí”.
La respuesta no se hizo esperar. Los bandidos organizaron un paro armado y paralizaron la ciudad.
No ha sido el único caso. A mediados de agosto, tres policías fueron secuestrados por el Eln mientras se desplazaban de Ocaña a Cúcuta. La reacción enérgica del presidente no tardó: “A nuestros policías y soldados se les respeta. Quienes se atrevan a atentar contra ellos sentirán todo el peso de la ley”. A finales de septiembre, en Ábrego, Norte de Santander, dos policías fueron asesinados y el presidente lanzó una amenaza aterradora: “les haré pagar por cada gota de sangre de nuestros héroes y del pueblo colombiano. ¡Juro que los aniquilaré!”.

Hace poco, desde Valledupar, anunciaron oficialmente la activación de la Fuerza de Tarea Conjunta Urano. Operará en Aguachica y tendrá dentro de sus objetivos las estructuras criminales vinculadas al Eln. Su radio de acción incluye el Magdalena Medio, el Catatumbo, el Cesar y los corredores que conectan esas zonas con Norte de Santander. Horas después, la estación de Policía de Aguachica fue objeto de un ataque con drones explosivos. Y, como si eso no fuera suficiente, en la vía que comunica a esa ciudad con Ocaña volvieron los atracos. Van dos episodios en los últimos ocho días.
Las amenazas, los retos, las provocaciones van y vienen. Si las cosas van a seguir así, hay que preocuparse, y mucho. Mientras, la población civil, inerme, implora para que las cosas no se salgan de control. Ojalá no se les olvide










