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Columnistas
Sábado 10 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Tomémonos en serio el turismo

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Algo no anda bien con nuestro modelo turístico. Santander tiene un potencial extraordinario, pero seguimos sin convertirlo en una verdadera fuente de desarrollo económico.

Somos cuna de la independencia de Colombia y protagonistas de la gesta libertadora de América; suficiente para construir una oferta turística capaz de atraer visitantes del mundo entero. Sin embargo, nuestros esfuerzos terminan en desaciertos como el parque temático de Pienta, en Charalá, que de temático tiene poco y que hay que evitar que termine convertido en un elefante blanco.

Allí Fontur debe hacer su mea culpa; pese a las advertencias, construyó una infraestructura ajena a nuestra identidad cultural y arquitectónica, sin tapia pisada, piedra Barichara ni bahareque. Lo rescatable es el imponente monumento del maestro Cobos, punto de partida para contar cómo cientos de charaleños se sacrificaron el 4 de agosto de 1819, retrasando los refuerzos españoles y contribuyendo a la victoria en Boyacá tres días después.

¿Y nuestros caminos antiguos y los de Lengerke? Algunos prácticamente desaparecidos, pero capaces de ofrecernos experiencias extraordinarias entre los cañones y montañas de las bravas tierras de Santander. Por ellos caminaron los guanes, se movió el comercio, avanzaron los colonizadores españoles, marcharon los Comuneros hacia la traición en Zipaquirá y luego Bolívar en el inicio de la República.

¿Por qué no recuperarlos e inspirarnos en el Camino de Santiago de Compostela? Imaginemos un turismo alrededor de nuestros caminos antiguos, donde las casas campesinas se conviertan en posadas confortables; donde el visitante disfrute nuestra gastronomía, paisajes e historia, mientras mejoramos la vida de quienes lo reciben.

Otra tarea sería transformar ese costoso mirador que hoy es el Cerro del Santísimo en un parque del café y el cacao; aprovechar lo construido para ofrecer una experiencia alrededor de dos productos que representan nuestra identidad. No podemos darnos el lujo de tener esa inversión tan importante y no buscar desarrollar su potencial turístico.

Necesitamos reformular nuestro modelo turístico. Lo público debe garantizar infraestructura, conectividad, seguridad y planificación; los privados, con financiación, desarrollar experiencias y servicios competitivos.

Un ejemplo es Xplorer, en Pinchote; un parque de cuerdas que combina aventura, seguridad y paisaje, con rápel de 70 metros, cables de vuelo de 400 y 600 metros y un excelente restaurante. Una iniciativa privada que merece conocerse y replicarse.

El próximo Plan Nacional de Desarrollo representa una oportunidad para estructurar proyectos y conseguir recursos para el turismo; ahí resulta fundamental el liderazgo del Gobierno departamental y la participación privada.

Tenemos historia, cultura, gastronomía, paisajes envidiables y, sobre todo, nuestra gente; falta articularlos alrededor de proyectos que cuenten historias, emocionen y motiven a visitarnos.

Ya habíamos comenzado ese camino, pero nos estancamos. Recuperemos la ambición; tomémonos en serio el turismo y devolvámosle su lugar como prioridad del desarrollo económico de Santander.

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